18. Encendiendo la luz

El tiempo pasó volando platicando conmigo. Había descubierto cosas muy interesantes sobre mis deseos más profundos y lo que me motiva. Aunque parecían ser preguntas muy sencillas, por ejemplo, ¿Cómo se siente, la apreciación, en tu cuerpo? La respuesta no era tan fácil. ¿Alguna vez se han preguntado esto? Yo nunca lo había pensado antes. Como esta había muchas otras que hicieron realmente reconocerme y preguntarme qué siento, cómo siento, cuándo siento, pero, sobre todo, cuestionarme qué quiero. 

Llegó la hora que estaba esperando, el momento de la prendida de luces de navidad. Pedí la cuenta y comencé a guardar mis cosas. Pagué y recorrí el lugar una vez más con la mirada y le regalé una gran sonrisa. Salí del restaurante muy agradecida de ese espacio de inspiración. Afuera hacía bastante frío, pero había tanta gente que el calor humano ayudaba.

La ventaja de ser pequeña es que puedo escabullirme muy fácil entre la multitud. Así que poco a poco avancé hasta colocarme en el lugar adecuado que me permitía la perfecta vista del gran árbol de navidad. La gente esperaba impaciente por que llegara el momento mágico. 

La manecilla del reloj marcó la hora. Todos sostenían sus teléfonos en lo alto, preparados para grabar el espectáculo y guardarlo para la posteridad. 

Pepilla Grilla

-¿Cómo sabremos cuándo empezará?

No lo se pepilla. Quizá primero haya algún espectáculo de sonido, o fuegos artificiales. De pronto, las luces del árbol se encendieron. Toda la gente gritó con entusiasmo. Mi corazón saltó de alegría también. Algunos saltaban, otros aplaudían. Otros se limitaban a observar con gran ilusión aquel hermoso árbol iluminado. 

Me acomodé para ver lo que seguiría, pero vi que la gente poco a poco comenzó a dispersarse. 

Pepilla Grilla

-¿Eso fue todo?

Pues parece que sí. Guardé mi celular y me quedé observando las luces azules que iluminaban la gran estructura. Miré a mi alrededor y vi a las personas tomarse fotos y caminar con una gran sonrisa en sus rostros. Sacudí la cabeza y me di cuenta de lo mucho que me faltaba aprender a disfrutar de los pequeños momentos. 

Por unos instantes, había estado en completa desilusión puesto que esperaba hubiera un gran espectáculo con sonido, o algo extravagante. Pero al final, yo había ido ahí por la “encendida de luces de navidad” y justo eso es lo que acababa de presenciar. Lo espectacular era precisamente el encendido. No necesitaba de nada más. Lo majestuoso estaba frente a mis ojos, la magia ocurría dentro de uno al observar aquel escenario de luces y sonrisas. 

Pepilla Grilla

-¿Esperamos más de dos horas por esto?, podríamos haber venido cualquier otro día y verlo encender de la misma forma. 

Lo sé Pepilla. Sentí el enojo de Pepilla recorrer todo mi ser por esta situación. Luego el enojo fue hacia a mi. ¿Pero qué me pasa? ¿Por qué no puedo disfrutar de los pequeños detalles?

Las expectativas son muy peligrosas. Como pueden hacer que una situación sea increíble al ser mejor de lo que esperábamos, pero también puede hacer que un momento especial pase desapercibido. La magia sucede en tan solo unos instantes, por lo tanto, vivir presente es crucial para poder percibirla. 

Hemos escuchado tantas veces que vivir en el pasado nos impide de disfrutar el presente. De igual manera, vivir en el futuro, es decir, en lo que nos imaginamos que pasará, nos nubla la vista, nos inhibe los sentidos.

Comencé a caminar rumbo a mi casa. Caminé despacio entre la gente sorprendida de lo que acababa de vivir.  Era claro que mis expectativas estaban mal posicionadas. El evento al que había asistido era la prendida de las luces de navidad. Por alguna razón, yo imaginé un espectáculo digno de una inauguración de olimpiadas. Esa volada imaginación que tanto me caracteriza, y que me es bastante útil al momento de escribir, esta vez me había hecho una mala jugada. 

Cuando se vive imaginando un futuro excepcional, idealizado, terminamos por despreciar la realidad. Nada está a la altura de la imaginación. Comencé a preguntarme cuántas veces dejé de disfrutar momentos especiales por estar esperando que se dieran de otra forma.  Que las cosas no sucedan como una imagina, no les resta magia. Al contrario. Las cosas se dan como se deben dar. Ignorarlas es una forma de apatía. 

Yo no quería ser una persona apática. Todo lo contrario. Quería vivir cada momento con todo mi ser. Disfrutar de cada minuto. Al final de cuentas, nadie nos asegura lo que pasará en los próximos segundos. 

El arbolito de navidad llegó en el momento adecuado. Acababa de trabajar en mis deseos profundos, al final había vivido la experiencia sola ya que nadie, de las personas que invité, había podido ir. Todo se había dado de manera tal que pudiera tener un momento especial para mi. Una de las cosas que más amo de la navidad, son precisamente las luces del árbol. Y es así como el universo tenía preparado todo para darme el mejor regalo y en mi falta de presencia, lo había dejado pasar. Había despreciado un maravilloso presente.   Hay momento en los que es mejor apagar la imaginación y encender la luz del ahora. 

Un comentario en “18. Encendiendo la luz

  1. Cierto!!!!, las espectativas que nos formamos pueden nublarnos y dejar de disfrutar el momento y/o evento, debemos aprender a disfrutar la vida y sus regalos, qué difícil es.

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