73. Para ti, Cristi

Rompí el silencio. Cansada de luchar cada día, durante todo este año, decidí contactarla. Decidí confesar lo duro que ha sido y la falta que me ha hecho esa gran amiga. Aún sabiendo la promesa que le hice hacer, de que no me dejara entrar de nuevo en su vida, pedí nuevamente, una oportunidad de entrar.

Con gran dolor, explicó que no estaba dispuesta a poner de nuevo su corazón a la mesa. Tres veces me fui y cada vez le partí el corazón. Confesó estar enojada, con una gran sensación de injusticia. Cuántas cosas ha vivido este año, y cuánto deseaba haber hablado conmigo. Y justo cuando comenzaba a acostumbrarse a no tener mi amistad, aparezco nuevamente.

En realidad, estaba casi segura de que esa sería su respuesta. Lo entiendo perfectamente. ¿Por qué habría de confiar ella, que esta vez yo sería diferente? ¿Por qué abrir nuevamente las puertas de su corazón a alguien que se ha marchado en varias ocasiones? Y, aunque yo sabía que el rechazo sería casi seguro, aún así me animé a tocar de nuevo a la puerta, pues en el fondo, esperaba que la amistad sobreviviera; que fuera más fuerte que nuestros miedos. Ella miedo al abandono y la terrible sensación de injusticia. Yo con miedo al rechazo y a perder el control.

La verdad, sería atinado decir, que en cada decisión que tomé con respecto a Cristi, fui bastante egoísta. Solo viendo mi “bien estar”. Actuando completamente desde la explosividad de mi mente, pensando que de esa forma, tenía el control. Pensaba que protegía mi corazón y resulta, que fue más doloroso mi actuar y que yo misma, me apuñalé y boicotee una y otra y otra vez culpando a la situación, cuando bien era el resultado de mis propias acciones.

Por mucho tiempo pensé que ella tenía miedo al compromiso. Ahora, me doy cuenta que soy yo, a la que le aterra comprometerse. Solo veía mi reflejo. He saboteado en múltiples ocasiones todo tipo de relaciones y todo tipo de situaciones.

Solía pensar que yo era una excelente amiga. Una persona increíblemente confiable. La verdad, aunque me duela y avergüence aceptarlo, es que no lo he sido. Mi balanza está completamente desequilibrada. Suelo ver las cosas, a través del lente del juicio. En espera que otros estén para mí. Que se la jueguen por mí. Que me brinden oportunidades. Que me acompañen. Que me comprendan.  Que me amen incondicionalmente. Pero, ¿En qué medida estoy yo para otros? incluso ¿En qué medida estoy yo para mí? He faltado a tantas promesas, tanto a otros como conmigo.

Me doy cuenta que yo he sido la persona que se marcha. La que no se arriesga. La que se da por vencida muy rápido.

Me doy cuenta que estoy constantemente en espera de la atención y aprobación externa. Vaya, incluso mi pregunto si este blog es justo eso. Y lo digo, no desde una posición de víctima que siente lástima por sí misma, no, sino desde la sorpresa y sinceridad de estar viendo de frente una sombra que pensaba ajena.

Recientemente mi maestra de yoga me envió un video sobre la valentía. Me hizo reflexionar tanto. Porque ahora me pregunto, si muchas de las acciones, de las decisiones que he tomado, las he hecho con miedo disfrazado de valor. Desde ese capricho de que las cosas sean exactamente como yo digo. A momentos me siento como una niña berrinchuda, que cuando las cosas no son como imagina, termina por no querer nada.

No siento valentía en haberme alejado. Ni tampoco protegí mi corazón. Porque en realidad, nunca me trajo paz mi decisión. Todo lo contrario. Por ahí dice el refrán que “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido”. Mi interior sabía lo que perdía. De ahí que me costara tanto trabajo alejarme y que me negué a soltarlo. Puse la mira, en el blanco equivocado. Impresionante lo mucho que uno puede lastimar, aún cuando tu intención sea todo lo contrario.

Hace tiempo, realicé una lectura de ángeles. Por supuesto, mis preguntas eran relacionadas a Cristi. La respuesta fue, que no veía lo que tenía en frente. En ese momento no sabía a qué se refería. Pensé, ¿será que no veo que alguien me pretende? Justamente, trataba de ver en mil direcciones y no vi quien estaba parada frente a mí.

Por estar aferrada a vivir una gran historia de amor romántica, no me di cuenta que estaba perdiendo una hermosa historia de amistad. Le di la espalda a eso que siempre busqué.

Cristi, me pregunto si nuestras almas decidieron firmar un contrato bastante difícil a cumplir. Yo te abandonaría, tú me rechazarías. Vaya rol que decidimos jugar. ¿Será que podamos ya dar por terminada la obra? ¿Será que podamos cambiar de papel?

Deja un comentario