Nadie tiene la vida comprada. En realidad, no sabemos lo que sucederá en el siguiente minuto. Por lo que, aquellas preguntas que me hacía mi hermano en realidad nos serviría tenerlas presente todo el tiempo. Porque ¿quién nos asegura que estaremos aquí el día de mañana? Y ni siquiera hablo de la muerte y tampoco tengo un pensamiento negativo. Hablo de que los planes cambian, y muchas veces, por lo menos yo, guardo para después algunas acciones. Ir a ese café que tan rico huele al pasar, ver aquella película que sigo guardando en la lista de preferencias, decir aquellas palabras que gritan en la garganta queriendo salir, o dar aquel abrazo que, por no darlo, mantienen mis brazos con aquel hormigueo.
En mis clases de guionismo aprendí que los mayores bloqueos al escribir, vienen cuando se analiza demasiado lo que se escribe. Empieza una lucha entre lo que quieres decir, y lo que crees sería bueno que leyeran en tus palabras. Comienzas a evaluar si tus frases son suficientemente inteligentes y bien estructuradas. Te preguntas si es realmente interesante lo que estas contando. Y entre todo ese análisis mental, la pluma no toca el papel.
En el guión como en la vida lo más dificil es decidir. Qué historia quieres que se desarrolle. Qué personajes permanecerán hasta el final. Y una de las cosas más difíciles, cómo quieres que termine la historia. Contestar a las preguntas que me hacía mi hermano, era justamente eso.
Creo que no nos paramos a pensar en la respuesta a estas preguntas porque da miedo imaginar que, mañana, podría ser nuestro último día. Y ¿qué pasará con todo lo que quiero hacer en la vida? Pero lo más difícil no está en pensar en los años venideros, sino en los que ya pasaron. Qué quería hacer que no hice. Y peor aún, cuáles de esas cosas que quería hacer, realmente las podía haber hecho y lo dejé para después.
Al hacerme estas preguntas, mi sorpresa fue no pensar en el futuro que no sería. Pensé en lo que dejaba, en lo que ya tenía.
Mi respuesta no fue , si mañana fuera el último día de mi vida, saldría a conocer gente a la calle, tampoco pensé en salir a buscar trabajo. Bueno ni siquiera pensé en trabajar.
Tomé mis lecciones aprendidas de guión. No me puse a analizar mis pensamientos, me limité a escribirlos en el papel, así como llegaban. Sin priorizar, sin editar. ¿Qué sería lo que escribiría mi mano, guiada con el corazón y no con la razón?
Apuesto a que saben perfectamente lo que escribí. Sí, mi primer pensamiento fue en ella, en Cristi.
Pepilla Grilla
-Pues claro, no lo has superado aún.
Era lógico, la herida no había cerrado. Pero, desde aquella última llamada me preguntaba si de verdad era todo. Me reusaba a que Cristi fuera una persona pasajera. Aquel personaje que llega a la mitad del conflicto con información clave. Debía haber algo más. Había algo que me decía que aun no era el final. Que el personaje reaparecería en la historia. Y que sería un personaje aliado, importante para la protagonista, en esa gran aventura llamada vida.
Quizá solo era mi deseo, de estar con ella, lo que me hacía sentir que no era el final. O simplemente no podía evitar ser una romántica queriendo un final feliz. Pero si algo es cierto, es que el que no arriesga, no gana. Y yo, no había dado todo. Me había resignado a la primera negativa. Suelen decir que las cosas que valen la pena, son difíciles de alcanzar. Pues bien, era momento de demostrar cuánto quería que aquel personaje se mantuviera en la historia.
¿Por qué tendría que esperar, a que me dijeran que mañana es el último día de mi vida, para volver a acercarme a ella? Cuando me di cuenta cuánto deseaba pasar mis últimos minutos a su lado, supe cuan importante era Cristi para mi. Y la verdad es que, nadie me aseguraba que yo estaría el día de mañana en este mundo. Entonces ¿qué estaba esperando?
Pepilla Grilla
-Esperas que ella tenga la iniciativa.
Es verdad. En general espero que otros sean los que den el primer paso. Pero si para mí es lindo que el otro tenga iniciativa, por qué no tenerla yo.
Usé como excusa de contactarla, el cuestionario sobre mi imagen, para que lo contestara. Con mucho nerviosismo, ansiedad y claro, miedo, decidí comunicarme. Escribí el mensaje, lo borré y volví a escribir al menos unas 5 veces. ¿Y si mejor la llamo?
Pepilla Grilla
-Y si no contesta ¿cuántas veces estas dispuesta a marcar?
Mejor un mensaje. «Quizá es más fácil que me conteste así». Pensé. Un último vistazo a la pantalla,y aguantando la respiración, presioné enviar.
Sabía que me contestaría el cuestionario sin problema. Pero, ¿acaso ahí terminaría la conversación? O sería el inicio de una nueva etapa. Había que estar preparada para cualquier cosa. No tenía idea de qué iba a suceder. La única certeza, es que yo estaba lista para hacer, lo que estuviera en mí, para que Cristi volviera a la historia. Con pluma y papel en mano, comencé la reescritura.