Últimamente me he notado distinta. He sido más selectiva con mis pensamientos, y aunque eso me hace estar más presente, me percibo al mismo tiempo ausente. He incluso recibido comentarios como “Te quedaste ida” “ Ari, te fuiste”… y la verdad es que ahí estoy, escuchando atentamente lo que dicen, pero mi cabeza esta en calma. Quizá la selección viene de escoger un solo sentido a la vez. Escucho, por lo tanto, mi mirada “se pierde”. Observo, por lo tanto, los sonidos se entrelazan.
¿No te pasa que al oler algo profundamente, cierras los ojos? Lo interesante es que, en realidad, tengo todos los sentidos atentos, aunque parezca que no, solo elijo el impacto que tienen en mí. No es que no vea, solo elijo quedarme con el sonido; no es que no escuche, elijo quedarme con el olor; no es que no sienta, elijo quedarme con la imagen. Y así, en cada momento estoy eligiendo, paradójicamente, conscientemente inconsciente. ¿Cómo es esto? Pues fácil, me hago consciente, hasta que me tomo momentos como este, para reflexionar el por qué de mi sentir tan extraño.
Y ha decir verdad, me ha caído bastante bien, porque noto que hay situaciones que, en otro momento, me afectaban demasiado, me hacían explotar y ahora, solo las noto. De nuevo, no quiere decir que no sienta ninguna emoción, claro que me detona pensamientos, juicios, emociones, solo que, elijo engancharme en ellos o no.
Es interesante cómo las situaciones se repiten. Uno puede notarlo o no. Cuando pasa desapercibido, seguramente estás cayendo en el mismo patrón, la misma reacción. Cuando lo notas, es cuando existe la posibilidad de elegir actuar distinto.
Esto mismo me sucedió en los días pasados. A inicios de este año, aconteció una situación bastante similar a la ocurrida recientemente. Si bien no fue exactamente lo mismo, el contexto y sobre todo las reacciones de las personas involucradas, fueron sumamente parecidas.
Cuando ocurrió por primera vez, recuerdo que lo tomé completamente personal. Como un ataque. Si las cosas no estaban funcionando, era por que yo estaba haciendo un mal “papel”. Por lo menos, así lo pensaba. Por lo tanto, me sentí juzgada. Desvalorada de todo mi esfuerzo. Tenía ganas de tirar la toalla, llorar, gritar y mandar a todo mundo muy, pero muy lejos. En otras palabras, me victimicé por completo.
Esta vez, me permití respirar y ver el escenario desde afuera. Por supuesto, esto no significa que no me responsabilice de mi papel en todo el problema, sin embargo, traté de verlo de la manera más neutral posible. Ahora, no lo tomé personal. Esto no era un ataque a mi persona. Simplemente, el resultado de todo un entorno y suma de situaciones (incluso anteriores a mi involucramiento), por lo que, con mayor razón, no podía tomarlo personal.
De nuevo, esto no significa que uno se lave las manos y no resuelva el asunto, dado que viene arrastrándose de años y situaciones en las que todavía uno no estaba involucrado. Pero así es la vida. Nos toca dar soluciones a problemas que no necesariamente causamos nosotros. Sí, las acciones propias van sumando al problema, pero definitivamente, la mayor parte del tiempo, no somos nosotros quienes lo causaron. Esto por ejemplo, es el pan de cada día de los psicólogos y terapeutas. Todos los traumas arrastrados por generaciones y que uno decide resolver y romper con ese patrón. Pero es decisión de uno ignorarlo, actuar con total indiferencia ya que no es “nuestra culpa”, o tomar acción y tratar de resolverlo de la mejor manera posible, con las herramientas que se tienen.
Siempre habrá distintas formas de resolver un mismo problema. Todo depende, desde qué ángulo se esté observando. Por poner un ejemplo, las indicaciones para llegar a un lugar. Dependiendo desde donde inicias tu viaje, para unos podría ser la primera salida a la derecha, para otros será la salida a la izquierda.
De igual manera, y regresando al tema del que hablaba, ahora me noto más observadora. Pausada. Preguntándome ¿desde dónde estoy observando la situación? ¿Cuál es la historia que me estoy contando? Por lo tanto, con lo que observo y con lo que me digo ¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo me afecta? Y más importante aún ¿Cómo reacciono ante esto?
Dos situaciones similares y mi sentir fue completamente distinto. Mi pensar fue selectivo. ¿Tomé la mejor decisión? No lo sé, eso depende de quién esté emitiendo el juicio. Sin embargo, me quedo con la tranquilidad de descubrirme hablándome diferente. Viendo las cosas como esa oportunidad de cambiar, de crecer. Madurez, le llaman algunos. Pausa, le llamaría yo. Darse el tiempo de procesar, de filtrar. Darse el tiempo de cambiar de mirada.