Sincronicidad, ¿no les hace creer en la magia? ¿cómo es que todo se alinea para coincidir? 17 de septiembre es una fecha muy especial para mi. La recuerdo cada año, ya que celebro el día de mi santo. En México tenemos la costumbre de celebrar tu onomástico, pero ese año algo más se sumaría al recuerdo de esta fecha.
Abrí los ojos antes de que sonara el despertador, sin embargo, no puede salir de la cama tan rápido. En realidad, quería que nunca comenzara el día. Quizá si me quedaba bajo las sábanas el tiempo se detendría. Pero, ¿acaso eso era lo mejor?
Pepilla Grilla
-¿Estás loca? ¡Lo que quiero es que avance rápido el tiempo!
Es verdad. Lo mejor sería cerrar los ojos y despertar en el nuevo año. O mejor aún, cerrar los ojos y despertar dos días atrás. Sí. Justo eso. Si tan solo pudiera volver atrás. Si tan solo pudiera tomar otra decisión. ¿Pero qué es lo que estaba pensando? ¿Cómo pude hacerlo? El arrepentimiento taladraba mis pensamientos, pero más aun, mi corazón.
El 15 de septiembre es en México un día de celebración, el día de la independencia. A decir verdad, no es que sea mi festividad favorita, pero ¿a quién no le gusta pasar tiempo entre familia o amigos? Sin embargo, esta vez no celebraría nada. Todo lo contrario. Para empezar, aún no tenía amigos ni tampoco familia en esta nueva ciudad de Madrid. Pero el motivo más fuerte para no celebrar, es que había llegado el día que menos deseaba que llegara.
Como les he platicado mis queridos lectores, mi relación con Cristi había sido muy particular. Extremadamente intensa, ya que se había desarrollado muy rápido. La conexión que existía entre nosotras era mágica. No lo podía comparar con ningún otro vínculo que hubiera tenido antes. En tan solo unos meses, habíamos pasado de ser simples conocidas a sentir que quizá, estábamos destinadas a encontrarnos en cada una de nuestras vidas (si es que creen en la reencarnación), pero, aunque no crean en eso, era claro que había algo especial que nos unía. Un amor muy grande.
Hay quien llama a este tipo de conexiones almas gemelas, hubo quien nos dijo que éramos “Anam cara” o “llamas gemelas”. Había quien decía que vivíamos un clásico amor de verano. Otros que simplemente la amistad era muy fuerte. Intenté encontrar explicación a esto que sentía, pero mi búsqueda sólo generaba más dudas que certezas.
En realidad, nunca fuimos pareja. Las circunstancias no lo permitieron, pero no por eso (o quizá precisamente por eso) las experiencias que vivimos fueron tan extraordinarias. Y no me refiero a esas experiencias inolvidables como escalar a la cima de una montaña, perderte en el bosque y vivir una situación de vida o muerte que hacen, por la naturaleza de la vivencia, crear lazos extraordinarios en las personas que lo viven. No. De hecho, nuestro día a día era bastante rutinario, sencillo y quizá para muchos “aburrido”. Pero justo por eso era tan intrigante sentir esta emoción, este lazo, este amor hacia alguien que acababa prácticamente de conocer.
Pensé que mi partida a Madrid aclararía mi mente y mis emociones. Imaginé inocentemente, que, así como había llegado todo, también podría irse. Como un botón mágico que al subir al avión apagaría por completo todo, aclararía la niebla que mantenía mi visión borrosa.
Claramente no fue así. Las dudas crecieron al igual que mis emociones. La comencé a extrañar desde el primer día. Creció mi necesidad de saber de ella. Era tanta la angustia de sabernos tan lejos que llegué a pensar que quizá no era amor lo que sentía. Lo que yo tenía era ya una adicción. Estaba en crisis de falta de esa droga que me recorría cada parte de mi ser. ¿Había desarrollado una obsesión por Cristi?
Solo hay una forma de acabar con la adicción y esa es erradicando su consumo. Era claro lo que tocaba hacer. “Es muy simple” me decía. “Sólo tienes que alejarte”.
Pepilla Grilla
-Si el amor es verdadero y la conexión es real, el tiempo no acabará con ello.
Tienes razón Pepilla Grilla, tienes toda la razón. Pero una cosa era pensarlo y otra muy distinta hacerlo. Me di cuenta que en definitiva ya no estaba presente. Mi ser no estaba conmigo. Me dediqué a viajar al mundo de la imaginación. Ahí no dañaba a nadie. Podía ser feliz en un escenario totalmente distinto. Al final de cuentas estaba en Madrid para estudiar un master de guion. Y la escritura no es mas que la creación de mundos imaginarios. ¡Bingo! “Fomenta tu creatividad Ari” era la respuesta de mi yo ilusionado.
Pepilla Grilla
-No te engañes, no te sirve de nada lo que estas haciendo.
En un arrebato de total cordura y fuerza de voluntad, me comuniqué con Cristi. Confesé mis dudas y mi aparente obsesión a ella. Había sólo una cosa que hacer. Mi mayor miedo se hacía realidad a pesar de haber luchado contra el. Había ocultado mis deseos de pasar el resto de mi vida con ella por miedo a perder su amistad, y a pesar de todo, ahí estaba, aquella mañana del 15 de septiembre, sentada en aquel sillón naranja, con esa sombra que apretaba cada vez más fuerte mi corazón. Perdía su amistad de todas maneras.
No había vuelta atrás. Mi voz había pronunciado las palabras que mis oídos se negaban a escuchar. Habíamos decidido cortar con toda forma de comunicación entre nosotras. Teníamos que alejarnos antes de consumirnos. Si la conexión era real, soportaría la separación temporal. Vi sus ojos a través de la pantalla una última vez. Se terminó la llamada y la habitación pareció cambiar de color. Me quedé estática, sin saber qué hacer. Mis emociones parecieron desactivarse en un instante. No había nada. Vacío. Silencio.
Recibí un último mensaje al día siguiente. Un mensaje que se repetiría en mi interior una y otra vez. Vería las palabras en el aire. Sentiría su abrazo inexistente. Aquel mensaje que terminó de romper mi armadura.
“Te amo y te extrañaré cada segundo, de cada minuto, de cada día, de cada semana, de cada mes”
Es 17 de septiembre, abrí los ojos antes de que sonara el despertador. Hoy no me reconozco. Hoy nada tiene sentido.