32. El apego

¿Es el apego una emoción? Hace poco me preguntaba esto. Y aunque se siente como una emoción en sí misma, la realidad es que el apego es el resultado de otras emociones. Me di a la tarea de investigar un poco más sobre el tema, y claro, ligarlo con mis propias experiencias. Así que hoy me gustaría hablar un poco sobre lo que encontré. 

Comenzaré por decir una verdad. Soy una persona insegura. La verdad es que a nadie le gusta decir que tiene baja autoestima. Pero la realidad es, que la mayoría del tiempo, yo me siento bastante insegura de estar a la altura de la situación, o en el caso de las relaciones, no me creo suficiente para la otra persona. 

Es chistoso, que muchas personas me han dicho, que me ven como una persona con mucha seguridad en sí misma, con mucha valentía y muy arriesgada. La verdad es todo lo contrario. 

Pepilla Grilla

-“Caras vemos… emociones no sabemos”

Totalmente Pepilla. No es una sorpresa decir, que desarrollé, un enorme apego por Cristi. Y de un tiempo a la fecha, tengo la enorme necesidad de encontrar el origen de mi sentir. Así que, puse manos, o debería decir mente, a la obra. 

Bueno, para empezar, el apego surge de un miedo, en mi caso era a perderla (ya fuera como amiga o como posible pareja). También, existe una inseguridad detrás de ese miedo. Esa era, a no sentirme suficiente. Por lo tanto, existía en mí la creencia de que en cualquier momento me botaría, no me tomaría enserio y se alejaría de mi. 

Pepilla Grilla

-Eso suena muy tóxico ¿no crees?

En efecto Pepilla. Pero esa es la realidad. Y para poder eliminar los más profundos miedos, uno debe desnudarse por completo e identificar el origen. Pero el no sentirme suficiente, en sí,  no era el origen. Eso era una consecuencia de algo más. Algo de lo que hemos hablado tantas veces en este espacio. Las expectativas. 

Cuando se idealiza una situación, en este caso, a una persona, el resultado no puede ser otro que sentirse totalmente insuficiente. Cuando uno construye una imagen ideal del otro, no hay forma de igualarla. Y eso es, porque en realidad no existe. Es una ilusión, y como tal es perfecta. Entonces, si los humanos somos imperfectos, ¿cómo podría uno estar a la par de alguien sin defectos? 

Bueno, en realidad no era para tanto. Sí que podía ver los defectos de Cristi, el problema fue que sobreestimé sus virtudes. Las elevé a un punto inalcanzable. Y es ahí, en ese punto, donde me sentí realmente chiquita.  En esa inseguridad, el constante miedo a ser rechazada, me creo la necesidad de hacer lo imposible por agradarle, de satisfacer de alguna otra manera, las necesidades que yo no podía cubrir. 

Hay un dicho popular que dice “dinero mata carita” y aunque es terrible, para esta ocasión nos viene muy bien. Es natural, que uno busque la manera de compensar cuando algo falta. El mismo cuerpo hace sus propios ajustes cuando se tiene una lesión. Si te fracturas el pie izquierdo, en automático tu cuerpo pondrá mayor carga en tu lado derecho.

Esto, naturalmente, es una reacción inconsciente.  Pero ¿qué pasa cuando esto se vuelve una constante? Me di cuenta, que, en efecto, esto era un patrón. Había bajado del barco de mis padres, tan solo para subirme a otro barco. Ahora viajaba de copiloto en el destino que Cristi marcara. Y me parece que fue un acto totalmente natural. En aquella desesperación, navegando sin rumbo fijo, había aparecido nuevamente frente a mi aquel hermoso crucero.  Lo había perdido de vista por un tiempo, pero otra vez cruzaba mi camino.  

Por un tiempo, fue hermoso pasearme por sus pasillos, disfrutar de su comida gourmet, de los espectáculos nocturnos, de zambullirme en su piscina, de los hermosos amaneceres desde la lujosa suite. Pero después de un tiempo, los detalles se vuelven más visibles. Las grietas en la pared de aquel crucero, comenzaron a romper con aquella primera impresión. El agua de la piscina era fría a momentos. Los espectáculos dejan de impresionar. Y lo que parecía ser un viaje maravilloso, se vuelve una fuente de dolor. Y esto por una razón muy sencilla. Pareciera que constantemente viajas entre dos dimensiones, la realidad y la fantasía. Te aferras a regresar a ver lo que tus ojos veían. 

Mi brújula se volvió loca. Pensaba que el crucero iba en mi misma dirección. Pero la verdad es que, con tal de no desembarcar de aquel crucero, constantemente ajustaba mis coordenadas de destino. Trataba de encajar en la categoría en la que viajaba. Vistiendo de gala para acudir a los eventos, bronceándome en los camastros, aunque en realidad detestara el sol.  Es impresionante que por mucho que el viaje se volviera pesado, prefiriera estar ahí que bajar a tierra firme. Y es en este punto, donde la frustración lastima. 

Y es engañoso, porque en realidad nadie me obligaba a hacerlo. No era una condicionante hacer estas cosas o dejar de hacer otras, para ser una pasajera. Simplemente eran acciones que yo creía me convertirían en un miembro del club VIP. 

Aquí me di cuenta que el patrón se repetía. Quizá sea algún síndrome del naufrago o algo por el estilo. ¿Por qué bajar a explorar una tierra desconocida?  ¿Por qué seguir navegando en barco ajeno? Mi apego, es solo el reflejo de tratar de llenar un vacío interno. ¿qué crees que estoy queriendo llenar?

2 comentarios sobre “32. El apego

  1. Buscas la felicidad y plenitud, encuentra ese destino final y en el inter disfruta todas las actividades diarias con sus emociones, entendiendo que algunas son para indispensables para subsistir aunque no te lleven al destino final

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  2. Definitivamente, esto me suena a «tratar de encontrar el amor hacia uno mismo». El índice más importante está al inicio: «tengo baja autoestima». Ya sé… El «¡¡tienes que amarte!!» lo repiten todos… Y nadie te dice cómo alcanzarlo realmente. Pero estas aventuras en barcos ajenos te permiten hacer el vacío más visible, más nítido. Y con consciencia, viendo, explorando y tratando de entender este vacío cada más grande, cada vez más difícil de llenar, progresivamente, puedes llegar a la evidencia. Es una ilusión…
    Dando la espalda a este vacío ilusorio, puedes encontrarte, conocerte, comprenderte, aceptarte y amarte.
    Es solo una vuelta pero es lo más difícil, borderline imposible. Y cuando la das, te quedas pasmada por su facilidad. Pero entiendes que tuviste que hacer este recorrido completo para realizarla. Es irónico porque es lo más complejo y lo más sencillo a la vez.

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