39. Las voces del Ego (Parte 1)

“Piensa bien lo que vas a decir” solemos decir como un ultimatum. Ya sea hacia la otra persona o a nosotros mismos. Y no podría estar más adecuada la frase. 

Lo vemos en las pelis, lo aconsejamos a nuestros amigos, pero pensamos que cuando nos toque a nosotros, podremos controlar nuestra boca. O por lo menos, eso pensaba yo. 

Mis conocimientos diplomáticos desaparecieron en cuestión de segundos. Bueno en realidad no fueron segundos, fueron horas. Sí, horas en la que la flama se prendió y poco a poco fue consumiendo la mecha que haría explotar la bomba. 

Todo comenzó cuando llamé a Cristi. Tenía tantas ganas de hablar con ella. Había pasado tiempo desde la última vez que hablamos. Nos comunicábamos por medio de mensajes de texto y audios, pero yo quería conversar. Además, en su último audio, había dicho que tenía tantas cosas que quería contarme. Dicen por ahí que “la curiosidad mató al gato” Pfff, ¡pues vaya asesinato!, o ¿suicidio debería decir?

Al principio todo iba muy bien. Nos pusimos al tanto de lo que no nos habíamos contado,hasta que mi curioso gato interior, no pudo más. ¿Qué es eso que quiere contarme? La verdad es que lo intuía. Si no me lo había contado ya, era porque no podía hacerlo. Y sólo había una cosa que yo le había solicitado antes, y eso era, que no me platicara sobre sus experiencias con otras chicas. Eso pues, mmm, por obvias razones.

Ella estaba respetando el acuerdo, pero claro, mi gato me arañaba por dentro.  Asi que insistí hasta que lo soltó. ¡Había encontrado a su chica ideal! Por un momento tuve una sensación triunfal. De sincera felicidad por la situación. 

Pepilla Grilla

-¡Excelente! Con esto podrás soltarla de una vez por todas.

Interesante como pocos días atrás, yo había hecho mi proceso de “romper” con ella en mi imaginación. Me había dado cuenta del poder que tiene soñar despierta y de lo mucho que me había afectado en la realidad. Todo parecía indicar que el ciclo se había cerrado. La había liberado energéticamente y ahora ella por fin había encontrado aquella persona, de la que tantas veces habíamos hablado. La dibujamos en nuestros pensamientos. Sí. Eso solíamos hacer. Imaginar a nuestras chicas ideales. 

Que tontería. ¡Obviamente mi chica ideal era ella! Siempre frente a mi, tan inalcansable. Pero, todo el tiempo lo negué. Aceptarlo sería alejarla. Yo sabía que ella no quería nada más, que una amistad. Y me convencí de que eso para mi, era suficiente. 

Por un momento me sentí liberada. Muchas veces me dije, que el día que por fin soltaría la ilusión de ser algo más para Cristi, sería cuando ella tuviera una nueva pareja, ó cuando yo, encontrara a alguien que en verdad me correspondiera.  Asi que, de pronto, todo se alineó. Dejaba atrás aquella ilusión que me había marcado en los últimos años y daba paso a una nueva etapa. Por un momento estabamos las dos amigas conversando emocionadas sobre esta inesperada noticia. 

Pero, el universo no lo pondría tan fácil. La bendita llamada estuvo interrumpida ¡3 veces! No me podía contar cómo se habían conocido. Justo cuando empezaba, ¡Pum!, interrupción. Interrupciones que tuvieron horas de suspenso entre ellas.

¿Pueden imaginarlo? Desde las 8 de la mañana que fue la primera llamada, hasta las 3 de la tarde que por fin pudimos hablar. Por supuesto, yo estaba a punto de sufrir un paro cardiaco. Cada que volvíamos a contactarnos, mi corazón comenzaba a latir tan fuerte, que sentía que Cristi podía escucharlo del otro lado del teléfono.  

Cuántas teorías pasaron por mi cabeza. ¿Será la chica de sus redes? Sí, ¡seguro es ella! La forma en la que se miran, es obvio. Pero… ella no es soltera. No, entonces no puede ser ella. Quizá ella se la presentó. Sí, seguro es eso.

Pepilla Grilla

-¿Cuál es la diferencia? Da igual quien sea, no eres tu.

Cállate Pepilla, no empieces. Esta es una buena noticia, la escucharemos con emoción.

Pepilla Grilla

-Si lo tu dices.

Tuve tiempo de reflexionar, de pensar si realmente quería escuchar la historia, si me haría bien escuchar detalles. Por un lado pensé que eso era lo que necesitaba. De una vez por todas, romper cualquier rastro de ilusión. Por otro lado, sabía que esto sería devastador. Quizá por eso el nervio de la espera. Aunque es verdad que siempre me provoca ansiedad esperar sus respuestas. Y todo mi cuerpo se estremece al escuchar su tono en mi teléfono (porque claramente Cristi tenía un tono especial para sus llamadas y mensajes).

Bueno, pues ni el tiempo de espera me hizo anticipar lo que vendría. Por fin tuvimos tiempo de hablar. Comenzó el relato. Yo le había pedido que me contara con detalles. ¡Primer gran error!  Si algo tiene Cristi, es su fabulosa capacidad para contar historias. No deja nada a la imaginación. Y escucharlo de su boca era un balde de agua fría tras otro. 

No entiendo por qué lo hice. De verdad que mi necedad me cegó por completo.  Estaba ahí, totalmente petrificada. Sentada en el suelo de la sala, recargada sobre el sillón. Escuchaba con atención. Podía ver perfectamente las imágenes que describía. No podía evitar compararme con ella. Poco a poco la mecha se consumía. «¿Qué tiene ella que no tenga yo?»  Cristi me contaba detalles de la chica. Acciones. Situaciones. Y solo pensaba, “pero ¡yo tambien hice eso!”

Escuchaba en silencio su admiración por ella. Su emoción de cada momento que había pasado a su lado. De pronto, todo se paró. Todo en mi se apagó al escucharla decir “Estoy tan enamorada”. 

Cerré los ojos y las lágrimas no tardaron en salir. Tapé el micrófono del teléfono con mi mano, para que no escuchara mi llanto. Ella estaba feliz.

Pepilla Grilla

-¡Dile que pare! ¿Qué estas haciendo? ¡No sigas!

Podía sentir como se desgarraba poco a poco mi corazón. Con cada palabra que salía de su boca, un cuchillo atravezaba mi estómago. No lo podía creer. La forma en la que me describía su sentir, era exactamete lo que yo sientía por ella. 

Los momentos que pasé a su lado, comenzaron a pasar frente a mis ojos. Y seguí con la comparación. Era como tener la pantalla de mi imaginación dividida en dos. De un lado veía nuestra historia, y del otro se dibujaba lo que me contaba. 

Buscaba las similitudes, trataba de encontrar un patrón. Miles de preguntas comenzaron a taladrar mi cerebro. ¿Será que siempre tuve una oportunidad y la desaproveché? ¿Será que no notó todo lo que hice por ella? 

Cosas que yo había imaginado hacer con ella, pero que no me atreví o que dejé para después, era justo lo que me contaba que había hecho esta chica. 

¡¡¡Carajo Ariadna, carajo!!! ¡Si tan solo lo hubieras hecho! Si tan solo hubieras tenido el coraje.  Si tan solo hubieras sido espontánea… De pronto sentí celos. Todo lo que siempre había deseado vivir con ella, lo estaba viviendo con otra persona. 

Maldito universo, ¿Por qué ella tuvo que encontrar a alguien primero? ¿Por qué me haces esto? Si yo soy la romántica aquí. Yo soy la que espera una historia de peli, y ahora resulta que es ella quien lo vive.

Después de maldecir la situación, pasó por mi mente la peor de las preguntas. ¿Será que a Cristi le importa lo que yo estoy sintiendo? ¿Será que se paró por un momento a pensar, si me dolía lo que me estaba contando?

El problema no es el corazón roto, sino el ego destrozado. Sabía que lo mejor era callar, sin embargo,  parecía que mi voz había tomado el control de mi cuerpo. -Te tengo una noticia- dije, -No puedo seguir teniendo contacto contigo…-

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