11. Uno para todos y todos para…

Todas las personas llegan a nuestra vida por alguna razón. Algunas se quedan más tiempo que otras, pero sin duda alguna su paso en nuestra vida lleva un propósito.  A Lillo y Nilla los conocí en mis años de total rebeldía contra todo. Salir de fiesta hasta el amanecer era el objetivo de cada semana, por no decir de cada día. Solíamos llegar juntos a todos los lugares. Salir juntos también. Pero en toda esa agitación, descubrí dos grandes amigos. 

Con ellos tuve la confianza suficiente de bajar el escudo, quitarme máscaras que solían estar permanentemente conmigo. Quizá estén pensando que seguramente fue el alcohol lo que me hizo desinhibirme, pero no. Fue justo en los momentos de calma, en las pláticas de algún desayuno, la sobremesa después de la comida o en la tranquilidad de una tarde de café, que más encontré el espacio para realmente conectar con ellos. Sin duda alguna, ellos iluminaron mis días en aquel tiempo.  Fueron mis consejeros, mis maestros, mis compañeros de batalla, mis aliados y por supuesto mis más grandes impulsores de cambio. Y ellos ni lo imaginaban.

No podía creer que a pesar de todo esto, tuviera miedo de su reacción.  Aunque quizá, el miedo no era hacia ellos, sino hacia mi. Desnudar el alma frente a otros requiere de gran valor, pero desnudarte y aceptar lo que ves, aceptar lo que eres, es aún más difícil. Me encontraba en un momento de oscuridad, de tristeza, pero al mismo tiempo de total iluminación. Abrir los ojos después de tanto tiempo que permanecieron cerrados, era cegador. Uno tarda en reajustar la vista, en ver con claridad. Es en esa incandescencia que da el mismo miedo que en total oscuridad. Caerte. 

Tuve la oportunidad de ver primero a Lillo. Estaba de paso por Madrid así que tendríamos un día para vernos antes de reencontrarnos en Berlín con Nilla. Lo encontré en un punto de su recorrido. Cuando lo vi, mi corazón saltó de alegría. Nada importó en ese momento, lo único que quería era darle un gran abrazo.  

Después de un recorrido por las calles madrileñas, finalmente nos sentamos en una banca de una tienda de ropa en la Gran Vía. Mientras esperábamos que sus compañeros de trabajo, con los que viajaba, terminaran de hacer sus compras, comencé por confesar todo lo que había pasado en los últimos años, pero sobre todo en los últimos meses. Nunca olvidaré su mirada. No hubo necesidad de decirme nada. Me sentí tan mal en ese momento.

Pepilla Grilla

-Vaya Ari, ¿no te da vergüenza?

Vergüenza es poco Pepilla. No podía creer que hubiera dudado de su reacción. Era claro que no importara lo que le dijera, Lillo siempre me apoyaría. Su sonrisa reveló una inmensa empatía, su mirada mostró su noble alma. Me agradeció con un abrazo, que tuviera la confianza de contarle todo eso. Anhelaba tanto un sincero y amistoso abrazo, y ese día, recibía la mejor muestra de cariño.  Me reconfortó tanto. 

Nuestra charla continúo hasta altas horas de la noche. Realizamos un recorrido por los lugares famosos del Madrid nocturno. Por primera vez, vi la ciudad de otro color. El frío paró. Las luces brillaban más. Los bares resultaban acogedores.  En definitiva, el lugar lo hacen las personas y en aquel momento, recorría aquellas calles con la mejor compañía. 

Llegó el momento de despedirnos. Faltaban muchas cosas por contar obviamente, así que me parecía eterna la espera para volver a vernos. Los siguientes días fueron estupendos. Me dieron ganas de salir a caminar por las calles, respirar aire fresco.  Esa semana todo parecía ir a la perfección.  

Me avisaron que empezaría mis prácticas profesionales a la semana siguiente en una productora muy buena. Eran las mejores prácticas que se habían ofertado hasta ese momento en el máster. Aparte de que eran las únicas pagadas, realmente formaríamos parte del equipo de guión en la creación y escritura de contenido en diversos proyectos. Y digo formaríamos porque también habían contratado a otro compañero del máster, quien, me caía excelente. De hecho, su forma de ser se me figuraba muchísimo a Lillo.

Siguiendo la racha de buenas noticias, justo antes de entrar al avión con dirección a Berlín, llegó a mi correo la notificación de los equipos de tutoría. Habíamos tenido la oportunidad de presentar nuestros proyectos ante todos los tutores, y como concurso de la voz, ellos habían decidido qué personas formarían parte de su grupo. Desde el primer momento supe quien quería que fuera mi tutora, y el universo me lo había concedido. 

Pepilla Grilla

-Cuando vibras alto, cosas grandes suceden.

Aterricé en tierras alemanas super feliz. Nilla llegaría hasta en la noche, así que volví a pasar un rato sólo con Lillo. Retomamos la charla en donde la habíamos dejado aquella noche en Madrid. 

 Finalmente llegó Nilla con su energía tan particular. Es imposible no notar su presencia, y mucho menos su voz. No podía creer que los tres mosqueteros estaban reunidos de nuevo. Parecía que el tiempo no había pasado. Tantos años, tantas experiencias habíamos vivido cada uno. Éramos tres personas completamente distintas y, sin embargo, por momentos me sentí de vuelva en la universidad. 

Fuimos por algo de cenar y ni la lluvia ni el frío podían apagar aquella calidez que sentía mi corazón. La noche avanzaba y llegó el momento de las confesiones. Aún faltaba una mosquetera que encarar. Al igual que Lillo, pude ver empatía en su mirada.  Orgullo al escucharme decir aquello que tanto tiempo había callado. “Ya lo sabía” fue la respuesta de Nilla. En esas palabras pude sentir tanto amor. Si algo caracteriza a la tercera mosquetera, es su fría y directa forma de expresar su cariño. Pero en ese momento, para mi era la frase más dulce que mis oídos podían escuchar. 

Es impresionante cuánto te conocen tus verdaderos amigos. No es necesario si quiera decir las cosas. Aunque claro que, al hablar, te topas con las mas grandes enseñanzas, los mejores consejos, la mejor terapia, el mejor consuelo, y eso, fue justamente lo que me encontré.

Pasamos un fin de semana increíble. La tensión en mi mente había desaparecido. Mis pensamientos estaban en el presente. Disfruté cada momento. Compartimos muchas risas, llanto, penas, triunfos, dudas y alegrías. Había que ponerse al corriente de tantos años lejos, pero parecía que nunca nos hubiéramos separado. 

Estoy convencida que Lillo y Nilla, son mis ángeles de la guarda. Llegan a mi encuentro en los momentos de mayor dificultad. Un día fue suficiente para llenarme de energía. Justo la que me faltaba para poder terminar de derribar aquella pared fragmentada. Y no para construir una nueva, sino para abrir paso y salir a explorar nuevos territorios, nuevas posibilidades. Los Beatles lo sabían “all you need is…. a little help from my friends” (lo único que necesitas.. un poco de ayuda de mis amigos)

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