30.Frustración

Todos, absolutamente todos, incluso los bebés, hemos sentido frustración varias veces a lo largo de nuestra vida. Incluso, me atrevería a decir que varias veces al día.

Pero ¿qué es la frustración? Bueno, en términos sencillos, es el sentimiento que se genera cuando no se puede tener lo que se desea. 

Muchos dicen que la frustración es mala. En realidad, no lo es. Ninguna emoción es ni buena ni mala. Lo que hacemos con esa emoción, es decir las acciones o reacciones frente a lo que sentimos, sí podrían tener consecuencias mejores o peores.

Déjame contarte una de las veces que más frustración he sentido. Cuando regresé a México, claramente había una razón detrás. Una acción muy especifica a realizar. Sólo había una cosa que quería hacer. Y esa era, por supuesto, ver a Cristi. 

Pero había un pequeño gran detalle. Yo acababa de viajar de un país que se encontraba en cuarentena. Había pisado el aeropuerto, lugar por dónde transitan cientos de personas diariamente y que quizá, más de uno portaba el virus que nos había puesto en aquella terrible situación. 

Mi actuar ya de por si había sido irresponsable, así que lo que podía hacer era guardar realmente los 15 días de cuarentena sin ver a nadie, para así, asegurarme no tener ningún síntoma de Covid. Para hacerla aún más de emoción, Cristi también debía guardar, forzosamente los 15 días de cuarentena, puesto que había convivido en días pasados, con una persona que había resultado positiva al virus.

Así que, aunque yo quisiera saltarme los protocolos de seguridad e ir a verla, ella no saldría a mi encuentro. Pero la verdad es que ni yo quería ponerla en riesgo en caso de yo estar contagiada, ni ella a mí. Terrible situación. Estar tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Tik tok tik tok.  Yo tenía el tiempo contado. Respetar las 2 semanas, significaba que me quedarían tan solo dos semanas más antes de regresar a España. 

La ansiedad me invadió. Honestamente, me había imaginado pasar aquel mes, en una especie de burbuja de ensueño.  Recuperar el tiempo perdido. Disfrutar de lo que más nos gustaba hacer, tener eternas tardes de café y té, acompañadas de un perfecto fondo musical y profundas pláticas del universo. Compartiendo sueños y miedos a la vez. 

Pero sobre todas las cosas, había algo que anhelaba tanto hacer. Tener un momento de profunda intimidad. De sentir su piel y absorber su aroma. De mirar sus bellos ojos por un largo rato y después besar sus labios. Más que entregar mi cuerpo, quería entregarle mi alma. Eso, justo eso. Soñaba con el momento exacto en el que no fueran necesarias las palabras, para hacerle entender, lo mucho que sentía por ella. Lo difícil que había sido estar lejos y que supiera, que, a partir de ese momento, yo estaba dispuesta a darlo todo por ella. 

Cada día me imaginaba cómo sería volver a verla. Recorría el camino hasta su casa en mi mente. Cómo me sentiría, qué haría al verla. Mi corazón saltaba emocionado al pensar en este momento. Pero al mismo tiempo, se hacia chiquito al pensar en la posibilidad de que esto nunca pasara. ¿Qué tal si me regreso a España sin haberla visto, me preguntaba contantemente? 

La más grande bendición de la pandemia, darme la oportunidad de volver a México antes de su partida a otro país, se presentaba ahora como el mayor obstáculo entre nosotras. O por lo menos eso pensaba yo. ¿Pero sería ese acaso el principal impedimento?

Los días pasaban y se acercaba el día de volver a vernos. Mientras más cerca estaba el momento, más frustración me daba el estar encerrada en casa, a unos cuantos pasos de ella. 

Pepilla Grilla

-No hay mayor frustración que no poder estar con la persona que se ama. 

En efecto Pepilla. No podía estar más de acuerdo. 

Llegó el día. Ni siquiera pude dormir bien una noche antes. Dando vueltas en la cama con mil escenarios en mi cabeza. Mi corazón latió fuerte todo el camino hasta su casa. No podía dejar de sonreír de imaginar su mirada. Unos minutos más. Los segundos más largos de mi vida y al mismo tiempo más rápidos. Quería llegar y a la vez, temía su reacción, pero sobre todo me aterraba la mía. 

Estacioné el coche y la vi salir por el portón de su casa. Moría por abrazarla tan fuerte. Correr y saltar a sus brazos, envolverla con mis piernas como un pequeño bebé koala. Bajé del coche. Estaba lista para hacerlo, cuando levantó su pierna para saludarme con el pie. El nuevo saludo de pandemia. “La nueva normalidad”.

-Oh. Entiendo.- Nunca la sentí tan lejos como ese momento. Mi corazón se detuvo por un instante.  Me tomé unos segundos para entender lo que pasaba. Miré sus ojos para leer su interior. Pero no la encontré. No la reconocí. Cristi no estaba ahí.

Por unos momentos yo también me ausenté. Tampoco me reconocí frente a ella. ¿Qué pasó con todo lo que imaginaste? ¿Qué pasó con tu arrebato? Si yo no estaba presente ¿Cómo podía esperar que ella lo estuviera?

Cuando regresé a la realidad, todavía un poco aturdida por el regreso a la tierra, pude sentarme a conversar, con aquella persona que me tocaba volver a conocer. Me desconcertaba tanto sentir que el tiempo no había pasado. Que la distancia no había afectado y que tenía a mi lado a una vieja amiga poniéndome al tanto de su vida. Pero al mismo tiempo, encontrar a una desconocida en aquellos ojos. Los mismos ojos que en algún momento me hicieron soñar.

Es curioso que escriba estas palabras un año después. Sentada frente a ella. Con el mismo anhelo. Con el mismo deseo. Con la misma sensación de tener un océano entre nosotras. Pero después de tanto tiempo, no puedo decir que siento frustración. Mi emoción ahora es otra.  Pero de ella hableremos en otra ocasión.

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