62. El día 28

Escribo esta entrada el día 28 de la meditación, de 40 días, que me encuentro haciendo. Sin realmente planearlo, al momento de comenzar a escribir me doy cuenta de esto. En general, suelo tener listas mis entradas para los días martes. Con cierta resistencia a escribir, es hasta el día de hoy que lo hago. Quería comenzar esta entrada, compartiendo el día en el que me encuentro de la meditación, puesto que lo que te contaré, tiene que ver con lo vivido durante estos días. Para mi sorpresa, hoy es el día 28.

Como ya te lo he contado en otras entradas, los días 28 son especiales para mí. Hay algo en ese número que marca inicio, finales o eventos importantes en mí vida. Vaya, incluso hasta aparece en mi película favorita “Retrato de una mujer en llamas”, resulta ser el número de la página de un libro, que será clave en una escena  (no cuento mucho por si no la has visto y la quieres ver, te recomiendo ampliamente que la veas). En fin, me parece interesante que justo hoy salga esta entrada.  ¿Coincidencia? No lo creo. Quizá hay algo más profundo que me quiere decir este número, pero eso será análisis para otro momento, por ahora, solo me parece curioso.

Pues bien, como en todas las meditaciones que he hecho durante 40 días seguidos, existen días fáciles y otros difíciles. Algunas veces parece que la meditación transcurre en un segundo y otras, donde parece que no tiene fin. La incomodidad que uno va sintiendo es muy particular. Por lo menos para mí, casi siempre comienza con sensaciones físicas. Comienza por ser cansado estar sentado, molesta la espalda, se duermen las piernas, en esta meditación en particular, se me dormían hasta las manos y sentía una sensación de hinchazón en los dedos, aunque en realidad se encontraban perfectamente normal. Una vez terminada la meditación, como por arte de magia, las sensaciones desaparecen.

Pero conforme avanzan los días, la incomodidad comienza a ser interna. Algunas emociones salen a la luz, algunas preguntas encuentran su respuesta, nuevos cuestionamientos aparecen haciendo pesada la meditación y es en este punto, cuando muchas veces uno tira la toalla. Me ha pasado más de una vez, que a mitad del camino me dejo vencer. En este tipo de prácticas o meditaciones, es importante no dejar de hacerlo ningún día. Si por alguna razón, dejas un día sin hacerla, debes volver a empezar. Ahí se encuentra la dificultad de lograr llegar a los 40 días.

Para cuando llegamos justo a la mitad, realizamos un compartir con el grupo que nos encontramos haciendo esta meditación. Es interesante ver algunas similitudes en los procesos que vivimos, sobre todo al inicio. Quizá eso se deba, por como te decía, que todo comienza con el cuerpo físico. Porque, a medida que avanza, parece ser que a cada uno comienza a mostrarnos cosas muy distintas.

Comenzamos a darnos ánimos unos a otros y a un punto yo comentaba, que se me estaba haciendo cada vez más difícil realizar la meditación. Alguien dijo que lo tomaba como un reto. Cuando se sentía con desanimo para hacerla, pensaba en ese reto a vencer y se motivaba. Sin embargo, nuestra guía nos invitó a verlo de otra forma. Más que un reto, es un compromiso contigo. ¿Qué tanto te cumples a ti mismo?  

Eso resonó en lo más profundo de mi ser. La verdad, la última semana había pensado en desistir. Realmente me estaba costando trabajo realizar esa meditación y tan solo es durante media hora, pero eran unos minutos realmente incómodos. Sin embargo, pensaba en la intención del inicio. Esta practica ayuda a trabajar el lado masculino de nuestro ser, pero también, se podía intencionar, para alguien del sexo masculino de la familia. Sin pensarlo demasiado, lo dediqué a mi papá.

Así que, cuando pensaba en dejar la meditación, recordaba la intención que había hecho. No podía dejar la práctica a la mitad ¿Cómo podía hacerle eso a mi papá? Pero, cuando nuestra maestra nos invita a comprometernos con nosotros mismos, naturalmente me sacudió por completo.

-“No hay nada más atractivo que hacer lo que te prometes”. Dijo.

Su mensaje me dejó reflexionando el resto del día. En realidad, es algo que vengo reflexionando desde hace un tiempo y que de hecho te compartí parte de esa reflexión en mi entrada pasada. ¿Por qué me comprometo para los demás, pero no para mí?

Ahí estaba, noche tras noche, sacando ánimos para realizar mi práctica, porque la había dedicado a mi papá. Para nada pensaba en mí. La meditación, en primer lugar, es para mí y lo había olvidado por completo. ¿Por qué el compromiso conmigo misma no era suficiente? ¿Por qué debía tirar de alguien más para motivarme?

Hoy es el día 28 y te quiero compartir lo difícil que ha sido para mí cumplir lo que me prometo. Pero quizá hoy, como todos mis 28 significativos, será el día que eso comience a cambiar.

Deja un comentario