Este inicio de año ha sido uno lleno de cambios. Comenzando por una mudanza, que aunque llevábamos ya tiempo preparando el cambio, de pronto llegó la fecha de entregar la casa donde vivíamos y definitivamente cambiarnos a la otra casa.
Es interesante, puesto que en la casa que nos mudamos ahora, ya habíamos vivido antes. Fue una sensación particular, regresar a un lugar conocido, a nuestro antiguo hogar, pero siendo ahora todo completamente diferente. Desde la misma casa que ya había sido remodelada, hasta el avance de nuestra propia vida. 16 años después, estábamos de vuelta.
Esto me sirvió para reflexionar, justamente este paso de años. Quién era la que vivió en estas paredes y quién era la que regresaba ahora. Me sorprendí al darme cuenta que en realidad, no había tanta distancia. Sí, es verdad que ahora tengo más madurez en todos los sentidos, física, emocional, mental y por supuesto, espiritual. Pero, me parece sumamente interesante y peculiar, que algunas coas que se están materializando en el presente, fueron sueños de la niña que vivió hace algunos años dentro de esta casa, que ahora volvía a abrir sus puertas para ser mi nuevo hogar.
Todo lo que tuviera que ver con el lado artístico, se desarrolló aquí. Solía bailar durante horas y escribir otras tantas. Aquí, seguramente vi más de la mitad de películas que he visto en mi vida. Me gustaba analizarlas y soñar que algun día, estaría participando de la creación de una. Fue durante esos años, que vi por primera vez unas olimpiadas invernales y por supuesto, me enamoré del patinaje. Investigué todo lo pude respecto al deporte y las horas de baile, se transformaron en coreografías con elementos que veía de las patinadoras. Me quitaba los zapatos para quedar en calcetines y poder deslizarme por el piso.
Jugaba también, a ser la directora de una prestigiosa academia artística. Ahí, se reunirían alumnos de todas las artes y se impulsaría su creatividad. Planeaba las clases. Pasaba de cuarto en cuarto, imaginando entrar en distintos salones, de distintas disciplinas. La parte logística es algo que siempre me ha llamado la atención. Con decirte que estuve a punto de abandonar la carrera de Relaciones Internacionales, para estudiar mejor comunicación organizacional. Al final no lo hice, pero es una espinita que había quedado ahí, instalada en mi inconsciente.
Con el trajeteo de la mudanza y debo confesar, el duelo de dejar una casa que me encantaba, no me había dado el tiempo de reflexionar. Como bien sabes, el soltar es algo que me cuesta mucho. Despedirme de un espacio que se había convertido en mi guarida de conexión emocional, un espacio en el que experimenté tantas situaciones completamente desconocidas, muchos descubrimientos y tantos aprendizajes, por supuesto me causó un pequeño bajón anímico.
Sin darme el tiempo de sentir ese duelo, decidí enfocarme en el trabajo. Comenzaba el año y con ello, varios cambios que buscaba implementar. Así que mi escape fue, trabajar.
Naturalmente, entre el cambio de casa y el cambio de rutina, junto con todo el movimiento energético que estaba experimentando, durante las primeras semanas en la nueva casa me sentía totalmente agotada. Traté de poner en práctica lo aprendido en mis clases de yoga kundalini (las cuales habían pausado desde diciembre) y decidí escuchar mi cuerpo. Sin resistencia, me permití descansar. Dormí mucho durante estos días. Los ratos libres, los dediqué a realmente descansar. Algunas veces solo escuchando música mientras estaba recostada, otras en ver alguna película o serie relajante, otras, lo dediqué a dar lectura a las paginas del libro que tenía en pausa.
Fue hasta ahora que me di el tiempo para reflexionar, ahora sí desde la mente, todo lo experimentado el pasado mes. Hay giros que te cambian por completo la ruta. Otros, por el contrario, te regresan a la ruta original. Siento que para mí, en esta ocasión, fue la segunda.
El alma conoce perfectamente el camino. Es el ego el que muchas veces se niega a seguir la ruta. Desde que me permití seguir mi navegador interno, las cosas han fluido bastante bien. Claro está, de vez en cuando un camino un poco empedrado, una curva pronunciada o incluso un semáforo que te de el alto, te permite despertar cuando ya te está durmiendo el camino. Y eso ahora, lo agradezco. Sin embargo, debo decir, que este camino ha tenido muy buenas vistas y paraderos muy agradables. En compañía también, de personas muy agradables que les gusta escuchar, el mismo ritmo de música.
Pues bien, los giros que se presentaron en mi vida durante el año pasado, me llevaron a este destino. Y es aquí, de nuevo habitando la casa que me protegió en mis años de adolescencia, que descubro que es ahora que estoy manifestando eso que soñé durante esos años.
Me encuentro coordinando una academia de patinaje. La cual, no solo se enfoca en esa disciplina, sino que se apoya de la danza y el acondicionamiento físico. Me toca tratar situaciones que abordan por completo las emociones, tema que como bien sabes me apasiona. En mi día a día, me toca pasar de una clase a otra. Revisar temas logísticos y sobre todo, buscar de forma creativa impulsar la academia.
Pareciera que mudarme de nuevo a esta casa, fue una forma de mi alma de abrir mis ojos. Darme cuenta que en efecto, los sueños se cumplen. Quizá no en el tiempo que imaginabas, ni de la forma que esperabas, pero hoy, puedo decir que mis sueños se hicieron realidad y de hecho, de una forma muy pero muy apegada a como los soñé.
Paciencia, una virtud que cultiva los mejores frutos. Pero también, la humildad de aceptar que no lo sé todo, que confiar en el proceso y no forzarlo es la mejor forma de lograr las metas. Hoy me doy cuenta que de haberse manifestado antes este sueño, no habría tenido la madurez suficiente para sostenerlo. Desconozco el tiempo que me toque vivir esta experiencia, pero por lo mientras agradezco enormemente encontrarme en este camino que me hace reconocer toda la ruta recorrida y por fin entender, que esos giros que tanto me costó tomar, me han llevado a ese destino que por tanto tiempo desee encontrar.