4.Y tu corazón ¿Qué te dice?

Eran las 2 de la tarde. El sol, con su calor abrasador, entraba por los ventanales hacia la pequeña estancia. El sonido de los transeúntes y el motor de los automóviles, se colaba en el ambiente. La música del bar de la esquina, taladraba mis oídos.

 Quería silencio y era lo que menos encontraba en ese momento. El calor era penetrante y no quería cerrar las ventanas para bajar el ruido. Estaba cansada y quería dormir. No había parado desde que el avión aterrizó. Me había obligado a permanecer en movimiento. Limpié y desinfecté todo el departamento, incluido por supuesto, todos y cada uno de los artículos de la cocina. Desempaqué mis cosas. Las acomodé en el pequeño armario de la habitación. 

No quería pensar, pero, sobre todo, no quería sentir. De pronto ya no quedaban tareas a realizar. Incluso había ya comprado la comida de la semana. Después de arreglar todo, me di un baño para relajarme. Por fin me senté en el pequeño sillón de cuero naranja (única cosa que no me gustó de aquel apartamento) inhalé profundamente y recorrí con la mirada aquel espacio que a partir de ese día se había convertido en mi nuevo hogar. 

Pepilla Grilla

¿Y ahora?

Buena pregunta. ¿y ahora qué? ¿En dónde estaba mi emoción? Esperaba sentirme feliz, extasiada, ilusionada, inspirada, eufórica. Respiré muy profundo tres veces más. La cuarta vez ya no pude inhalar tanto. El aire me comenzó a faltar. Mis labios se torcieron. Miraba a un lado y al otro, como esperando encontrar algo. 

Pepilla Grilla

O mas bien, a alguien.

Giré mi cuerpo para recostarme. Puse mi cabeza en el brazo del sillón y entonces lo vi. Al otro extremo, sobre el respaldo, recargado en la pared. Aquel fantasma que me atormentaría cada segundo de cada día. 

Y no lo digo figuradamente. Era en realidad un pequeño muñeco en forma de fantasma, hecho con fieltro cosido a mano. Un increíble regalo que había recibido por parte, nada mas y nada menos que, de Cristi. Lo tomé en mis manos. Lo miré fijamente, como si a través de él, pudiera ver aquellos ojos que tanto me reconfortaban. Lo abrí por uno de sus laterales, el cual cerraba con una tira de felpa. En su interior, se encontraba una pequeña bolsita (también de fieltro cosida a mano) y dentro de ella, pequeños sobres amarillos. Cada uno contenía un mensaje escrito con puño y letra, con las instrucciones de ser leídos en momentos específicos: 

“para abrir en momentos de solitud, abrir en cualquier momento si te sientes sola o si necesitas protección, abrir en cualquier momento de emociones demasiado fuertes, muchos mensajitos que podrás elegir al azar o que podrás leer todo de un jalón”.

 El paquete contenía también 4 cartas del tarot de ángeles, algo que significó mucho para mí ese verano y que cambió por completo mi espiritualidad.   

Comencé a leer las instrucciones de cada sobre, pero ni siquiera pude terminar, ya que mi vista se nubló con una gran cantidad de lágrimas que llenaron mis ojos. Dejé a un lado los sobres y abracé tan fuerte como pude al pequeño fantasma. El ruido de afuera paró. Sólo podía escuchar mi sollozo. Fue ahí cuando lo comprendí. Mi corazón no estaba completo. Aquella llama que me mantenía ardiendo se había apagado. Una gran parte de mi no había viajado conmigo a España. Mi alma se había quedado en México.

Sentí un enorme vacío. Una sombra se sentó a mi lado, la que sería mi compañía a partir de ese instante. Aquella que se encargaría de robar la luz de todos y cada uno de los momentos de mi vida. ¿Será que nunca volveré a sonreír realmente?

Uno podrá engañar a los demás. Incluso, por momentos logras engañarte a ti mismo. Pero al final del día, al momento de cerrar tus ojos antes de quedarte dormido, el engaño se pierde. Aquel momento en el que te hablas con total honestidad. Cuando sabes que nadie interrumpirá tu pensamiento. Cuando sientes que, en la oscuridad, nadie te podrá juzgar, ni siquiera tu mismo. Es ahí donde enfrentas la verdad. Miras a los ojos a tus más grandes miedos, pero a la vez, abrazas tus mayores fantasías. Es ahí cuando conoces a tu verdadero yo. Había llegado el momento de enfrentar una realidad que no había querido ver. Solo quedaba una cuestión por resolver, ¿Tendría la fuerza suficiente para enfrentarlo? 

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