Despues de navegar por tanto tiempo a un rumbo al cual no quería llegar, tocaba trazar un nuevo destino. Pero, cuando otros han dirigido el barco por ti, saber si quiera sostener la brujula es todo un reto.
Es increíble lo poco que sabemos de nosotros mismos en realidad. Al final de cuentas, somos seres que evolucionan constantemente, por lo que basicamente es imposible conocerse a la perfección. Sin embargo, es importante escucharnos en tiempo presente. Sin tener certeza de lo que pasará en el futuro y conociendo mi pasado, ¿qué quiero ahora?
Pepilla Grilla
-Venga, esta sí que no puedes fallar.
¿Tu crees Pepilla? No estoy tan segura. Parada ahí al frente del timón, con un oceano de posibilidades, pareciera que da lo mismo a donde me dirija. En ese momento, el horizonte se ve igual no importa hacia dónde veas. Y, a la vez, sabes que un ligero movimiento a un lado o a otro, cambia por completo el destino, y por lo tanto, el camino.
Pepilla Grilla
-Si no sabes a dónde ir, ¿por qué sigues avanzando?
No lo se. Me da miedo parar. ¿Debería soltar anclas?
Pepilla Grilla
-¿Aquí? ¿En medio de la nada?
¿Entonces, si no puedo seguir avanzando sin rumbo fijo, y no puedo anclarme en la nada, qué hago? Afortunadamente, cuando se está dispuesto y abierto a nuevas posibilidades, siempre se presenta ante ti un cierto apoyo para lograrlo. Y en mi caso, este apoyo se presentó en forma de guia. Y ese guia era mi hermano mayor.
Resulta que mi hermano había tenido que viajar a Madrid por cuestiones de trabajo, asi que lo recibí en mi departamento por unos días. Aunque tenemos una muy buena relación, en realidad son contados los momentos en lo que nos sentamos realmente a hablar tan abiertamente y tan profundo.
Con mucha honestidad, y un poco de pena claro, le platiqué todo lo que sucedía. Mi hermano es una persona con un gran corazón, y aunque no sea tan cariñoso en su trato, eso está reservado solo para mi cuñada, en su muy particuar forma de expresarse, te hace saber que cuentas con él y te sientes totalmente entendida y apoyada.
Después de un largo día de intensa plática, me sentí liberada. Me importaba mucho lo que pensara mi hermano de todo esto. En general, he luchado mucho con hacer las cosas para cumplir expectativas en mi familia. De alguna forma, encarar la realdiad y hablarlo con mi hermano, era para mi como enfrentar un juicio.
A decir verdad me sorprendí mucho. Nunca había visto este lado tan fraternal de mi hermano. En ningún momento me sentí juzgada. En ningún momento quise mejor cambiar el tema. Me escuchó con atención y me dio su punto de vista, que aunque duro de escuchar, es justo lo que necesitaba oir. “Deja de hacer las cosas por los demás” Me aconsejó resolver los problemas con mis padres, en especial con mi mamá. Y no solo en el tema profesional, sino más bien en lo personal, con un tema muy específico y ese era mi sexualidad.
Cuántas veces dejamos de hacer cosas, o hacemos otras que no deseamos, por sentir que seremos juzgados. Como si aquel acto al que nos enfrentamos nos pudiera llevar a la hoguera. Nos guardamos cosas, callamos, bajamos la cabeza y continuamos navegando en el barco equivocado. Y la verdad es que la mayoría de las veces, las personas de las que más preocupadas estamos, son las que mejor nos entienden y más nos apoyan.
Es más fácil culpar a la tripulación de no llegar al destino que se deseaba. Pero la verdad es que solo hay una persona tras el timón. Hablar con mi hermano me hizo darme cuenta que el miedo que tenía, no era del juicio. El miedo venía de darme cuenta que yo sola caminaba hacia la hoguera. Yo sola debía prender el fuego. Porque era necesario quemar ataduras, extinguir la idea de mi para poder, ahora si, ver mi verdadero yo. Al final de cuentas, cuántos náufragos han sido rescatados al prender el fuego.
Llevaba meses caminando al sitio dónde se realizaría la sentencia. En el camino recolecté la madera, el combustible. La aplilé en su lugar. Pero hacia falta un elemento más. La chispa que prendería el fuego.
Aquella chispa la encontré en un pregunta muy particular que me hizo mi hermano, y que seguramente, has escuchado muchas veces, pero, por lo menos yo, nunca había realmente pensado la respuesta. ¿Qué harías si supieras que mañana es tu último día de vida?