¿Recuerdas que te platiqué, hace algunas entradas atrás, sobre un juego fabuloso que conocí en el festejo de mi cumpleaños? Bueno espero que sí, porque hoy quiero profundizar sobre el tema.
“El juego de la transformación” es el nombre de dicho juego que, aunque sea en parte para entretener y pasar un buen rato (como si se jugara cualquier otro juego de mesa), también, es una herramienta tremenda de reflexión y desarrollo personal.
A cada jugador se le otorgan 4 tableros, que hacen referencia a los cuatro niveles que nos componen, (nivel físico, nivel emocional, nivel mental y por último nivel espiritual). Desde aquí ya te podrás ir imaginando, la profundidad con la que se maneja este juego.
Cada tablero está divido en secciones. Una parte llamada “conciencia”, otra de ángeles (guías), otra de obstáculos y una más de “área de transformación”. Estas secciones, se van llenando con tarjetas que se van obteniendo al tirar los dados. Como todo juego de mesa, existe un tablero general, donde cada jugador irá avanzando su ficha por los recuadrados que forman el “sendero de la vida”. Sí, este es un juego muy bien pensado.
Para poder cambiar de nivel, el jugador debe llenar por completo su tablero. De esta forma al hacerlo, habrá logrado trascender en dicho nivel y por lo tanto podrá continuar en el siguiente. El orden es como lo mencioné anteriormente: Físico, emocional, mental y espiritual.
Ahora, lo interesante de este juego es que, al inicio, cada jugador se hace una pregunta. Ese algo que quiere trabajar, contestar o profundizar de su vida. De esta manera, toda la información que vaya saliendo de las tarjetas y la forma en la que se va llenando cada tablero o nivel, te proporciona información con referencia a esa pregunta que se realizó al inició. Funciona digamos, de la misma manera que cuando uno va a que le lean las cartas del tarót.
Me pareció de lo más interesante, ver cómo de verdad a cada jugador le salían cosas relacionadas a su pregunta. Además, el tiempo que uno tarda en cada nivel, también tiene que ver con lo que se está trabajando.
En mi caso, mi pregunta fue sobre qué acciones podía realizar para conectar con mi corazón.
Pues bien, así arrancaba el juego, completamente ansiosa por descubrir la respuesta a esa pregunta, que llevaba ya bastante tiempo rondando mi cabeza.
El nivel físico fue quizá el más movido. Con muchas cartas “ganadas” pero que no me permitían del todo avanzar de nivel. De pronto, sale una carta “Estas detenido en ese nivel por tu inseguridad”. Pum, como cubetada de agua fría. Me hizo reflexionar sobre cómo me mantengo en el plano “físico”, sintiéndome completamente inmovilizada. Esto en específico tiene que ver, con referencia a lo económico. Claro, ¿cómo avanzar de nivel y profundidad hacia mi corazón, si mantengo mi atención en otras cosas? Como artista, creo que eso nos pasa demasiado. La preocupación de la estabilidad, bloquea por completo la conexión con la inspiración y por lo tanto, la creación se limita.
Al poco tiempo de dicha carta, pude avanzar al nivel emocional. Contrario a lo que pensaba, dicho nivel pasó en pocas tiradas. ¿Cómo? Yo imaginaba que, al tratarse del corazón, el nivel emocional estaría difícil de pasar. Pero parece ser que he trabajado tanto en esta cuestión, y tú has sido testigo de esto a lo largo de cada escrito en este blog, que en realidad ya no hay bloqueo aquí. Por lo menos no en esta cuestión.
Fue así como pasé al nivel mental y pues claramente, aquí sí que tardé demasiado en avanzar. Llegó un punto en que quedé “atrapada” en la casilla de la depresión. Sí, existe una casilla con ese nombre y que, al caer en ella, es difícil (o en algunos casos imposible) salir de ella, a menos que otro jugador saque la carta que te libere de ahí. De pronto, sale la carta con el escrito: “Esto es inútil. A este paso no lo vamos a lograr nunca”. Me quedé helada porque justamente ese pensamiento pasaba en ese momento por mi cabeza. Me había dado por vencida. Pensé: aquí se acabó el juego para mí y ni siquiera pude responder mi pregunta.
Claramente pasaría un buen rato en el nivel mental, porque en efecto, soy una persona que suele sobrepensar las cosas. Como les digo, este juego a medida que avanzaba, más me sorprendía de lo atinado que era. Algo mágico en verdad.
Por fin pude salir de la casilla de la depresión, para encontrarme con la respuesta que estaba buscando. Una tremenda carta que anunciaba: “Estas bloqueada en este nivel por tu dependencia.” Me quedé helada. En ese momento, debo confesar, mi mente comenzaba a pensar en Cristi. Hay ciertas actividades (como ya te lo platiqué en la entrada de “Esto no te pertenece”) que me hacen pensar en ella. Naturalmente, este juego era una de ellas. Y como si el juego pudiera leer mi mente, me arroja tremenda confesión que hasta me costó leerla a voz alta.
Son esas cosas que uno sabe perfectamente, pero que cuesta trabajo aceptar. Es verdad que hay cosas que cuestan más trabajo que otras. Hay procesos que tardan más que otros. Pero hay situaciones, a las cuales nos aferramos, no porque no estemos listos para soltar, no porque no hemos trabajado en ellas, sino por ese apego que caracteriza tanto al ser humano.
Preferimos aferrarnos a tener el número correcto de piezas de rompecabezas, aunque estas no formen parte de el.
Y así, vamos armando un diseño irregular, muchas veces, forzando, rompiendo, manipulando esa pieza, que termina desgastada, solitaria e incompleta. Y a su vez, el diseño original, se pierde, dejando huecos imposibles de llenar con esas piezas que no queremos soltar.
Así me sucedía en el juego. Me aferraba a cartas (que podía haber cambiado y evitar caer en la casilla de la depresión) pero que no las solté, buscando llenar más rápido el tablero. Cuando me relajé y comencé a cambiar más fácilmente las fichas, el juego comenzó a avanzar de manera acelerada. Pasé al siguiente nivel, el cual también en pocas tiradas se había completado.
¡Que gran lección me ha dado este juego! Un verdadero espejo de lo que sucede dentro. Es así como estamos cada día, avanzando paso a paso en este juego de la transformación.