Mantener en perfectas condiciones la fachada, no necesariamente es agradable a los ojos. Puedes tener una enorme casa colonial, pero en realidad preferirías un pequeño apartamento en un edificio gótico.
Muchas veces, tratamos de mantener el estilo de nuestro vecindario, no queremos desentonar, pero, es precisamente esas casas que sobresalen de su alrededor, las que son más fotografiadas.
Claro que también existe la posibilidad de estar en el barrio adecuado a nuestro estilo. Y ahí, el cuidado en los detalles es lo que más cuenta.
En definitiva, todos tenemos una estructura imposible de cambiar. Algunas cosas afortunadamente, se pueden mejorar, otras reemplazar o incluso remover. Pero lo importante es, que cualquier cambio que se haga, sea acorde a lo que tus ojos deseen ver y no lo que se crea, otros quieren ver.
Llevaba ya unos días que me veía al espejo, antes de salir camino a mis prácticas, y sentía que me veía igual siempre. Ya me había cansado de mi ropa. Me veía aburrida, sin esa chispa que te hace voltear y verte una y otra vez. O quizá era el cabello. Solía llevar siempre una coleta con un chongo, acostumbrada a ese peinado por los entrenamientos de patinaje. Me sentía desanimada al ver mi reflejo.
Pepilla Grilla
-Ari, es momento de hacer algo con esta fachada. Has un cambio, algo que te anime.
Lo primero era hacer algo con ese cabello. Tenía la idea de que los cortes eran muy caros en Europa, así que lo había pospuesto, pero ¿porqué no invertir en algo que te subirá el ánimo? Solemos gastar mucho dinero en lo “necesario”, que muchas veces, es totalmente imprescindible. También puede pasar, o por lo menos a mi me pasa, que es muy fácil gastar en otros, por ejemplo, un buen regalo para los amigos o familia, pero cuando se trata de mi, me es muy difícil.
Esto era un hallazgo interesante. Habla mucho de la falta de amor propio. Bueno esta vez en realidad no había mucho que pensar. Se trataba tan solo de una acción muy específica, ir a la estética. El universo es tan maravilloso, que justo atravesando la calle, del otro lado de mi edificio, había una. Lo peor que podía pasar, era que no me gustara mi corte y afortunadamente, mi cabello crece con bastante rapidez. Tomé mi cartera y salí decidida.
Me tocó esperar un poco, ya que había unas citas previamente reservadas. Me dieron la opción de esperar o regresar por la tarde. Yo sabía que si me iba, posiblemente no regresaría, así que me senté a esperar pacientemente.
El tiempo pasó muy rápido pues durante la espera, me dediqué a observar el trabajo del estilista. Parecía ser muy bueno. Llegó mi turno, primero pasé a que me delinearan las cejas. En México solía hacerlo con cera, pero parece no ser un método muy común allá. Me ofrecieron hacerlo con hilo. Sin mucha opción, acepté. Aunque más dolorosa esa técnica de depilación, me fascinó el resultado. Mucho más preciso en el delineado y, más adelante descubriría, que dura mayor tiempo sin tener que darle “mantenimiento”.
Luego llegó el momento de mi corte. Tan solo quería recortar un poco, no buscaba un cambio drástico. Lo dejé completamente en sus manos, sin ninguna referencia que le pudiera mostrar, tan solo dije: lo quiero más corto. El estilista comenzó su trabajo. Miró la forma de mi cara, estudió la caída de mi cabello y se sorprendió de la cantidad que tenía. Mi cabellera es muy, pero muy abundante.
Después de su análisis, puso manos a la obra. Me sorprendió la rapidez con la que movía las tijeras. Una impresionante destreza, que no dejaba de ponerme nerviosa al saber que un objeto punzocortante estaba tan cerca de mi. Y así, en un dos por tres, mi nuevo look estaba listo. Aunque en efecto no era un cambio drástico aparentemente, al verme al espejo pude sentir un enorme cambio interno. Me encantaba lo que mis ojos veían. Definitivamente me hacia falta mi mantenimiento. Pequeños detalles, como el delineado de cejas, realzaban por completo mi semblante.
No soy una persona que suela pasar mucho tiempo en el cuidado de su apariencia. Pero ese día, me daba cuenta, creo por primera vez, la importancia de tomar el tiempo en cuidar los detalles físicos.
Salí feliz del lugar, no solo por mi fabulosa apariencia, sino que para mi sorpresa, me daba cuenta que un corte, en realidad, no era tan caro como yo creía. Cuántas veces dejamos de hacer cosas, por aferrarnos a una idea que ni siquiera hemos comprobado.
Ya era un poco tarde y moría de hambre. No había hecho la comida y pensar en cocinar me molestaba un poco. Asi que, para seguir con los cambios de rutina, me dirigí a un pequeño restaurante que acaban de abrir en contra esquina de la estética. Me había llamado la atención por el nombre. “El barril del chavo” y en efecto, su logo era la cara del chavo del ocho. Debía de ser mexicano sin duda alguna.
Bueno resultó que no era un restuarante mexicano. Solo habían agregado a la común carta de tostas y pinchos una fabulosa opción, tacos de cochinita. No había duda de lo que pediría. Para mi sorpresa, fueron unos deliciosos tacos. O quizá era el hambre que tenía. Como fuera, disfruté de mi comida. Como saben, suelo devorar mis platillos, pero me di cuenta de algo importante. Al igual que aquel cochinillo asado de Alcalá de Henares, estos tacos los disfruté en cada bocado. Trataba de identificar cada sabor, de oler mi comida, de ver los colores tan particulares de aquella carne con adobo, y el toque que hace resaltar el platillo, la cebolla morada.
Después de mi respectivo café, regresé a casa contenta. Si bien no hay un instructivo para aumentar el amor propio, en definitiva, cuidar tu aspecto físico y darte pequeños regalos, como una deliciosa comida, es un paso que no debe faltar en tu lista de acciones.
Con espíritu renovado, me senté en el frío sillón naranja, que, a decir verdad, comenzaba a gustarme. Al final de cuentas, pasaba gran parte de mi tiempo en él. Su incomodidad me parecía conveniente, ya que me permitía trabajar en él sin que me diera sueño. Tomé mi diario y comencé a escribir esos pequeños grandes hallazgos del día.
Con una excelente música relajante de fondo, me pregunté cuál sería mi siguiente paso. ¿Cómo seguir procurando mi fachada? Sin pensar demasiado una idea surgió en mi mente. Había algo que quería hacer desde hace tiempo, pero, me había detenido por no desentonar en mi vecindario y además por respetar ciertas políticas de convivencia. Pero ahora estaba en un nuevo barrio y mi fachada estaba en mi total control. Convencida del siguiente paso, sonreí. Las cosas parecían tomar su ritmo.
Todo inicia con uno mismo
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Dicen que el cabello contiene el ADN de tu historia. Que cuando te lo cortas, se va el pasado. Creo que se fue el pasado y es momento de abrirte a este amor hacía ti, celebrarte y darte cuenta de lo excepcional que eres.
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