77. La corriente de luz

Como bien sabes, en los últimos tiempos he trabajado mucho en mi desarrollo espiritual. A través de distintas terapias y actividades, he ido sanando distintos temas. Sin embargo, a pesar de que cada una de estas experiencias ha sido muy enriquecedora, normalmente antes de decidir realizarlas, paso por un proceso de lucha impresionante.

Esta batalla constante, se debe a que me pregunto si estoy en búsqueda de respuesta externas y evado ir adentro y resolverlas con mis propios medios. Por ahí escuché una vez, que si estas en constante búsqueda, nunca encuentras, ya que en lo que te enfocas es precisamente en buscar. Por lo tanto, siempre habrá algo “perdido”. Claramente mi mente comienza a darle mil vueltas cada que me encuentro con alguna herramienta, terapia o algo que llame mi atención.

Pues eso sucedió el mes pasado. Como te platicaba en la entrada pasada, me venía sintiendo desconectada, como un zombie y algo me decía que era momento de ir a terapia. Por su puesto, mi cabeza comenzó con su acostumbra evaluación. ¿En verdad no lo puedes resolver tú sola? ¿Qué esperas que te digan?

Esta vez,  supe que necesitaba un poco de ayuda.  Como ya también te lo platiqué, me dirigí a una terapia de biodescodificación. Lo interesante de la sanación, es que normalmente sucede de la manera menos esperada. Para mi sorpresa, durante la sesión, no salió aparentemente “nada” de lo que había preguntado y mas bien salieron otros temas a relucir.

Sin tratar de sobre analizar las cosas, dejé que el paso de los días, hiciera su trabajo para asentar todo lo que sabía, se había movido en esa sesión. Así fue. Todo indicaba que dicha terapia no me sacudiría tan fuerte. El movimiento estaba siendo bastante sutil. Hasta que una noche, un par de semanas después, la energía salió de la manera más brusca y nada sutil. Con vómito y diarrea, todo lo que ya no era para mí, salió.  Aunque nada agradable, necesario.

Afortunadamente, los cambios también fueron agradables. Un pequeño impulso de creatividad, me animó a regresar al baile. Decidí hacer algo nuevo, pero que claramente llamara mi atención. Así que me inscribí a clases de flamenco.

Después de mi primera clase, me descubrí sonriendo al caminar y sintiendo el sol en mi rostro de una forma muy placentera. Las ganas de cocinar nuevas y deliciosas recetas, guiaron mis manos a gratas comidas. Me descubrí, alegre. Disfrutando de mi día.

Este cambio dio a su vez, paso a otros cambios. La forma de recibir comentarios externos, la forma de abordar problemas del día a día, mi forma de sentir, la forma en la que me hablo, comenzó a distinta. Podría decir, más empática, más amorosa.

Comencé a desacelerar, a tratar de disfrutar incluso del no hacer nada. Dándole su tiempo a cada cosa. Eso, a su vez, me permitió prestar más atención en mí. Y claramente, a poder escuchar más a la pepilla grilla, que, había estado algo olvidada.

Me permití reconectar con los arcángeles y por qué no, adentrarme en el mundo del tarot. Comencé de nuevo una meditación de 40 días y poco a poco fui sintiendo de nuevo energía. Ese zombie, había vuelto a la vida.

Caí en cuenta que cualquier terapia o herramienta que utilizamos, es como un enchufe de luz. Para trabajar con la computadora, ésta necesita conectarse a la corriente. Al hacerlo, esto no significa que por sí sola hará el trabajo, lo único que hace, es permitir que prenda. Eres tú, quien se sienta frente a ella y comienza a teclear.

Sí, a veces es necesario conectarnos de nuevo a la corriente, para poder así, tener la carga necesaria que nos permita hacer el trabajo. Afortunadamente los enchufes que he encontrado últimamente, han sido unos bastante efectivos.

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