Solemos utilizar la expresión “es todo un arte” para expresar lo difícil y el gran trabajo que involucró hacer una cierta acción o trabajo. Y no necesariamente hablamos de una obra artística, aunque quizá la expresión tiene su origen precisamente en lo meticuloso y el gran trabajo que involucra terminar una obra de arte.
Así que me parece interesante utilizar esta frase al referirse al “no hacer”. ¿Cómo “hacer nada” puede ser difícil? ¡Solo tienes que … existir! Pues sí. Estamos tan acostumbrados y acondicionados al constante movimiento, a la acción, que cuando nos volvemos pasivos, enloquecemos. Cuando alguien para, lo tachamos de “flojo”, por no decir otra palabra que solemos utilizar en México y que involucra huevos.
La verdad hacer nada es sumamente difícil. Porque muchas veces pensamos que “hacer nada” es estar acostado o sentado (es decir sin movimiento) pero inmediatamente nos ponemos a hacer algo. Leer un libro, escuchar música, ver televisión, ver redes sociales o incluso dormir. Pero eso es trampa. Porque se está haciendo algo. Se está leyendo un libro, escuchando música, viendo televisión, revisando redes sociales o durmiendo. Entonces mas bien, en lugar de decir que está haciendo nada, hay que cambiarlo a “no está trabajando”. Porque en realidad eso es. Las actividades de “ocio” son mal vistas muchas veces, porque te impiden de “trabajar”. De generar activos económicos.
Hago la aclaración del trabajo económico, porque existe otro tipo de trabajo que muchas veces es menospreciado. El trabajo interno. Y es dejado en segundo plano, porque nos han enseñado que lo prioritario está en generar y generar dinero para poder consumir. Eso, vivimos en una sociedad consumista, por lo tanto, es lógico que lo principal sea generar el medio que te permita, precisamente, consumir más.
Afortunadamente, en los años recientes, se dio un avance fuerte en el cuidado del ser. Se habla más de las emociones, de los problemas que genera el exceso de trabajo, se habla más de los trastornos mentales, muchas veces resultado de la falta de encuentro interior.
El “hacer nada” te da justo eso. Un encuentro con tu interior. Cuando se hace nada, te encuentras con mucho. La calma es el movimiento más grande. El silencio, el ruido más aturdidor.
Es aquí cuando decimos que hacer nada es un arte. Porque llegar a este punto resulta bastante incómodo, por lo tanto, buscamos la forma de distraernos de todo ese movimiento que comienza a generarse en el interior, de todo ese ruido que se genera dentro.
Entonces sí, definitivamente hacer nada cuesta mucho. Incluso para los más experimentados en meditación. Me atrevo a decir que es más difícil para ellos, pues son más consciente de cuando se «hace» y cuando se «está».
Últimamente me he sentido muy cansada. Comencé a preguntarme ¿Por qué estaba cansada si no estoy “trabajando? Estoy en un tiempo, digamos, sabático. No he tenido tanto “estrés”, tantos “deberes”. Entonces, ¿Por qué este agotamiento?
Bueno pues descubrí que mi cuerpo me pide hacer nada. Que, aunque no estoy “trabajando”, estoy activa. En todo este tiempo de “descanso”, en realidad no he descansado. Me he dedicado al análisis. Sí, es verdad que tengo tiempos de poco movimiento físico, pero mi mente ha estado a mil. Porque hacer nada también involucra no sobrepensar.
Llegué a la conclusión, sí al analizar, que mi agotamiento físico es en realidad agotamiento mental. Paradójicamente, en mi constante reflexionar, me di cuenta que mi análisis era en sí una forma de distracción. Estaré «haciendo nada» pero en realidad estoy haciendo algo. Estoy tratando de resolver situaciones internas. Quizá una forma de tratar de justificar el simplemente estar.
Así que hoy más que nunca puedo decir que “hacer nada es un arte”.