94. El camino inesperado

Estamos por terminar el año y naturalmente, le damos un repaso al calendario, para reflexionar sobre lo sucedido en el paso de los meses.

¿Cuántas cosas pueden suceder en 365 días? Cuántos cambios de planes, cambios de rumbo.

Este año ha sido sin duda, uno de cierre de ciclos. Como bien sabemos, un cierre nos permite liberar energía, dar espacio. Algunos nuevos ciclos no comienzan de inmediato, se requiere de una preparación, dejar “ventilar” para ocupar ese espacio que se vació. Otros, por el contrario, llegan de inmediato o incluso, llegan para presionar la salida de lo que ya no se acomoda contigo.

Este enero comenzaba el año con una mudanza. Con un poco de incertidumbre sobre las decisiones tomadas, los días fueron regalándome gratas vivencias que fueron calmando ese nervio que producen los cambios.

Pasada la semana santa, tuve sin duda, una de las crisis más fuertes del año. Sentía que estaba estancada, no tenía motivación y mi alma estaba un poco apagada. Comencé a concentrarme de a poco en los proyectos que tenía pausados. No todos fluyeron de la mejor manera, pero me permitió ir despacio. Tomar las cosas con más calma.

Anuncié mi renuncia al trabajo y comenzamos la búsqueda de mi reemplazo.  Por un momento parecía que no encontraríamos a la persona indicada. Comencé a preguntarme si era mi propio miedo al cambio, el que bloqueaba la llegada de alguien. El día que acepté, que en verdad era el momento de partir, pedí asistencia celestial y mi solicitud fue atendida inmediatamente. Ni siquiera hubo necesidad de seguir buscando, ya que la persona llegó directo a la oficina.

Mi partida estaba pensada para un mes después. Esas semanas servirían para realizar una buena transición del puesto, sin embargo, los planes cambiaron y mi estancia de alargó casi 4 meses más.  Sin embargo, mi aproximación al trabajo fue distinta. Mi perspectiva cambió al no sentir la presión que venía sintiendo. Comencé a disfrutar, cada vez más, llegar a oficina. Esto, me permitió cerrar el ciclo de una linda manera.

Mi mente se relajó, mi espíritu revivió y mi enfoque comenzó a ser más agudo. Me animé a dar el primer paso para mis proyectos, dentro de ellos, impartir talleres y retiros enfocados a la escritura sanadora.

Con ese paso, se abrieron otras oportunidades y sin darle muchas vueltas al asunto, decidí tomarlas, sin saber que ellas, me abrirían un nuevo camino completamente inesperado.

Cierro el 2025 con la gratitud de haber transitado cierres de formas amorosas. Por supuesto que hubo sus momentos incómodos, dolorosos incluso, pero sin duda, los he transitado desde otro lugar. Confiando en el proceso, confiando en que mi alma, sin duda, sabe el camino. Confiando en mi sentir.

Le doy la bienvenida a este 2026, con la mejor disposición de caminar hacia nuevos territorios, con el espíritu renovado, la motivación despierta y el corazón entusiasmado.

A todos los que cumplieron ya su tiempo conmigo, les deseo abundancia y plenitud en sus caminos. Gracias a todos los que permanecen y enriquecen con su presencia mis días. Y con entusiasmo les abro las puertas a todas aquellas almas que apenas nos reencontramos y que con su llegada, me permito voltear a ver caminos que antes no había considerado.

Agradezco el tiempo que han tomado este año para leerme, les deseo un gran cierre de año y bendiciones para este nuevo año.

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