Hola de nuevo mis queridos lectores. Retomo mi escritura, después de unos meses de pausarla. Hoy, 5 de agosto, decido comenzar este nuevo ciclo del blog, justo el día después de celebrar mi cumpleaños. Me pareció el mejor día para hacerlo. Porque al igual que se inicia una nueva vuelta al sol, podría ahora, comenzar una nueva historia en estas líneas.
Y ¿Por qué no iniciar el día de ayer, que fue el día de tu cumpleaños? Quizá algunos se pudieran preguntar. Pues bien. La respuesta es muy sencilla en realidad. El día de ayer celebraba mi graduación.
Pepilla Grilla
-¿Tu graduación? ¿De qué hablas?
¡Pepilla! ¡Pero claro, no podías faltar! Te explico. Creo que cuando cumplimos años, no festejamos el nuevo año. Festejamos, o por lo menos eso hago yo, el año que terminó. Es algo así como la graduación del año que pasó.
El día de hoy, le contaba esto a una amiga muy querida, (quien por cierto cumple años este día). Ella rio, puesto que suele ocupar el termino “graduarse” para referirse a quien muere. Y no podía estar más de acuerdo con ella. La muerte es la graduación por excelencia. Termina el ciclo de toooooda una vida. Digamos que cada cumpleaños entonces, son pequeñas graduaciones.
¿Qué pasa cuando nos graduamos de la escuela primaria? Celebramos todo lo aprendido. Nos dan los reconocimientos que hemos ganado. Algún premio quizá, a mejor promedio. O tal vez, al mejor atleta. Muchas veces, agradecemos simplemente no haber reprobado y tener la oportunidad de pasar a la secundaria. Nos despedimos de nuestros maestros y de muchos de nuestros compañeros, que ahora inician su etapa secundaria en otra escuela, incluso en otra ciudad. Algunas veces reímos al recordar, todas las anécdotas que vivimos durante esos maravillosos años. Otras, nos llenamos de melancolía y lloramos al saber, que esa etapa ha terminado.
¡Vaya remolino de emociones! Pues bien, es así como comparo cada celebración de cumpleaños. El día de ayer, celebré cada enseñanza. Agradecí a cada maestro y cada alma que cruzó mi camino en estos 365 días. Di un vistazo atrás, para ver el camino recorrido en estos 32 años. Pero sin duda, este último año fue uno de enorme crecimiento personal.
Les agradezco a ustedes queridos lectores, puesto que me acompañaron en la primera mitad del año. Recorrieron junto conmigo, un gran trecho. Compartieron muchas experiencias que cambiaron por completo mi vida. Este blog para mi, fue una de las tareas más difícil, pero también, la más satisfactoria. Expresar en cada línea mi sentir, era volver a vivir. Pero es justo por esa razón, que resultó tan sanador y es por eso, que el día de hoy les agradezco su lectura. Un escritor sin lector, no existe.
La segunda mitad de mi año 32, decidí no compartirla tanto. Comencé un proceso un poco aislado. Pasé de saltar del barco, a ese océano agitado; a naufragar un poco a la orilla de ese pequeño pedazo de tierra. Después de respirar tanto tiempo aquella agua salada, sentarse en la arena, simplemente a contemplar, es muy reparador.
Aunque debo confesar que la paciencia, no es mi mejor virtud. Así que naturalmente, la “inactividad” pasó de darme paz, a causarme miedo. Y es que claro, cuando uno pausa, despierta. Ves con más claridad, escuchas con mayor atención, sientes con gran profundidad. Y eso, es totalmente, abrumante.
Es así como en esa segunda mitad, terminé completamente perdida. Después de salir de las profundidades del océano, traspasar esas enormes olas y destruir las paredes de ese laberinto, me encontré frente a las puertas del universo. Un universo infinito. Abrí las puertas esperando encontrar una recompensa inmediata. Quizá vería una hermosa galaxia, tal vez flotaría a un lado de la luna, o vería nacer una estrella. Pues no fue así. Me encontré con un enorme agujero negro, que absorbía y absorbía, pero nunca llenaba aquel vacío que parecía venir de su centro.
Dicen que, para encontrarte, primero hay que perderse. Pues hoy me encuentro perdida. Pero si no te puedes perder más, pues entonces, no hay nada que perder. En el camino espiritual, reencontrarte y recordar a qué veniste, es un proceso que no se puede acelerar. Porque, hay cosas que se entienden con la razón, pero no se sienten en el corazón. Y, por el contrario, hay otras que las sientes en lo más profundo de tu ser, pero no logras entender.
Pepilla Grilla
-¿Es eso una adivinanza?
No Pepilla, si lo fuera, habría sólo una respuesta. Es verdad que, al abrir la caja de pandora, el caos se desata. Pero sin caos, no hay creación. Sin creación no hay vida. Así que, bendito el caos que desató mi año 32. El día de hoy, comienzo mis 33 con gran emoción. Lo único que se puede hacer cuando se está perdido, es explorar. Así que te invito a que tomes el otro extremo de la soga y encontremos juntos, un nuevo camino de regreso a casa.