¿Alguna vez han meditado? ¿Realmente conectado con su interior? Muchas veces había meditado antes y encontré que la meditación guiada era la mejor para mi. La escritura sin duda, resultó ser el mejor método de encuentro conmigo, pero de eso hablaré después. Lo que hoy les vengo a platicar es de una experiencia absolutamente iluminadora.
Después de aquel maravilloso día en Alcalá de Henares dedicado solamente para mi, decidí darme un tiempo más en mi casa, para terminar con broche de oro. Recorrí la mesa de centro de la sala de estar. Extendí mi tapete de yoga a lo largo del piso de duela. Coloqué unas almohadas para hacerlo más acogedor. Ya estaba anocheciendo, así que prendí unas velas eléctricas que había comprado, en verdad parecían velas reales, y eso terminó por darle el toque especial al lugar.
Normalmente elijo pequeñas meditaciones para empezar la mañana, 10 a 15 minutos. Así que esta vez me daría el tiempo de hacer una más larga. Entré a youtube, al canal que se había convertido en mi favorito “The mindful movement” y comencé a buscar alguna meditación que llamara mi atención. No tuve que esperar tanto, mis ojos inmediatamente localizaron el adecuado: “I am enough” (soy suficiente). Últimamente esta idea de alguna forma me había rondado por la cabeza.
Pepilla Grilla
No busques más. Sigue tu intuición. Es este.
“Tienes razón pepilla. No tengo la menor duda.” Así que, sin pensarlo demasiado, como se había caracterizado todo ese día, dí click en el video. Comenzó con unas indicaciones y aproveché para acostarme y ponerme cómoda. Como es habitual, tardo unos momentos en tomar la posición adecuada. En general al recostarme siento estar en la posición perfecta, pero al momento que la guía en la meditación dice “te invito a ponerte cómoda” es instantáneo que tengo la necesidad de moverme, es como si automáticamente me hubieran desacomodado y tengo que buscar una mejor posición de la que me encuentro. Luego tardo otros instantes en volver a poner atención a lo que sigue diciendo la guía
Pepilla grilla
-Que bien Ari, ya nos desconcentramos. ¡Ya deja de moverte y pon atención!
“¡Eso intento! Deja de hablarme.” Por fin cómoda y con plena atención, escuché a la guía.
En cualquier meditación, se comienza con la respiración consciente, es decir se presta atención a la forma en la que se respira. Fue casi instantáneo sentir una especie de calma y calidez rodeando todo mi cuerpo. Me sorprendí estar ya tan adentrada en la meditación, pero ese día todo había sido distinto, así que simplemente disfruté de aquella cálida sensación. Seguí respirando lenta y profundamente. Estaba totalmente presente. Consciente del ambiente que me rodeaba.
La meditación continuó. “deja de resistir, deja la tendencia de forzar un resultado. Escucha los mensajes de tu corazón sin ningún juicio, sin ninguna expectativa. Estas acompañada y totalmente segura en este espacio”. Y a decir verdad realmente me sentía acompañada. Realmente me sentía segura de dejarme ir por completo en la experiencia. De atreverme a explorar muy muy dentro.
Después la meditación siguió con una pequeña visualización. Este tipo de visualizaciones, las suelo hacer muchísimo antes de una competencia de patinaje (por cierto ¿ya les conté que patino sobre hielo?) En fin, una forma de adentrarse en uno mismo, o en la meditación, es imaginarse una escalera, en la cual se baja lentamente hasta encontrar una gran puerta. En esta ocasión, era una graaan y majestuosa escalera de mármol. Mientras más detalles veas en tu mente, más podrás entrar en la meditación. Vi los detalles del mármol blanco, con aquellas marcas peculiares en tono gris. Coloqué mi mano en el barandal de la escalera y sentí el frio y la suavidad característica de la roca. Había 10 escalones frente a mi. Cada peldaño que bajara me adentraría aún más y me relajaría por completo.
Comencé a bajar lentamente, 10… 9…8…7…6…5…4.. comienzo a ver una luz al fondo de la escalera..3…2…1. Estoy al final de esa gran y hermosa escalera, me siento completamente relajada. Comienzo a ver a mi alrededor. Me encuentro en un hermoso palacio. A lo alto puedo ver el segundo piso. Rodeado de ese barandal con columnas clásicas. Es reluciente, la luz se refleja en esos pisos blancos de mármol. Aunque es fresco el ambiente no tengo frío. Todo lo contrario. Me siento rodeada de una reconfortante ola cálida.
Descubro el origen de la luz brillante que veía al fondo de la escalera. Proviene de una puerta parcialmente cerrada. Esa luz se cuela por las orillas. Detrás de esa puerta se encuentra algo maravilloso. Lo puedo sentir al acercarme a ella. Esa puerta es lo único que bloquea aquel tesoro. Pero antes de poder abrirla, hay cosas que se deben dejar ir, hay bloqueos que se deben remover.
El primer paso es reconocer que existen esos bloqueos, comenzando con cualquier negatividad a la que se puede estar aferrado. Lo primero que viene a mi mente, es aquella sombra que se había vuelto mi compañera. Aquella que me susurraba no haber sido lo suficientemente valiente y luchar por lo que más quería. Otras veces gritando lo tonta que había sido por haberme enamorado de la persona equivocada. La que juzgaba duramente cada paso que había dado hasta ahora durante toda mi vida. Toda esta energía la vi salir de mi y flotar hasta disolverse en el aire.
“Deja ir todas esas expectativas que tienes de ti mismo, y deja ir cualquier expectativa crees que otros tienen de ti” Miré hacia arriba, y pude ver en el segundo piso de aquel palacio, asomados en la orilla, recargados en aquel barandal de mármol, a mis padres en el pasillo a mi derecha y a Cristi justo en frente de mi, en el medio. “Deja ir la necesidad de complacer a todos, excepto a ti. Y deja ir la tendencia de importarte lo que los otros piensan, deja de aferrarte” Sentí un pequeño nudo en la garganta. Me di cuenta de lo importante que estas tres personas eran en mi vida y de cuánta presión sentía por llenar sus expectativas, o por lo menos lo que yo creía que esperaban de mi. “Deja ir los celos y los pensamientos de no ser suficiente”. Lentamente las lágrimas comenzaron a escurrir hasta el tapete.
Me sentí avergonzada al darme cuenta que esos sentimientos estaban rondando últimamente en mi. Tantas dudas sobre mi valor. ¿Cómo era posible? Esto me caía como balde de agua fría. ¡No me sentía suficiente! No creía ser suficientemente buena en nada, ni suficientemente buena para que “apostaran por mi”.
Me di cuenta de cuántas veces culpé a mis padres por mis decisiones. Cuantas veces había hecho cosas para que se sintieran orgullosos de mi y no realmente porque me llenaran. Cuantas veces llorando en la oscuridad culpé a Cristi por no valorarme, por no verme, cuando en realidad era yo la que no me valoraba, cuando era yo la que no quería abrir los ojos.
“Tú eres suficiente” Las lagrimas se convirtieron en un llanto incontrolable. Todo mi cuerpo se estremecía. El sollozo se convirtió en un lamento fuerte. Les pedí perdón por haber mentido. Porque de cierta forma les mentí al no ser autentica. Por tratar de ser una versión ajena a mi realidad interna. Pero sobre todo me pedí perdón a mi. Por haber cerrado los ojos tanto tiempo. Tanto que ya no me reconocía. Ya no sabía quién era en realidad. Nunca había llorado tanto en mi vida. Nunca imaginé encontrar esta verdad.
No me sentía valiosa. Yo no me amaba. Mi corazón estaba roto. Llevaba tiempo sintiendo ese vació que nada, ni nadie, había podido llenar. Esa noche había encontrado el origen de todo. Había solo un culpable, había solo una causa. Y esa era Yo.