66. Esto no te pertenece

Recientemente tuve una conversación, donde hablábamos de cómo es que atribuimos cosas a ciertas personas. Esto, evidentemente fue encaminado a toda la relación y situación que viví con Cristi.

Como bien sabes, fue tan fuerte la energía que sentí a su lado, que de pronto casi todo mi alrededor parecía que le pertenecía de algún modo.  Gracias a ella, pude conocer diversos temas, atreverme a hacer cosas que solo había imaginado. Digamos que su compañía trajo consigo, una gran revolución en mí. Comenzó un crecimiento personal a pasos agigantados. Completamente hipnotizada, solía preguntarme, ¿Cómo no amarla? ¿Cómo no amar esa persona que te despertó y te hizo ver otra realidad?

Pues bien, justo por ese enorme agradecimiento y ese enorme amor a su alma, que sacudió la mía, es que comencé a confundir el sentido de pertenencia. De alguna manera, dejé de ver lo que ya de por sí tenía yo dentro y que solo fue cosa de recordarlo o activarlo. También, pasé por alto todo el trabajo que yo había hecho para lograr ese cambio en mí.

Me di cuenta, que esta nueva versión mía, de alguna manera sentía que le pertenecía a ella. Como si todo lo que me enseñó fuera de su completa invención y, aunque así fuera, mi adopción a esos nuevos hábitos en definitiva no le pertenecían.

Por ejemplo, los oráculos de ángeles. Ella fue quien me enseñó a usar esta hermosa herramienta para conectar con ellos. Pues claramente, no es de su invención, pero de alguna forma, en mi inconsciente, cada que los usaba sentía que le debía, algo así, como un pago de regalías.

Hay algunas cosas que sí que son de ella. Por ejemplo, algunas recetas de cocina. Sin embargo, mi decisión de comer saludable pues claramente no le pertenece. Hay otras cosas que son increíblemente absurdas, como el aire, la lluvia, los truenos.  ¿Por qué razón se los atribuía a ella? Al menos que sea Zeus reencarnado en esta vida en su cuerpo, pues difícilmente el clima le pertenece.

Estos son solo algunos de los ejemplos de entre muchas, muchísimas cosas que me di cuenta que le atribuía a ella. Por supuesto, mi mente no se conformó con haberse dado cuenta de esto. Quería encontrar la razón, el origen de esta tan absurda lógica que había decidido creer.

La idea de haber encontrado algo único y especial, la llamada “alma gemela”, “llama gemela” o “Anam cara”, me hizo buscar detalles, señales, conexiones en cada una de las cosas que vivíamos o en cada una de las cosas que le gustan (como el clima lluvioso, por si seguías con la duda de por qué se lo atribuía) De ahí que me aferrara con todas mis fuerzas a ellas. Llegué a la conclusión, de que esa era mi forma de mantener una conexión con ella a pesar de la distancia.

Si algo es especial, es especial porque así has decidido tú que sea. Nos aferramos a tantas cosas como si en ellas estuvieran guardadas los recuerdos. Como si de alguna forma, el lazo que te une al otro, existiera gracias a ellas. Me hace pensar por ejemplo, en las veces que guardamos pertenencias de alguien cuando muere. He escuchado historias de lo difícil que es tirar o regalar la ropa de ese ser querido que falleció. Como si al hacerlo, desapareciera por completo.

 Ese sentido de pertenencia, que tenemos instalada los seres humanos en lo más profundo de nuestro ser, suele hacernos ver, sentir, pensar y hacer cosas completamente irracionales. O quizá deba decir, completamente racionales. Porque mientras más lo analizo, más lógico se me hace mi proceder. Tal vez una tontería, sí, pero una tontería lógica.

Cada día me sorprendo más y más de cuántas cosas he atribuido no solo a Cristi, sino a muchas otras personas a mi alrededor. Más de una vez al día, me encuentro sonriendo, moviendo la cabeza y con un gran suspiro pienso: “esto no te pertenece”.

Trato de no juzgarlo, solo notarlo. Porque la verdad, me parece muy tierno darme cuenta de esa búsqueda constante de cosas especiales. De fuertes lazos que unen almas. Al final, voy descubriendo que todo eso está dentro de mí. Que son mis ojos lo que ven la magia, son mis odios los que escuchan la voz del alma, es mi boca la que saborea la dulzura de la vida, es mi corazón el que siente una caricia. Es mi ser el que ama.

Y aunque el ego teme que no pueda volver a sentir todo eso que sentí, respiro al darme cuenta que en realidad, todo esto me pertenece.

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