3.El año explosivo

El año explosivo

Hola a todos. Bienvenidos a esta nueva entrada. No se ustedes, pero para mi el 2020 será quizá uno de los años más importantes y memorables de mi vida. Bueno creo que para todos. Sin duda, haber atravesado una pandemia no es algo menor. 

Algunos de nosotros llevamos 5 meses en “cuarentena” que de cuarenta días ya no tiene nada. Para muchos esto ha significado el cierre de sus negocios, cancelaciones de eventos importantísimo como una boda o aquel viaje que llevaba tanto tiempo planeándose. Para otros, la triste partida de seres queridos y claro está, muchos han dado su último aliento, su último latido sin poder despedirse de aquellas personas cercanas a su corazón. ¿cómo podríamos olvidar este año?

Sin afán de ponerme triste y melancólica, me queda claro que, para muchos otros, esta crisis que vivimos ha significado nuevas oportunidades de crecimiento, tanto a nivel personal como profesional. Para mi, ese fue el caso. 

Pero la verdad es que todo comenzó mucho antes del Covid y aquel anuncio de estado de alarma y orden de confinamiento. Como bien pudieron leer en la entrada pasada, hace un año comenzaba una nueva aventura en mi vida. Por fin tendría la experiencia de vivir sola, comenzaría mis estudios que tanto había deseado, me encontraba en una hermosa ciudad y sin embargo mi corazón no rebosaba de alegría. Pero ¿Por qué? 

Pensé que quizá era toda la euforia de lo nuevo, toda la emoción que me sobrepasaba.

Pepilla Grilla

Si claro, (cof cof) la euforia. ¿No será mas bien que no estabas presente?

¡Bingo! La realidad es que no estaba presente, ¿cómo es eso posible? Había soñado con este momento tantas veces, me había imaginado miles de escenarios, miles de situaciones que podría vivir y sin embargo, ahí estaba frente a una realidad que nunca había enfrentado y que no tenía la más remota idea de que hacer con eso que sentía … me habían roto el corazón por primera vez. 

Pepilla Grilla

(inserte acento español) “Vaya pedazo de mierda”

Sí justo así, tan atinada la pepilla grilla. Nunca me hubiera imaginado estar en esa situación. No me refiero a tener el corazón roto, creo que todos al menos una vez en la vida lo experimentaremos, pero me refiero a esta particular situación que viví con esta particular persona, a la cual llamaremos Cristi (obviamente no es su nombre real, cuidaremos el anonimato de las personas expuestas en este blog)

Conocí a Cristi unos meses antes de mi partida a Madrid, en el lugar menos esperado o ¿quizá debería decir el más esperado? Pues resulta que justo en el lugar al cual acudía diariamente y en el cual pasaba la mayor parte de mi día, fue donde nos cruzamos la primera vez.  Me surgió esta necesidad extraordinaria de comenzar la plática. Me enteré en ese momento que Cristi también acudía a ese lugar prácticamente todos los días y también pasaba mucho tiempo ahí. ¿cómo es posible que no nos hubiéramos visto antes? ¿Ahora entienden mi duda? Quién iba a pensar que conocería a la persona que cambiaría por completo mi forma de ver la vida, en el lugar en el que creí conocer ya, a todos aquellos que lo frecuentaban.  El destino, dirán algunos. Lógica, dirán otros.  

Lo que sea que haya sido, ese día comenzaba una gran historia. La amistad se dio impresionantemente rápido. Podía sentir una conexión inexplicable en aquella persona que podía acelerar el ritmo de mis latidos y que, al mismo tiempo, me generaba la mayor paz que se puede sentir. Podía llevar mi alma a otra dimensión, a la vez de hacerme estar más presente que en cualquier otro momento de mi vida.  

Dado el tiempo en el que se dio todo, podría decir que viví un autentico amor de verano. Sin embargo, fue mucho más que eso. Cristi fue el motor que impulsó un entendimiento profundo de mi ser. La llave que faltaba para abrir aquella caja de pandora que moría por ser explorada. 

A mayor dificultad, mejor la hazaña a contar. Claro esta que la protagonista de esta historia no podía tenerla fácil. Lo que comenzó como un lindo cuento de hadas, pronto cambiaría por completo el rumbo de la historia. El mismo Shakespeare me abrió la puerta a este nuevo capítulo de mi vida. Tomó mi mano y me dio una pluma. Con firmeza la sumergí en la tinta. Una gota cayó sobre la hoja.   ¿Se pueden imaginan que fue lo que se escribió?

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