53. 11/11

Un día antes del mágico portal del 11 de noviembre, despierto algo melancólica. No quiero salir de la cama. No quiero dormir más, simplemente el calor y peso de las cobijas, me da la sensación de estar recibiendo un abrazo. Generalmente soy la primera en salir de la cabaña, pero esta vez escucho a Mextli y Venus comenzar su día.

Por fin me animo para salir. Decido hacer una práctica de yoga kundalini. Mi amiga Venus me acompaña. Me alegra que lo haga, de lo contrario, hubiera sido difícil realizar la sesión completa.  Realizamos la práctica en el único espacio de “Tierra corazón” donde hay señal de internet, ya que nos guiamos de un video de youtube. Al terminar, aprovecho la conexión y le envío un mensaje a Cristi.  Nuestra amistad continuó después de nuestro reencuentro en Valencia, ¿lo recuerdan?, (si quieres refrescar tu memoria, te recomiendo leer la entrada “el final del laberinto”)  

Habían pasado ya 2 años de aquel evento. Hablábamos constantemente por mensaje, por no decir diario. La distancia geográfica, parecía habernos acercado aun más. Así que naturalmente, le escribí para contarle mi estado de ánimo. No había pasado ni un minuto de haber enviado el mensaje, cuando recibo una llamada de su parte. Algo completamente inesperado, porque, aunque manteníamos comunicación constante, dejábamos las llamadas para ocasiones extraordinarias.

Mi corazón se acelera, y rápidamente una sonrisa dibuja mi rostro. Quiere saber el por qué de mi melancolía. Yo no tengo una respuesta clara. En realidad, no sé la razón específica, solo es mi sentir.  Para distraerme un poco, comienza a platicarme sus nuevas experiencias, ya que tiene unas cuantas semanas de haberse mudado a otro país. La escucho con atención y decido sentarme en el único espacio donde hay sol. Pocas veces había salido y había que aprovechar para tomar unos cuantos rayos y sentir el rico calor del sol de la mañana.

De pronto, ese acogedor abrazo del sol, acompañado de su voz al teléfono, apachurró mi corazón. Comencé a llorar en silencio para que no me escuchara. Tenía tantas ganas de darle un abrazo, había pasado tanto tiempo del último.  Llegaba el momento de contestar a lo que me platicaba, así que suspiré profundo para cortar las lágrimas. A un momento, la llamada pasó a ser una videollamada. Tendría la oportunidad de verla, con la excusa de mostrarle la hermosa vista que tenía en ese momento. No tendría mi abrazo, pero por lo menos una imagen.

No esperaba para nada, la imagen que me tocaría ver. Como era temprano, ella se encontraba aún en la cama. Y para mi suerte, o no tanto, ella suele dormir desnuda. Por supuesto que estaba cubierta por las sábanas, pero era una imagen extremadamente sensual.

Me quedé atónita por un momento. Traté de disimularlo, aunque creo que fue muy obvio el gusto que me causaba dicha imagen. De pronto, la realidad me golpeó a la cara. El placer se convirtió en desdicha. Mis sentimientos por Cristi, no habían cambiado. Dos fuerzas me jalaban hacia extremos contrarios. Por un lado, quería terminar la llamada, apagar cualquier fuego que estuviera prendiéndose, olvidar esa imagen y continuar como si nada hubiera pasado. Tan amigas como siempre. Por otro, no quería que la llamada terminara nunca. Podría mirar sus ojos eternamente. ¿Increíble no?, una hermosa mujer, sensualmente cubierta con la sabana, sugiriendo su cuerpo completamente desnudo, y yo, encantada por su mirada.

Poco antes de terminar la llamada, me recuerda que el día siguiente es un día portal. Es un día poderoso.  Es un día para estar agradecidos. Me recomienda hacer una lista de todas las cosas por las que estoy agradecida. Quizá de esa forma, mi estado de ánimo cambie. Yo lo único que quiero es gritarle al universo mi desdicha de no estar con ella.

El resto del día, mi melancolía se convierte en enojo. Estoy furiosa porque comienzo a darme cuenta lo que vine hacer a “Tierra corazón” y me niego por completo a entrar de nuevo en ese lugar.  Uno cree superadas ciertas cosas, cuando en realidad, solo las pusimos en pausa, engañándonos a nosotros mismos, creyendo haber dado vuelta a la página.  

Dicen que el portal 11/11 representa la intuición, la conexión con lo espiritual. Y ahí, una vez más, sentada frente a los árboles, me doy cuenta que ha llegado el momento de tomar una decisión. Con la vista nublada por la neblina, comencé a ver mi pasado con claridad. Sé muy bien lo que hay que hacer, y aunque quiero decir que no estoy lista, sé en lo más profundo de mi corazón, que ha llegado el momento.

Y aunque es tan claro, levanto mi cabeza al cielo y pido una señal. Pienso en mis enseñanzas del yoga y sé que no estoy sola, sé que esto pasará, pero necesitaba encontrar la fuerza para hacerlo. De pronto siento la necesidad de ver mi teléfono. En automático, abro mis redes sociales y aparece frente a mí, una publicación, de nada más y nada menos, que de mi maestra de yoga. Mi cuerpo se estremece. La energía me ha contestado. Es un pequeño escrito. Leo el título, mi fuerza se desvanece por completo, tengo que tomar asiento e inmediatamente comienzo a llorar:

“Ten la fuerza para dejar ir.

Por favor, ten la fuerza de dejar ir a las personas que dejan tu corazón confundido. Deja ir a las personas que te hacen sentir que no eres suficiente. Deja ir los miedos que te mantienen sosteniendo algo que duele, algo que es pesado, algo que te hace sentir incomprendida, indigna o en guerra contigo. Deja de esperar que las personas cambien. Déjalo ir. No te permitas obligarte a estar cómoda en espacios que te quedan chicos, teniendo que recordarte y obligarte a encajar. El amor no lastima, no hiere. El amor no debe darse en cantidades mínimas. Tiene el poder de dejar ir cualquier cosa que te obligue a olvidarte de quien eres, de dejar ir eso que te neutraliza. No ignores lo que sabes en tu corazón. Promete defender tu corazón. ”

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