¿Por dónde empezar? Suele ser, obviamente, la primera pregunta que nos hacemos al emprender un nuevo proyecto. Respuestas hay muchas, creo que dependerá de cada persona cual sea la ideal.
Como podrás imaginarlo, a mí me funciona mucho escribir. Vaciar mis ideas al papel, lo hace más accesible. Mi cabeza va al mil por hora, con cientos de posibilidades, que poder analizarlas todas, es realmente imposible. Peor aun, si me engancho en alguna de ellas, mi mente comienza a divagar por horas y luego aterrizar esa idea en la realidad, es una tarea titánica. Es por eso que, al escribir, comienza a tomar forma digamos, material.
“Las ideas en tu cabeza, no existen” solía decirles a mis alumnos de guion. Hasta el momento, no podemos escuchar los pensamientos de alguien más, no podemos verlos. Y aunque sí que podemos habitar nuestros propios pensamientos, la verdad es que olvidaremos gran parte de ellos. Por mucho que digamos que no se nos olvidará aquella gran idea que surgió de lo más profundo de nuestro ser, lo más probable es que en efecto, la olvides ó sea interrumpida por otra idea igual de maravillosa. Nada como registrarlo, de forma tal que podamos acceder a ella en otro momento.
Así lo hice. Apuntando a forma de lluvia de ideas todo lo que me venía en mente. La verdad no soy mucho de armar rompecabezas, pero comenzar a darle sentido a todo ese listado, se parecía demasiado a dicha actividad. Entre piezas que a primera vista parecen no tener nada común entre sí, poco a poco la figura comenzaba a tener forma.
Aquí es donde entra la creatividad. La mente esta diseñada para resolver acertijos y la resolución de este, era crucial para continuar con mi camino. De pronto, me sentí en el momento clímax de la película, donde todas esas escenas que vimos con anterioridad, finalmente tienen sentido. Esa escena donde recorres pequeños momentos vividos, hasta llegar al inicio y que juntos son la clave que abre el cofre del tesoro.
¡Lo tengo! ¿Cómo es que no lo vi antes? Había encontrado el perfecto proyecto para mí, uno que unía todas esas cosas que me gustan. Además, es un proyecto que, por su naturaleza, me daba la oportunidad de renovar continuamente. Algo sumamente importante para mí, dada mi alta curiosidad para adentrarme en cosas nuevas.
Mi corazón saltó de alegría y certeza. Casi que podía ver, oler, escuchar, sentir y saborearlo. Fue como si pudiera por un instante, viajar entre dimensiones para colocarme en este proyecto realizado. Vivir en el instante presente, ese proyecto consolidado en el futuro. Un sueño lúcido podríamos llamarle.
Seguramente ahora estarás preguntándote de qué proyecto estoy hablando. Bueno, la verdad no quiero contar demasiados detalles por ahora, pero te puedo adelantar que se trata de una cafetería. ¡¿Qué?! ¿Tanto escándalo, tanta poesía por una cafetería? Pues sí. Un espacio completamente diseñado con todo aquello que me apasiona.
La verdad estoy muy emocionada de llevarlo a cabo. ¿Pero saben qué es lo más hermoso de todo? Recibí una gran señal de que había encontrado el camino correcto. Toda esta vivencia que les cuento, aquel viaje multidimensional, todo ese imaginar y sentir, todas esas horas invertidas en aterrizar ideas al aire en un proyecto palpable, recibían su visto bueno.
Cuando por fin pude externar en una sola palabra qué es lo que haría, totalmente confiada de mi decisión, viendo el sol levantarse, la neblina disiparse, el viento mover los árboles, con gran alegría y después de un largo suspiro de satisfacción, giro mi mirada hacia la taza de café que me acompaña cada mañana. Mis ojos no lo podían creer. Mi bebida favorita me daba una sonrisa de vuelta. La espuma del café había formado una bella cara sonriente. ¡Qué mejor confirmación que esa! Sonreí al instante sabiéndome acompañada por los elementos que me rodeaban. Sabiendo que el principal elemento de una cafetería, aprobaba mi decisión. Sonreí durante todo ese día. Sonrío ahora que te lo cuento y sonrío cada que lo recuerdo.
Y cada que cumples una etapa, la pregunta inicial vuelve a aparecer. ¿Por dónde empezar? Aunque parece que vuelves al punto de partida, la verdad es que no, simplemente se tiene que trazar la ruta para el nuevo escalón a subir. Hoy me encuentro trazando el mapa de los primeros pasos de este hermoso proyecto, del cual créeme, te mantendré al tanto.
