90. La coherencia de lo incoherente

Hay días que no se muy bien cómo me siento. Vaya, ni siquiera mi mente se pone de acuerdo en qué pensar.

Puedo amanecer increíblemente inspirada, con toda la confianza del mundo, con gran claridad sobre el siguiente paso a dar, que al mismo tiempo, provoca un pánico, duda y claro, una pizca de nostalgia.

Así me he sentido en las últimas semanas. No podría decir si alguna antecede a la otra, o si un lado origina al otro. La verdad, se sienten existir al mismo tiempo, pero esta vez en lugar de luchar contra esa ambivalencia, y elegir solo un lado de la moneda, he decidido habitar en ambas.

Tal como una moneda tiene dos caras, igual nosotros contenemos dos lados que “aparentemente” son contrarios. Femenino y masculino. Positivo y negativo…

La felicidad puede cohabitar con la tristeza. La claridad con la duda. La inspiración con la falta de motivación. Pero a diferencia de la moneda, nosotros nos componemos por más de dos lados. Al tener cuerpo, mente y espíritu, nuestras combinaciones son aún más complicadas.

En ese acertijo que somos, recientemente decidí quitar el bloqueo a Cristi. Sí, una acción que en su incoherencia con lo que te he platicado, resulta ser bastante coherente.

Ahora puedo entender lo que, aquella vez, mi maestra me preguntó ¿Cuánto estás dispuesta a sostener? Sostener ese bloqueo me tenía completamente agotada. ¿Por qué seguir luchando? Hay que saber cuando, nadar contra corriente, lo único que generará es que termines ahogándote. Esto último aplicó no solo con el tema de Cristi, sino en todas las áreas de mi vida, de algunas de ellas ya te las he platicado.

¿Qué difícil no? Saber cuándo retirarte, cuándo dejar de sostener, cuándo fluir y soltar tus brazos permitiendo recibir el flujo del agua que, te lleva por un camino desconocido. Bien podría desembocar en un hermoso y calmado lago, como también podría ser que termines cayendo en una enorme cascada. Quizá sea ambas. Como sea, el cuerpo cansado de nadar contra el flujo del agua, agradecerá incluso esa caída.

Desde esta incertidumbre de la vida, observo mi actuar desde una consciencia distinta y desde el permiso a ser más natural. Sin tanta regla que rija el deber ser. Porque ante tanta complejidad que es el humano, ¿Quién dice qué es lo correcto?

Hoy encuentro la coherencia en la incoherencia. Y sonrío al descubrirnos maravillosamente indescifrables.

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