60. La doble.

La otra noche tuve un sueño muy particular. Me encontraba grabando una película. Fue extraño porque parecía estar en varios sitios a la vez.  A momentos me encontraba en un set filmando una escena importante, siendo yo el papel protagónico, en otros yo me encontraba dirigiendo esa misma escena. En otros más, yo estaba como asistente de producción, a veces era un extra e incluso la doble de riesgo.

Aunque te platico esto por separado, en mi sueño todo sucedía al mismo tiempo. Esas cosas extrañas que parecen solo suceder fantásticamente, pude ver a detalle cada una de esas escenas pero sabía muy bien que todo estaba pasando en el mismo momento.

En donde más tiempo parecía que había estado, era en mi escena de riesgo. Nos encontrábamos en una especie de crucero. En la trama, algo triste sucedía con el personaje, sin esperanzas, se aventaba al mar desde una gran altura. Muerte segura. Antes de grabar dicha escena, inspeccionaba cada detalle.  En el break del lunch, toda la producción se había reunido a comer.

Buscando un poco de atención, comenzaba a platicar sobre mi gran hazaña de acción que estaba a punto de hacer. Dejaba ver el nervio que me daba aventarme al vacío. Así que los encargados de seguridad, me explicaban que no había nada que temer. Usaría un arnés, además que de caería en una malla protectora que a su vez amortiguaba la caída en un gran suave salvavidas que se encontraba flotando en el agua. Ni siquiera tocaría el agua y había todo un equipo supervisando la escena. Estaba increíblemente estudiada, nada de que preocuparse.

Dado que todo parecía controlado, mis lloriqueos no tenían lugar. Así que mi drama debía ser enfocado a otra cosa. Inmediato comencé a quejarme de que nadie salvaría a mi personaje. ¡Oh que desgracia! Parecía que era una escena abierta. Cabía la posibilidad de que alguien llegara a interrumpir la terrible caída de mi personaje, aunque también, mi personaje podría apresurarse y aventarse a lo que sería el final de su historia. Yo no sabría hasta el último momento si me salvarían o no. Podría ni siquiera tener que aventarme, pero entonces, no tendría la increíble hazaña a contar después.

Me quejaba de que nadie me salvaría, pero al mismo tiempo, deseaba que nadie lo hiciera, para poder tener material después para mi victimismo. “Nadie vino y entonces tuve que saltar.” Sabía perfectamente que lo que más deseaba en realidad, era aventarme y poder ser vista como esa chica valiente que logró la tan peligrosa escena.

El director de la película, me pedía que no me preocupara por eso. Ya llegaría el momento de filmar y todo estaría preparado. Además, no era la única que lo haría, ya otros lo habían hecho y muchos faltaban por pasar. ¿Cómo? ¿No soy yo la única?

Los que se encontraban alrededor de la mesa, comenzaban a hablar de sus experiencias.

-Por mí vinieron 3; -Por mí 2; -Yo no tuve que saltar, vino mi madre; -Por mí, mi padre; -Yo me detuve en el último instante y decidí no saltar…

De pronto, era como si mi memoria se refrescara. “Claro, nadie tiene que saltar.” Pensé.

Una chica muy seria escuchaba atenta. Me miraba fijamente y casi en reclamo decía , -Por mí no vino nadie.

 ¿Cómo? Nadie la escuchaba, nadie le prestaba atención. No es posible. Recordaba su escena, claro que debía llegar alguien.

-Sí debían llegar ¿Cómo no? Yo le replicaba.

-Nadie llegó- Volvía a decir.

De pronto todos reían, se cruzaban miradas. Al parecer, se habían entretenido en algo y no habían llegado a tiempo. Yo me sentía fatal. Había estado toda la comida haciéndome la mártir, de que nadie iría a salvarme, de que me tocaría saltar, cuando frente a mí, alguien en verdad había saltado y no se quejaba.

Sentí mucha compasión por esa chica, que en un rincón sufría en soledad; mucha vergüenza por no haberla ayudado. Quizá si no hubiera estado tan preocupada por mi futura escena, podría haber estado más presente en lo que se estaba grabando.  De hecho, ni siquiera me había dado cuenta, que todos ya habían grabado dicha escena.

El director reía junto con los demás, me volteaba a ver y con total seguridad y una leve sonrisa en su rostro me decía -Tranquila, esto es solo una película.

Desperté. Primero me invadió una enorme confusión por ese sueño tan extraño. Pero luego, conforme fui tomando conciencia de la realidad, me di cuenta que de extraño no tenía nada. Mi sueño era el perfecto reflejo de la vida. Mi alma, la directora y guionista de esta película y yo, representaría cada uno de los papeles en algún momento de mi vida.

¿Cuántas veces no he estado presente en la escena que me toca grabar? ¿Cuántas otras me he victimizado queriendo llamar la atención? ¿Cuántas otras he olvidado que yo misma elegí actuar?¿Cuántas otras no me he dado cuenta que todo está perfectamente organizado? Que me encuentro a salvo.

Quizá este sueño me vino a recordar que a veces nos tomamos muy enserio la vida. No hay escena que dure para siempre, bien valdría disfrutar al máximo de cada una de ellas.

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