Después de las fiestas, nos despedimos de mi hermano y mi cuñada, y partimos de Valencia hacia Madrid con mis padres y mi hermana. Como aún les quedaban un par de días antes de su regreso a México, aprovechamos para visitar algunos sitios turísticos.
Durante todo el viaje, había buscado el momento perfecto para hablar con mis padres de un tema que traía dando vueltas en la cabeza y que quería resolverlo de una vez por todas. Pero, cualquier excusa era buena para evitar aquel enfrentamiento. Mi hermano me había otorgado el último elemento para prender la hoguera. Sin embargo, la sola imagen de consumir aquella idea de mi, era suficiente para dar la vuelta y seguir buscando combustible.
Pepilla Grilla
-tic tac, tic tac. El tiempo se agota, ¿qué estas esperando?
Estoy esperando el momento adecuado.
Pepilla Grilla
-El momento adecuado será cuando tu decidas que sea.
Lo se, lo se. Lo que me falta es valentía. Era el momento de quitarse la mascara. De confesarse culpable ante el jurado. Culpable de mentir por tantos años. Culpable de ocultar la verdad. Culpable de hacer la vista gorda. Culpable de haberlos hecho responsables del crimen tan atroz que yo había cometido. De haber matado a la verdadera Ari, de haber robado una identidad ajena y haberme hecho pasar por alguien que no existía.
Había dejado para el final del viaje hablar con ellos. Después de todo, sería más fácil poder estar solo con mis papás, en cualquier momento podía pedir a mi hermana que nos diera espacio.
Regresamos a Madrid, tenía tan solo dos días más para hacerlo. Uno de esos días, veríamos a un amigo de mis padres en Valladolid. “Es ahora” pensé. Tendríamos un tiempo en el tren para conversar tranquilamente.
Subimos al vagón y mis manos sudaban. Cada que cruzaba la mirada con ellos, sonreía tratando de disimular mi nerviosismo. Nos sentamos encontrados. Comencé a mover incontrolablemente mi pierna. Esperaba pensaran que era por el frío.
No pensé que el tren estuviera tan silencioso. Imaginé que el sonido de las ruedas en el riel, me dejaría hablar, sin que todo el vagón escuchara mi conversación. Sin sentir el ambiente privado que buscaba para tener aquella plática, decidí esperar.
Llegamos a Valladolid, y aunque casi todo se encontraba cerrado por ser día inhábil, pudimos disfrutar de la ciudad. Descubrimos grandes similitudes con nuestra ciudad de origen en México: Morelia (que como dato curioso, en un principio se llamó Valladolid, así que al darnos cuenta de eso, ya no nos pareció tan extraño encontrar similitudes en ambas ciudades)
Nos encontramos para comer con el amigo de mis padres y disfrutamos de una agradable plática y por supuesto, una deliciosa comida. En realidad, disfruté mucho del momento.
Llegó la hora de regresar a Madrid. Habíamos comprado boletos para ver el musical de Anastasia, así que no podíamos quedarnos más tiempo. En el camino de regreso, mis padres durmieron un poco, así que tomé ese tiempo para repasar una vez más qué es lo que en realidad quería decir.
Como aún teníamos tiempo de sobra antes de la función, decidimos ir al departamento para tomar un café y descansar un poco. Había llegado el momento. Esto es lo que buscaba, era el espacio perfecto, con la privacidad adecuada y tiempo de sobra para hablar sin prisa.
Así que, sin importarme que mi hermana estuviera presente, comencé. Había dos temas importantes que quería hablar con ellos. El primero, era uno que llevaba tiempo queriendo conversarlo con ellos. Lo había dejado pasar creyendo que ya no era necesario tocarlo, y ese era, mi preferencia sexual.
Pensaba que quizá era un tema del pasado, puesto que ellos supieron desde un inicio cuando tuve mi primera novia. Sin embargo, cuando terminó la relación, nunca más volvimos a tocar el tema. Incluso, salían comentarios sobre si yo tendría novio, ya que yo en un inicio, pensaba ser bisexual. Pero la verdad es, que yo siempre supe ser lesbiana pero no lo quería aceptar. Para mi, era más fácil actuar mi lado heterosexual frente a ellos.
Me di cuenta después, que nunca volví a tocar el tema y que prefería no hacerlo por la posible incomodidad que conllevaba hablarlo. Pero ¿cómo se puede ser uno mismo, si todo el tiempo se usa una mascara esperando ser descubierta solo si es necesario? En mi caso, pensaba, que cuando volviera a tener otra novia, ya se darían por enterados cuál en verdad era mi inclinación.
Pero, por qué esperar a que algo externo sucediera para expresarlo, cuando en verdad por dentro, moría por revelarlo. ¿Por qué negar quien era realmente? Si bien, es claro que mi preferencia no me define como persona, pero sí es y será siempre parte de mi identidad. Por lo tanto, era para mi importante poder expresarlo libremente a los cuatro vientos para poder sacarlo de mi ser, y poder así, concentrarme en otras cosas. Como, por ejemplo, cuál era el destino del barco en el que navegaba.
El segundo tema que quería conversar, era las expectativas que yo creía tenían sobre mi. Les confesé lo difícil que era tomar decisiones, pues siempre buscaba cumplir con ellos. Hacerlos sentir orgullosos, pensando siempre en lo que esperaban de mi y yo tratando de satisfacer aquella necesidad que imaginaba, mas nunca confirmaba.
Pararme ante ellos confesando aquel pesar, pero aún peor, admitiendo estar muy lejos de poder independizarme por completo, tanto financiera como emocionalmente. Me encontraba todavía navegando a la deriva sin un rumbo fijo. Y eso me hacía sentir realmente una fracasada. Lamentaba no ser esa persona, que yo creía, ellos querían que yo fuera.
Me escucharon con mucha atención. Y cuando terminé de hablar, mi padre tomó la palabra, primero haciéndome saber, que me amaban. Era momento de soltar aquella carga que no me dejaba avanzar. Ellos lo único que esperaban era que yo fuera feliz. Sin importar cuál fuera el destino y el camino que eligiera recorrer. También, me dejaron claro que podía dejar su embarcación en el momento que decidiera tomar el timón de mi propio barco, pero que tuviera la confianza de que siempre podía volver a su embarcación y tomar los recursos que necesitara para poder continuar mi viaje.
Poco a poco, sentí el calor que emitía aquella hoguera que por fin había decidido prender.
No podía creer lo rápido que se consumían las ataduras. Una a una veía caer aquellas cajas de carga pesada. La embarcación se aligeró inmediatamente y fue entonces cuando comenzó a avanzar.
Aunque el barco se encontraba aún a la deriva, por fin esa carga que mantenía desnivelada la embarcación, desaparecía. Con un nuevo ángulo, el horizonte se tornó distinto. La tripulación se unió al capitán. Y con un nuevo espíritu aventurero, se izaron las velas para tomar velocidad.
Pepilla grilla
-Pero, ¿a dónde vamos?
A encontrar el tesoro Pepilla, a encontrar el más grande tesoro.
Admiro la decisión que tomaste. Tus padres siempre están presentes en cualquier momento para apoyarte y sin lugar a dudas, también tus hermanos. Las personas que te queremos no nos importa tus preferencias sexuales, te queremos tal como eres. Cuenta conmigo
Me gustaLe gusta a 1 persona
Muchas gracias 😊 es lindo saberlo
Me gustaMe gusta
Papilla que bonito leer lo que ya sabemos y sabes que siempre siempre estaremos aquí para tu 😘
Me gustaLe gusta a 1 persona
Gracia Ma. Me es muy grato que me leas y que hayas y sigas acompañándome en este proceso. 😘
Me gustaMe gusta