26. El sexto sentido

La intuición es más fuerte a la razón. Es lo que llaman algunos un sexto sentido, y entiendo por qué lo llaman así. Esta sensación cuando algo está mal o cuando algo está bien independientemente de los datos reales, de los hechos, más allá de lo que podemos ver, oler, saborear, palpar o escuchar. Muchas veces incluso, la intuición nos recomienda ir al contrario de lo que la lógica nos dicta. 

Hay que diferenciar claro, esta percepción, de un simple capricho. Para ello, se debe ser sumamente honesto con uno mismo. Es realmente mi sexto sentido aflorando, o es mi mente tratando de engañarme disfrazándose de clarividencia casi divina. 

Esta vez, mi olfato emocional había estado en lo correcto. Los mensajes con Cristi comenzaron a ser cada vez más recurrentes, cada vez más largos. No pasó mucho tiempo para que los textos se transformaran en mensajes de audio, y esos audios en llamadas. 

Sincronicidad, otro concepto igual de inexplicable. Algunos le llaman destino. Para mi, conexión. Resulta que Cristi se encontraba en la misma situación que yo. Navegaba en un barco sin rumbo. 

Comencé a compartir con ella cada uno de los ejercicios que mi hermano me asignaba. Enseñando es cuando más se aprende. Y explicarle a Cristi el objetivo de cada tarea, me hacía comprenderla aún más y por lo tanto, mis resultados eran aún más profundos. 

Me di cuenta que los consejos que le daba, eran perfectamente aplicables a mi. Empezó a ser una terapia de espejo. Me vi reflejada en sus dilemas. Descubrir para qué era buena, qué quería hacer profesionalmente, en dónde quería vivir, incluso, cómo resolver los problemas del corazón. 

Pepilla Grilla

-¿Acaso estas tratando de sanar el corazón de la persona que rompió el tuyo?

Sí Pepilla. Por increíble que parezca, ver a una Cristi vulnerable, me hizo empatizar, verla como la gran amiga que en realidad era y que, por encapricharme en ser algo más, por un momento, lo había arruinado. 

Sin embargo, aquella vocecita interior no me dejaba tranquila. Durante mi diplomado en coaching mental deportivo, hablamos sobre esa voz interior que no necesariamente es la consciencia, es mas bien una molestia. Es la que revela tus más grandes deseos ocultos, pero también, resalta los miedos, las dudas. Es la que imagina los escenarios posibles, desde los grandes éxitos llenándote de una excesiva confianza, pero también la que visualiza las situaciones más fatalistas, bajando por completo tu autoestima. 

Esta voz es la responsable de pensar constantemente el qué dirán, la que, imaginando el más grande complot, te convierte en una víctima de una falta inexistente.   Es lo que en coaching llamamos, la columna izquierda.

El origen de esta columna usada en coaching, es de hecho una herramienta de guionistas. Y se usa escribiendo, en una columna, al lado izquierdo de la acción o diálogo de un personaje, los pensamientos y sentimientos que realmente tiene el personaje. Esto ayuda al actor a preparar su actuación, sabiendo que lo que dice su diálogo no es necesariamente lo que le sucede por dentro al personaje.

Debo confesar que yo soy una adicta al uso de aquella terrible columna izquierda. Constantemente imagino escenarios, constantemente salto a conclusiones sobre por qué el otro hace o no hace algo, o por qué me dice lo que me dice o por qué no me contesta nada. Ese es el tipo de cosas que te hace pensar la columna izquierda. 

En esta ocasión, mi columna se preguntaba si lo que hacía estaba correcto. Sin haber sanado aún por completo aquel corazón roto, ¿era lo más sabio volver a tener contacto con Cristi? Trataba de pensar qué le diría a una amiga si fuera ella la que estuviera en mi situación. Lo que normalmente aconsejaría, sería que se alejara por completo. Pero eso yo ya lo había hecho y no había funcionado. A decir verdad, para lo único que había servido esa acción, era para hacerme caer en una depresión a la cual no quería regresar.  

Pepilla Grilla

-A lo mejor necesitabas más tiempo.

¿Más tiempo Pepilla? Sólo se vive una vez, y no sabemos por cuánto tiempo. ¿Acaso es sano pasar el resto de tu vida sufriendo? Sólo porque así lo marcan las normas sociales, sólo porque es lo que todo el mundo haría, no significa que es lo que se tenga que hacer.

¿Qué tanto de lo que hacemos, lo hacemos porque es lo que esta establecido en nuestra cultura? ¿Debía seguir a mi intuición, al corazón, a la razón o a la costumbre? De algo estaba segura. No había cambiado, en nada, la forma en la que me gustaría pasar el último día de mi vida. 

Pepilla Grilla

-Creo que ahí tienes tu respuesta. 

En realidad no hay respuesta correcta.  Me di cuenta que la lucha entre lo que debería ser, lo que quiero, lo que necesito y lo que me hace feliz siempre estará. Al final, solo hay una persona escribiendo la historia. Lo que se escribe en el papel depende de una sola cosa, decisión.

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