65. “Lo que niegas te somete…”

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” frase del psicoanalista Carl Jung, que explica muy bien la razón por la que vivimos bloqueos.

Hemos hablado en otras entradas sobre la importancia de escuchar la voz interna, esa que llamamos intuición. El problema es que muchas veces se confunde con otra voz, la del ego. ¿Cómo saber la diferencia?

Una te hará avanzar y la otra claro, te bloqueará. La cosa es que no será tan fácil distinguir cuál es cuál.  Cada decisión que tomamos, nos va llevando hacia una nueva versión de nosotros mismos, ahora, ¿Qué tanto queremos cambiar?

Todos queremos ver frente al espejo, a esa versión optimizada. Sin embargo, las mejoras no siempre ocurren de la noche a la mañana, incluso, a veces se siente como dar un paso atrás. Es como cuando limpias un cuarto a profundidad. Para limpiar los cajones y el closet, primero sacamos todas las cosas en ellos. Al principio todo lo hacemos con mucho ánimo, ponemos las canciones que nos ponen de buenas para motivarnos.

De pronto, nos damos cuenta que aparentemente el cuarto ahora está más desarreglado. Todo el piso, la cama o las mesas se encuentran llenas de tantas cosas que, hay que elegir qué se queda y qué se va.  Vas por aspiradora, sacudidor y dejas las repisas impecables, los cajones como nuevos. Pero, aun falta volver a acomodar, claro, después de la debida selección de lo que es basura y lo que quizá se pueda regalar o vender. En esos momentos, comienzas a preguntarte si fue buena idea limpiar a profundidad. Ya estas cansado y comienzas a estar irritable.

Muchas veces paramos aquí y volvemos a meter todas las cosas sin una selección previa. Otras veces, al pensar en todo el trabajo, ni siquiera comenzamos y dejamos que los cajones sigan acumulando polvo y basura.

Cuántas veces negamos la necesidad de limpiar ese cuarto. Vamos postergando la actividad hasta que lo acumulado se desborda y lo peor es que no nos damos cuenta, que todo eso guardado, va robando nuestra energía y nos va causando un malestar. Aunque lo neguemos, en el fondo, sabemos que tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a la limpieza y a cada día que pasa, más pesado se nos hará. Eso que negamos, al final nos condena.

Por el contrario, cuando aceptamos la limpieza, ponemos manos a la obra y con la mejor actitud llegamos al final. Es ahí cuando tenemos una hermosa recompensa. El cuarto ahora está impecable. En los cajones ahora hay más espacio. De alguna forma, se siente hasta más grande el cuarto. El cansancio y tiempo dedicado, ha valido la pena.

La intuición fue la voz que te sugirió la limpieza; el ego, fue la que trató de impedir dicha acción, esa que te aconsejaba dejarlo para después : “Quizá sea mejor el fin de semana o a fin de mes” “ Quizá convenga pagarle a alguien para que realiza la limpieza”.  En efecto, el ego te pondrá caminos cortos o fáciles. Sin embargo, aunque en verdad que te puedes ahorrar limpiar el polvo al contratar a alguien para hacerlo, nadie podrá elegir lo que ya no sirve, lo que se regala o se vende. Bueno, claro que se puede, pero podría pasar que desechen algo que es valioso para ti.

La intuición sabe lo que a la larga es mejor para ti. El ego, solo quiere estar cómodo.          

El problema con esto, es que muchas veces podríamos complicarnos las cosas, pensando que es la intuición la que nos guía. A veces el ego se disfraza de intuición para llamar la atención. Así tenemos que nuestra mente, podría hacernos una mala jugada. “Si limpiar el cuarto nos hace bien, pues limpio toda la casa, eso seguro me hará mega bien.” Y sí, es verdad que sería una buena acción, pero, el ego te hará hacerlo todo el mismo día. De nuevo, el ego quiere el camino rápido. “Termino hoy”.

Pero claro, si en tu agenda tienes varios pendientes, lo más probable es que termines con un cansancio extremo al final del día o podrías no cumplir otra actividad  (quizá de tu trabajo, que tiene una fecha de entrega próximo). Quizá el ego lo que no quiere es trabajar, así que se inventa la urgencia de limpiar la casa. Como resultado, sí tienes una satisfacción por tu casa impecable, pero ahora el estrés está a tope porque no te dará tiempo de terminar tu trabajo y por ende, la consecuencia a tu falta, te habrá condenado.

¿Te fijas que lo que negaste, te sometió? Sí, lo que negaste fue tu trabajo. Aceptaste la limpieza, pero eso no era lo que necesitabas. Aquí el ego se disfrazó de intuición, saboteando la elección que era mejor para ti en ese momento, haciéndote procrastinar de tu trabajo, al realizar la limpieza.  

¡Uff, qué lío! Te dije que diferenciar al ego de la intuición, no era tarea fácil. Pero quizá, como todo, la práctica hace al maestro. Detenernos un poco más de lo habitual a preguntarnos de dónde viene nuestra elección, podría ayudarnos a identificar al impostor. ¿Escoges desde el miedo o desde el amor? ¿Qué estás negando ?

Deja un comentario