76. Desconexión

Pausar, no necesariamente significa descansar. Esto lo aprendí durante estos días. Como te platicaba, me había sentido realmente agotada y me permití dormir más de lo normal. Aparentemente, atendí a lo que mi cuerpo necesitaba. Sin embargo, pocos días después de retomar el ritmo, caí enferma. Fue de un día a otro que me encontré con un terrible resfriado, que para mi pesar, me impidió asistir a una excursión al cofre de Perote, a la cual me habían invitado.

Muy triste quedé en cama, con el bote de basura lleno de pañuelos desechables. Realmente me hacía falta ir a la naturaleza. Desde que regresé de aquel difícil mes en la montaña de Chiapas, no he salido de la ciudad. Lo más cercano han sido las visitas al parque de la colonia.

Acepté la situación sin darle muchas vueltas. Afortunadamente, como ya había pedido permiso de faltar al trabajo, tuve todo el fin de semana para transitar mi resfriado. Durante los días en cama, reflexioné sobre el origen de esta enfermedad. Pensé que había escuchado a mi cuerpo todo el mes pasado. Me había otorgado el permiso de descansar, ¿Por qué ahora me exigía, de una manera brusca, parar?

Recurrí al libro de Louise L. Hay “Tú puedes sanar tu cuerpo”, y leí el origen de cada síntoma.

Fatíga: Aburrimiento

Garganta: Creatividad paralizada

Nariz: El reconocimiento de sí mismo (o falta de)

Resfrío: Temor a aceptar la vida plenamente / muchas cosas suceden a la vez.

Tos: Deseo de ladrar al mundo, de ser escuchada

Quedé sorprendida, puesto que resonaron en lo profundo de mi ser. -Sí, así me siento- Pensé. Entre cambios tanto en lo personal, con la mudanza, más los cambios que comenzaba a implementar en el trabajo, de pronto, caí en cierto modo automático sin digerir todo lo que estaba pasando. Al mismo tiempo, claro, la incertidumbre de si todas las decisiones tomadas, serían para mejor.  

Entendí por qué, haber “descansado” al dormir más en días anteriores, solo había sido una evasión a mi sentir. Es como cuando te duele la cabeza, tomas una aspirina, se te quita un momento y luego vuelve a aparecer. Tan solo atendimos al primer síntoma, mas no la causa. Quizá el dolor de cabeza simplemente era la señal de que necesitabas tomar agua. Tomando una pastilla evidentemente no elimina la necesidad de agua. Solo adormece por un tiempo el dolor.

Lo mismo me había pasado. El cuerpo me pedía pausar, para digerir todo el movimiento energético, que se estaba generando en mí y mi aldededor. Había pausado decidiendo dormir, pero eso, no necesariamente integraba mi sentir, puesto que, no lo estaba haciendo de manera consciente. Es decir, no identificaba, no con la cabeza sino con el sentir profundo, el origen.

Cuando por fin caí en cuenta de todo esto, comencé a sentirme mucho mejor. Por supuesto, a veces se necesita un poco de ayuda y saber pedirla, tambien es parte del proceso. Así que me dirigí con una amiga que hace terapia de biodescodificación, puesto que sentí, había algo muy profundo que aún no lograba detectar.

Dentro de las muchas cosas que salieron, una de ellas destacó sobre todas. Existe una desconexión entre mi cuerpo y mi espíritu. ¡Sí! ¡Claro! Eso es. Esa sensación de ser un zombie, me hizo todo el sentido del mundo

Uno pensaría, oye Ari, pero si tu eres muy espiritual, ¿Cómo que tienes una desconexión? Bueno, nos suceden tantas cosas en el día y hace falta, tan sólo una de ellas, para descolocarnos. De ahí, la importancia de estar presentes para cachar cuando algo nos ha afectado, al grado de bloquearnos y desconectarnos. El cuerpo habla inmediatamente, pero solemos escucharlo hasta que es claramente evidente. Desde finales del año pasado, yo sentí que algo sucedía dentro y no fue hasta ahora que me di el espacio y tiempo para realmente notarlo. Para hablar con esa sensación. Para poner atención.

Pausar, no significa descansar. Pausar significa, regresar a ti. A eso que te eleva, que te hace vibrar. Pausar, significa escuchar, sentir, oler, observar, probar.  Pausar, significa volver a tu esencia.

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