En sus marcas…listos, ¡Fuera!

Recientemente leía, que enero no es el mejor momento para reiniciar. En el calendario que utilizamos, este mes marca el inicio del año. Las 12 campanadas nos dan el arranque. Listas de deseos y propósitos llenan nuestras agendas. Sin embargo, muchos de nosotros soltamos estos objetivos incluso antes de la mitad del mes. ¿Por qué?

En invierno, los animales bajan su rendimiento. Es momento de “descanso”. De guardar las energías para combatir el frío. Si bien, ya no vivimos en cuevas ni a la interperie, pero nuestro cerebro aún reconoce la luz, la temperatura y no invita a la calma. Es un momento mas bien de reflexión.

Cuando arrancamos cual caballo de carreras, al poco tiempo nuestro combustible se termina. El cuerpo no está listo para ponerse el total acción. El enfoque se pierde pronto. El ciclo natural, marca su inicio con la primavera. Cuando todo comienza a florecer. Cuando todo se pone en “acción”.

Esta idea me hizo mucho sentido. Hemos caído en una competencia, no tan sana, de comenzar el año con mil propósitos, que si no se han logrado para febrero, pareciera que hemos fracasado.

Los inicios no se tratan de correr a toda velocidad. Este enero me permito comenzar más reflexiva. Enfocada no en la acción inmediata, sino mas bien en la planeación. En sentir el camino, en agudizar la mirada para tener un mayor enfoque, para entonces sí, con la claridad y el mapa trazado, comenzar a caminar con paso firme y seguro.

Claramente los planes pueden cambiarse a lo largo del camino, sabiendo cual es el objetivo, y no se trata de llegar a un lugar en específico, mas bien creo que se trata de lograr sentirnos de cierta manera. Al aferrarnos a las acciones, es cuando el cuerpo se revela, porque podríamos estar cumpliendo el plan, sin hacer caso a lo que este nos provoca.

El cuerpo habla bien fuerte. Es la mejor brújula que tenemos, ¿Por qué no le hacemos más caso? Nos dice cuando algo nos hace bien o cuando algo nos hace mal. La mente podría pensar que vamos en el camino correcto, porque el mapa esta trazado de esa manera. Pero el cuerpo conoce de atajos y también reconoce que, a veces hay que tomar el camino más largo, para evitar algunos peligros. Pero si vamos a toda velocidad, pasamos por alto estos avisos.

Si arrancas el coche a toda velocidad, cabe la posibilidad de que este se apague y tengas que arrancar de nuevo. Si logras mantener el arranque desde el inicio, cual piloto de carreras, ¿Esta seguro que veras las señales de la carretera?

No se puede mantener la misma velocidad todo el tiempo. Hay momentos donde hay que bajarla, tomar con más firmeza el volante. Otros, donde puedes ir mucho más rápido. Algunos otros puedes relajarte un poco más, bajar incluso las ventanas y sentir el viento en el rostro.  Habrá días soleados y otros con una tormenta que no deja ver, mas que unos pocos metros adelante. Y está bien. Lo importante es saber cuando bajar o subir la velocidad, cuando incluso, es necesario parar y bajarse un poco a estirar las piernas.

Para eso, es importante escucharnos, conocer nuestro vehículo. Este enero te invito a reflexionar sobre el cuerpo que habitas. ¿Qué te dice? Siente tu corazón, escucha tu alma, ¿A dónde te están invitando? ¿Vas en modo automático, te estas comparando con otros o te estas permitiendo vivir en autenticidad?

Este enero vivamos con un solo propósito: re-conocernos.

Deja un comentario