24.La marca personal

Ahí en medio del océano, a la deriva, me encontraba detrás del timón de un barco, el cual no sabía para qué había sido creado ni ha dónde se dirigía. Para saber si te encuentras en el barco correcto, primero debía averiguar a cuál había abordado. ¿Era acaso un barco pesquero, o de rescate? Tal vez uno de pasajeros, pero ¿era un yate o un crucero? O quizá era un barco de exploración o uno de carga comercial. 

Lo primero que había que hacer era preguntar. Como yo me encontraba dentro del barco, no podía ver el exterior ¿Qué es lo que los demás veían desde afuera? Así que comencé por lanzar una pequeña encuesta. Yo ya no sabía quién era en realidad y tampoco tenía muy claro qué quería. Por esta razón, mi hermano me dio el ejercicio de preguntar, a la mayor cantidad de personas posibles y de distintos ámbitos (profesional, de amistad, familiar etc.) qué es lo que veían de mi. 

Estoy segura que más de una vez, te has cuestionado, cómo te ven los demás. Pero, ¿cuántas veces has preguntado directamente? Con mucho entusiasmo, me di a la tarea de enviar la encuesta a un gran número de personas. Amigos, conocidos, compañeros de escuela, compañeros de trabajo, familiares cercanos, familiares no tan cercanos. Las respuestas, para mantener su autenticidad, serían anónimas. Incluso, ni siquiera yo las recibiría, llegarían directamente a mi hermano, quien se encargaría de recopilarlas. 

Dando un lapso de 3 semanas, esperamos pacientemente que comenzaran a llegar las respuestas. Afortunadamente, vivimos en la era tecnológica, por lo que resulta muy fácil realizar este tipo de encuestas de manera electrónica. Es impresionante la cantidad de herramientas que tenemos actualmente, y que la verdad, pasamos por alto. En realidad, nunca se me había ocurrido realizar una encuesta para un proceso de desarrollo personal. Me pareció lo más interesante.

Al mes de lanzada la encuesta, me reuní con mi hermano para develar las respuestas. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado ansiaba conocer el resultado, por otro lado, temía lo que encontraría. 

Las preguntas que conformaron la encuesta eran: Cuales eran las 2 primeras palabras que se venían a la mente al pensar en mi, debían escoger  (de una gran lista ) los 10 atributos que me identificaran, cuál era mi mayor fortaleza y cuál mi mayor debilidad, cómo describirían mi estilo de vestir y si cambiarían algo, y por último la que más me gustó, si yo fuera un objeto cuál sería y por qué.

Todas estas preguntas tenían una razón de ser. Al final de cuentas, estaba encontrándome, digamos que era como desarrollar mi marca personal. Al igual que una empresa debe conocer muy bien cuál es su modelo de negocio para poder enfocar sus acciones, yo necesitaba conocer qué es lo que mi imagen proyectaba. Aunque suena ilógico, a veces es más fácil identificar lo que no se quiere que lo que uno quiere. 

Pepilla Grilla

-Pero que tontería, si sabes lo que no quieres, es porque sabes lo que quieres.

No necesariamente Pepilla. Puedo no saber si me gustará una fruta exótica africana, pero sí que te puedo decir qué fruta no me gusta de México. 

Me sorprendí al escuchar, que lo que la gente piensa en general de mi, no era lo que yo pensaba estar proyectando. Me encontré con que al final, lo que más deseaba esconder, era casi evidente a los ojos externos. Mi falta de control en el timón, fue lo más destacado en las respuestas. Ir a la deriva era algo que realmente se notaba y en definitiva era lo que más deseaba cambiar. 

Pepilla Grilla

-Pues si no quieres ir a la deriva, elige un camino.

Si bien, no tenía que realmente recorrer todo el camino elegido, sino que, podría hacer uso de una gran cualidad que poseo, y esa es el poder de la imaginación. Empezaría por imaginar cada posibilidad y llegar hasta el punto más lejano que mi capacidad imaginativa me lo permitiera. De esa forma, podría comenzar a descartar aquello que no me vibrara lo suficiente, aquello que no quería en realidad vivir. 

Y, por otro lado, comenzaba también un trabajo de desarrollo personal fuerte. Para eso, debía ir al pasado y analizar el camino ya recorrido. Ahora sí, tocaba contestar aquella pregunta tan fuerte ¿Qué harías si superas que mañana es tu último día de vida? Seguida de otra igual de impactante. ¿Qué te gustaría estuviera escrito en tu lápida?

En un hermoso día soleado, sentada a la orilla del lago cercano a mi casa, tomé mi cuaderno y mi lapicero. Miré los rayos de sol reflejados en el agua. Y con esa chispa de inspiración, escribí mi respuesta.

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