35. Grito del corazón

Llegué a primera hora de la mañana a casa de Cristi. Había mucho por hacer. Quedaban pocos días de su estancia en México. Aquel lugar ya no parecía un hogar. Había vendido todos sus muebles, solo quedaba el colchón. Sus maletas estaban listas. Su partida era inminente. La realidad me golpeó a la cara. Cristi sacó una caja del closet. Había guardado unas cosas para mi. Mi corazón se quebró en ese momento. 

Luché por no decir aquellas palabras. ¿Quién era yo para cortar sus planes? Pero no podía quedarme callada. No podía sentarme con los brazos cruzados y ver partir al amor de mi vida. 

La abracé y con la voz cortada y lágrimas en los ojos, le susurré al oido -No te vayas.- Apreté mi cuerpo contra el suyo, como tratando de hacerme una con ella. Suspiró profundo y no pudo evitar derramar unas lágrimas. La tomé de las manos y le pedí una oportunidad de hacerla feliz.  -Si tu aceptas, cada día viviré agradecida de despertar a tu lado. Contigo he sentido y vivido más que en toda mi vida junta.- 

Mi corazón estaba expuesto y sus ojos mostraban una profunda confusión. Su boca no podía decir lo que su corazón gritaba. Me miró a los ojos y tomó mi cara entre sus manos. Sonrío y me dio un beso suave y tierno, pero ¡tan intenso!, que pude sentir como me entregaba su alma. 

Miró las maletas fijamente y nos quedamos en silencio por un momento. Mis dedos acariciaban sus manos que seguían sobre mi rostro. Finalmente suspiró y me miró nuevamente. -¿Y si empezamos juntas en otro lado?-

Sonreí. No había necesidad de una respuesta. Sabía que yo iría a otra galaxia si me lo pidiera. Comenzamos a reír incrédulas de lo que pasaba. La espera había terminado. Mi paciencia era recompensada. Al fin podíamos estar juntas. La tomé de nuevo entre mis brazos. Besé su cuello, respiré su olor. Me perdí en sus ojos. Mi corazón latía tan fuerte que me sentí desvanecer. Tuve que cerrar los ojos y respirar profundamente. 

Soñar despierto es lo más peligroso que puedes hacer. Corres el riezgo de no querer volver a despertar. Pero esta vez, tuve que despertar. Nada de esto había pasado y ya no había tiempo para que pasara. 

Abrí los ojos. No pude contener las lágrimas. Cristi caminaba hacia una nueva vida. Mi cuerpo temblaba acompañando mi llanto. No podía creer que la viera partir. Me quedé pasmada. Todo mi ser quería gritar con fuerza que la amaba. Que estaba dispuesta a esperarla si así lo deseaba, o sin pensarlo, la seguiría a donde fuera si me lo pidiera. 

Pepilla Grilla

-¡Grita, Grítale lo que sientes!- 

Levanté mi mano para despedirme. Desde el otro extremo de la sala, ella me contestó de la misma forma. Nuestras miradas se cruzaron una vez más. Con todas mis fuerzas, esbocé una sonrisa. No se por qué lo hice, ella ni siquiera la vería. Creo que aquella sonrisa triste detrás de la mascarilla, era más que nada, para tratar de aliviar mi dolor. 

Tomó su maleta y dio la vuelta. La vi alejarse hasta perderla de vista. Hay historias que es mejor dejarlas en la imaginación. Hay historias que nunca sucederán. Pero son justo estas historias las que más nos hacen sentir. Son las que más cuesta superar. 

2 comentarios sobre “35. Grito del corazón

  1. Marquez: «En verdad hay sentimientos que es mejor que se queden en lo platónico; y es mejor recordarlos así, irreales, inacabados, porque eso es lo que los hace perfectos”
    Es una frase super bonita pero eso no cambia ni disminuye el dolor… abrazo fuerte chiquita!

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  2. Hay cosas en la vida que por algo pasan, y uno no debe aferrarse y forzar las cosas dejar fluir y solo el destino se encargar de acomodarlas 😘

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