Hace poco vi un programa que hablaba sobre el funcionamiento de los recuerdos en nuestra mente. Me encanta ver este tipo de contenido, donde se explica lo maravilloso que es el cuerpo humano. Pero más aun, cuando se habla de aquello que no podemos ver, aquello que sabemos que existe, pero es impalpable, como lo son las emociones y en este caso, los pensamientos.
Lo que saltó inmediatamente a mi vista y agitó por completo mi interior, fue la explicación de la “imaginación”. Resulta que nuestro cerebro funciona exactamente igual cuando recuerda que cuando imagina. Por lo que podríamos decir que imaginar es lo mismo que recordar. Y en ese caso, ¿cómo distinguimos uno del otro?
En diversas ocasiones me he preguntado si estoy loca. Muchas veces he dudado si algo en realidad pasó o fue algo que imaginé. Ahora por fin tengo una explicación a mi auto-diagnosticada locura.
Bueno les contaré algo, que debo confesar, me da mucha vergüenza compartir. Por las mañanas al despertar y por las noches antes de dormir, dejo correr por completo mi imaginación. Creo historias perfectamente detalladas, personajes desarrollados, conversaciones completas, escenarios recurrentes.
Pepilla Grilla
-¿Eso no es lo que hace normalmente un guionista?
Efectivamente Pepilla, pero no termina ahí. Yo soy un personaje de esa historia y como tal, me caracterizo y actúo la situación. Sí, leíste bien, actúo. Eso quizá es lo que más pena me da confesar. Es lo que podría llamarse locura, vivir en una realidad que no existe. Pero ¿no todos los niños lo hacen? ¿Por qué ver a los pequeños hablar con sus muñecos es «normal» , pero ver a un adulto besar a su almohada se considera «extraño»?
Quizá para nosotros los artistas este tipo de acciones sea muy común, pero para muchos se podría considerar inmadurez. ¿En que momento imaginar se consideró una cualidad aceptada solamente para los niños? ¿Cuántas extraordinarias mentes creativas se habrán visto silenciadas por la “lógica” social?
Pero hay algo aún más profundo y significativo para mi en todo esto. Eso es, la emoción que provoca imaginar. En pasadas entradas les he hablado sobre el problema de las expectativas. De alguna manera, imaginar el futuro es parte natural del ser humano, sin embargo, el detalle con que lo haces podría marcar la diferencia.
Este nivel de detalle, podría ser lo que nos provoca un choque emocional grande, cuando no se cumple aquello imaginado.
Entendiendo esto, quizá nos volvamos personas más empáticas. Cuántas veces hemos juzgado a alguien diciendo “no es para tanto”. Bueno, para nosotros que no lo imaginamos, y no lo sentimos, podría un resultado en verdad “ no ser para tanto”. Pero la verdad es que no sabemos, cuánto realmente lo esperaba aquella persona. Cuántas noches pasó sin dormir imaginando las posibles formas en que sucedería.
Quizá todo esto te esté revolviendo un poco. Para entenderlo mejor lo pondré en la situación que más me ha marcado en este sentido. Seguramente ya sabes a cuál me refiero. Así es. Cristi.
Ella dejó muy claro que no quería ser mi pareja. Entonces, solo había una cosa por hacer. Imaginar. Como buen adolescente soñando con encontrarse y enamorar a su artista favorito, pasé largas horas escribiendo nuestra historia en mis pensamientos. La imaginación pasó a la actuación, cual actor preparando un papel para la más grande audición.
Muchas veces me pregunté por qué lo hacía. Quizá me preparaba para poder interpretar aquel papel protagónico y lograr conquistar su corazón impenetrable. O tal vez, la certeza de que nunca lograría enamorarla, daba paso a mi imaginación como premio de consolación. En palabras de Luis Miguel “voy a apagar la luz para pensar en ti”, es así como yo también comencé a vivir de ilusiones.
¿Qué tiene de malo imaginar? El peligro de imaginar constantemente, es que llegará el momento que no se distinga de la realidad. Había creado en mi mente una profunda relación con la persona que más amaba. Sin embargo, esta no era real. Pero me pregunto, ¿imaginé tantas veces, con tanto detalle, al grado que mi subconsciente comenzó a creer que eso en realidad había pasado?
De ser así, no me extraña ahora que me dolieran tanto algunas respuestas, algunas reacciones, algunas acciones de Cristi. Cada día esperaba encontrarme finalmente con aquella mujer que robaba mis suspiros cada noche y cada mañana. Pero nunca fue el caso. Desilusión tras desilusión. Era imposible encontrarla. La Cristi de mis pensamientos no existía.
Ella siempre me trató como la mejor amiga que jamás haya tenido. Sin embargo, no era el trato que yo esperaba, porque en mi mente, yo ocupaba otro papel. Mi mente lógica lo entendía, pero la creativa no. Mucho menos la emocional. Y es justo aquí, donde el conflicto entre expectativa y realidad se dió. Era como presentarse al primer día de rodaje, habiendo preparado el papel protagónico y encontrarse con que te dieron uno secundario.
Mientras más fuerte tu poder de imaginación, más fuerte será el impacto de que no suceda. No me extraña que tantos artistas se hayan perdido en la constante lucha de la realidad presente, con la imaginada. Pero, ¿Qué pasa cuando prefieres vivir en tu imaginación? Entonces ¿será que la locura es en realidad un acto de decisión y no un trastorno de la condición humana?
Tantas preguntas saltan a mi mente. Tantas preguntas que no tienen respuesta. Lo que sí puedo decir, es que soy una eterna soñadora. Ya lo sabía mi abuela desde hace tiempo, pues así es como me llama “Soñadora”. Quizá ella tenga todas las respuestas a mis preguntas.
Por lo pronto, agendé una cita hoy por la noche en la intimidad de mi cuarto. Si bien, tuve la propuesta más romántica que jamás hayas visto, viví innumerables momentos de entrega total y miles de charlas planeando el futuro, pero, nunca tuve una conversación para terminar. Pasé página en la realidad, pero no cerré ciclo en el mundo de la imaginación. Para vivir en el presente, tengo que poner fin a aquella relación, que por bella que sea en la oscuridad, nunca brillará a la luz del día.