16. La inversión más valiosa

No soy precisamente amante de las compras. En realidad, es una actividad que, si puedo evitar, lo haré. Pasar de tienda en tienda, para ver qué te apetece adquirir, no es para nada algo que me entusiasme.  En general sé perfectamente lo que quiero, y al ser tan específico, la mayoría de las veces tardo en encontrarlo. 

Mi familia siempre me dice lo “difícil” que soy para las compras, porque cabe aclara que la mayoría de las veces, por no decir todas, lo hago en compañía de mi familia. Se ha vuelto ya, una actividad para compartir entre nosotros. Cada uno tiene una lista de las cosas que necesita y todos estamos atentos por si encontramos aquello que cada uno busca.  

Ir de compras acompañado tiene sus ventajas. Por ejemplo, pueden ir a buscar una talla más o menos grande, en caso de que el staff de la tienda no sea muy eficiente. Hay más ojos cazando cual halcón a su presa, así que lo más seguro es que encuentres lo que buscas en menos tiempo. Además, puedes recibir propuestas de atuendos que quizá, no habías imaginado pero que, en realidad, son exactamente tu estilo. Por supuesto está, saber la opinión de cómo te ves. A quién no le gusta escuchar lo bien que se ve. 

Aunque, es precisamente esta última, la que es uno de los mayores contras de ir acompañado. ¿Por qué necesitamos, muchos de nosotros, la opinión de otros para decidir si comprar o no ese atuendo? Si algo nos llamó la atención lo suficiente, como para pasar al probador, y aun más, nos gustó cómo nos vemos en el espejo, ¿porqué seguimos preguntando qué tal nos vemos? Pero lo peor no termina ahí, Me pregunto, ¿cuántas veces he dejado de comprar algo que me gusta solo por un comentario ajeno? Frases como “no se te ve bien”,” no te queda”, “No es nada tu” abundan al pedir un comentario. 

Pepilla Grilla

-¿Te vistes para los demás o para ti?

No lo se Pepilla. Creo que hay una línea muy delgada. Estoy de acuerdo que ir a un velorio en bikini quizá no sea lo más apropiado, ni tampoco llegar a una importante reunión de trabajo todo sudado, después de hacer una intensa rutina de ejercicio. 

Sin hablar de estilos, creo que la mayoría podemos aceptar que hay ciertas “reglas no escritas” que nos comunican el interés o empatía de las personas y permiten una mejor y cómoda convivencia entre los individuos involucrados. Ahora, en el día a día. Cuando no se trata de un evento particular, ¿quién o qué marca tu forma de vestir? 

Bien lo explica Miranda Priestly, en El diablo viste a la moda, (y para quienes no han visto esta película, se las recomiendo ampliamente), todos estamos afectados por la industria de la moda de una forma u otra. Es realmente inevitable, por muy originales que creamos ser. Sin embargo, una cosa es ir a la moda, y otra muy distinta, dejar que otros te hagan desistir de aquello que te gusta. 

Pues bien, había llegado el momento de tomar el tiempo para buscar exactamente eso que me gustaba y pasar un buen rato escogiendo mi atuendo sin la necesidad de la opinión de otros. Siendo fin de semana, sabía que la plaza estaría bastante llena, cosa que me molesta demasiado ya que suelo engentarme muy fácil. Pero esta vez, lo tomaría con toda la calma del mundo. Si en algún momento necesitaba un descanso, había decidido que me tomaría un rico café. Tendría por supuesto, mi tiempo para comer en un delicioso restaurante y además, aprovecharía la motivación de comenzar a comprar los regalos de navidad. El blackfriday acababa de pasar, pero las ofertas continuaban así que era el momento perfecto para ir de compras. Así que me alisté para estar en las tiendas al momento de su apertura.  

Tenía en mente lo que quería, la típica chamarra verde olivo de invierno. Siempre había querido una, pero suelen ser muy grandes para mi. Sin embargo, sabía que encontraría la adecuada. Aprovecharía para buscar algo de ropa más invernal. El frío era bastante insoportable para mi y claro está que la ropa que tenía no era la adecuada para enfrentar esas temperaturas, que aunque no eran tan bajas, para mi eran terribles. 

Pasé por cada uno de las tiendas de la plaza comercial. Me probé todo lo que me había llamado la atención. Conforme pasaban las horas, más y más personas comenzaban a llegar. Familias, amigos, parejas, en realidad eran contadas las personas que estábamos solas. Eso comenzó a darme bastante nostalgia. Extrañaba la compañía de mi hermana, ella es quien suele hacerme segunda en todo lo que hago. Mi cómplice por excelencia. Por momentos mis ojos se llenaban de lagrimas al ver esas familias juntas pasando un agradable finde. 

Damos por sentadas tantas cosas. Entre ellas, el tiempo que tenemos con nuestros seres queridos. Soy muy afortunada de tener una estupenda relación con mi familia. Solemos pasar gran parte del tiempo juntos. Nos encanta viajar, ver películas, jugar cartas, desayunar, comer y cenar juntos la mayoría del tiempo. Y no es que antes no lo apreciara, pero ahora que había pasado un rato viviendo sola, descubrí cuanto en verdad amo estar con ellos. 

Es verdad que soy quizá la más diferente en forma de pensar, y aunque me gusta pasar tiempo en soledad y disfruto de mi privacidad, no quiere decir que no aprecie la convivencia y compañía de mi familia. Ahora lo veía y ansiaba su llegada a Madrid para pasar las fiestas.

Entre la melancolía y la búsqueda de mi atuendo, me di cuenta de algo. Cada que me probaba alguna prenda, podía escuchar en mi mente los comentarios de mi mamá tratando de convencerme de comprar algo “más vivo”, o “más elegantito”, las replicas de mi papá, diciendo que me dejara comprar lo que a mi me gusta.  Descubrí una vez más, cuánto me afectaban los comentarios de mis padres. 

Terminé mis compras, había encontrado todo lo que necesitaba y tenía ya todos los regalos de navidad. Regresé a casa muy cansada pero satisfecha, ¡había encontrado la chamarra que tanto deseaba! Pero, sobre todo, me había dado la oportunidad de conversar conmigo sobre qué era lo que quería. Pareciera algo tan sencillo, decidir qué ropa quieres comprar, pero cuando has acoplado tanto tu fachada al vecindario, es difícil imaginarse remodelar de otra forma. 

Descubrí que esto era otro pequeño gran paso hacia el amor propio. Darme la oportunidad de escoger lo que realmente quería, y comenzar por la ropa, era sin duda, un excelente comienzo para ser asertiva con mi propia vida.

Había hecho la mejor inversión de todas, tiempo y libertad. Dediqué todo un día para mi, pero sobre todo, me había dado la libertad de ser sincera conmigo, de mirar hacia adentro y descubrir qué es lo que me hace feliz. Aquella chamarra verde, sería ahora, el símbolo de apertura. La vería cada día y recordaría que la fachada siempre debe ir en sintonía con el interior.

Un comentario en “16. La inversión más valiosa

  1. Estoy muy de acuerdo. La verdad, no soy una fan de la ropa, el estilo y todo. Soy muy Steve Jobs. Me puedo vestir igual cada día. Pero nunca hay que subestimar el poder de estar bien vestida. La verdad, hace una gran diferencia en la confianza en uno miso, en la manera como te percibes. Y obvio los demás te perciben diferentemente, pero lo más bello es lo que ves en ti y como cuidando esta nave que es el cuerpo, y todo su alrededor, hay cosas que cambian en nuestro interior.

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