91. El impacto que dejas

Uno nunca sabe quien está observando.  Recientemente , fueron mis últimos días en el trabajo. Como sabes, había renunciado ya hace unas semanas, pero se había alargado mi estancia por diversas circunstancias. Quizá una de ellas, fue haber recibido lindos comentarios por mis colegas de trabajo, así como también de papás y alumnos con los que había convivido.

Como todo cierre de ciclo, después de su debido repaso del tiempo que estuve ahí, comencé a cuestionarme si había hecho un buen trabajo. Suelo ser muy exigente conmigo misma y medirme con la vara de la perfección. Por lo que claramente, dado el parámetro de medida, la respuesta era que me había faltado mucho por hacer.

Sin embargo, cuando se acercaba la fecha de mi salida, comencé a recibir mensajes inesperados. Aquellas palabras de agradecimiento, algunas otras de admiración. Otras más, despidiéndose con nostalgia de ver mi partida.

Fue una grata sorpresa, saber que mi paso por ese lugar, no había pasado desapercibido. Agradecí mucho tener la oportunidad de recibir aquellos mensajes. Aunque también me di cuenta, que por mi parte, también faltaba agradecer y compartir lo mucho que otros habían impactado en mí.

Lamentablemente, es común esperar a tener esa cuenta regresiva para poder comunicar eso que tanto deseamos decir. Muchas veces por pena a compartirlo. Otras, pensando que hay tiempo de sobra. Dejando todo para después.

Pero cuando nos vemos sorprendidos por las trampas del tiempo, de pronto esta tarea se vuelve urgente. No siempre logramos compartir y nos quedamos con aquel mensaje sin entregar, dejando al receptor, con un vacío, que no debió existir en primer lugar.

Afortunados los que comparten sin esperar una fecha límite. Bendecidos los que reciben en el tiempo indicado. No dejemos que el tiempo nos agarre desprevenidos.  

Quizá no sepas el impacto que dejas, pero te aseguro, sin lugar a dudas, que hay un corazón temblando de emoción por gritarlo.

Deja un comentario