Normalmente hablamos de que todo lo que nos pasa en la vida, son lecciones a aprender. Solemos decirnos o preguntar a los demás ¿Qué tienes que aprender de esto? Pero ¿Qué tal que la lección no es para nosotros mismo? ¿Qué tal que si lo que nos sucede es para alguien mas?
No se cómo se sintieron ustedes la semana pasada, pero para mí, esa luna llena de escorpio fue como un puñetazo en el estomago que te deja sin aliento. Afloró inseguridades, miedos que creí superados y emociones que se habían guardado.
Naturalmente, Cristi surge de nuevo a la superficie. Llevaba ya algunas semanas que me encontraba bastante tranquila. Aunque cada día había estado presente en mis pensamientos, no tenía la necesidad de estar en contacto. Creí que quizá, ya lo más difícil había pasado.
Es justo en ese momento, cuando pensé cruzada la meta, que la nostalgia invade. Ese nudo en la garganta queriendo contarle todas las cosas que me han sucedido. Ese dolor en el pecho, extrañando escuchar su voz a contarme su día a día. ¿Qué estará haciendo? ¿Estará bien? ¿Será feliz? Acaso, ¿me extrañará de la misma forma que yo a ella?
La tentación de entrar a ver sus redes sociales, en búsqueda de contestar todas esas preguntas, era enorme. Aun más, las ganas de tomar el teléfono y marcarle para volver a sentirla cerca. “Solo será esta llamada” o quizá mi ansiedad se alivie tan solo con ver su perfil de Instagram. “Solo será esta vez, será la última”.
De pronto, recordé la promesa que estaba intentando olvidar. Una promesa que me había hecho en silencio y que hoy retumbaba con fuerza.
Debo confesar que cuando corté contacto con Cristi, no lo hice completamente. De vez en cuando, entraba a ver alguna que otra publicación suya y eso aliviaba mis ganas de marcarle. Opté por ese alivio instantáneo, pero que al final no aliviaba nada, sino por el contrario, me mantenía ahí, en una falsa sanación.
¿Cómo podía quitarme esa dependencia? Las meditaciones comenzaron a quedarse cortas. Mi voluntad por si sola, no era suficiente. Necesitaba de un motivador. Algo que me impulsara a lograr pasar cada día.
Fue entonces cuando me vino a la mente esa persona que sería mi motivación: mi abuela. Verás, ella tuvo una operación de rodilla hace algunos años, la operación en sí, había sido un éxito, la recuperación no tanto. Un absceso no ha dejado de aparecer desde entonces. Es muy difícil para ella, no tocarlo. Busca de una u otra manera, drenarlo en búsqueda de un pequeño alivio a su dolor.
Todos en la familia solemos decirle que deje en paz su rodilla. Que la constante manipulación no ha dejado que se alivie. Pues como te podrás dar cuenta, su situación es bastante similar a la mía. ¿Con qué cara podría yo decirle que deje su rodilla, si yo no podía dejar de tener alguna forma de contacto con Cristi? Sería bastante incongruente de mi parte ¿no lo crees?
Frente a esta situación, me prometí que yo me mantendría firme en mi decisión del cero contacto con Cristi, y sería hasta que pudiera mantenerlo por al menos un mes, para que pudiera expresarle algo a mi abuela.
Durante ese tiempo, había días que cuando estaba a punto de declinar, pensaba en mi abuela. «Si tu puedes, ella puede» Así que resistía un día más. Al día siguiente, volvía a tomar fuerza y resistía un día más. Hay días más difíciles que otros, pero ella ha sido mi fortaleza.
Descubrí en ese momento, que quizá la operación de mi abuela no contenía una lección hacia ella. Creo firmemente que nuestras almas, firman contrato con otras almas antes de venir a la tierra. Se ponen de acuerdo sobre cuál será el papel y la participación en la vida de cada una de ellas. Nuestra alma elige los personajes que representaran su obra llamada vida.
Sinceramente creo que Cristi firmó el contrato y aceptó rechazarme en esta vida, porque con su rechazo, yo tendría un gran despertar espiritual. Pero mi alma sabía perfectamente que no sería nada fácil atravesarlo. Para lo cual, necesitaría del apoyo de otras almas. Mi abuela es sin duda, una de ellas.
Ella sabía que, con su operación y más específicamente con los años siguientes llenos de dolor, sería mi mejor motivante para mantenerme firme; para encontrar esa fuerza de voluntad que me permitiría soltar, un día a la vez, mi dependencia.
Hoy me pregunto, si en verdad hay que aprender algo de todo lo que nos sucede. Quizá la lección será para otros. Quizá lo que nos sucede, es solo el detonante para el despertar de alguien más.
No lo sé, lo que sí estoy segura, es que hoy me encuentro muy agradecida con mi abuela, porque al aceptar vivir toda esa experiencia dolorosa, yo he podido resistir. No sé si hay una lección para ella, no se si hay una lección para alguien más. Lo que sí sé, es que hoy, con su dolor me libera.