Seguía y seguía hablando casi sin sentido. Expulsaba fuego con mis palabras. Sin la intención de herir, el fuego había consumido todo.
Comencé a reclamar su falta de atención hacia mi en los últimos meses, desde su partida de México.
Me quedé esperando un regalo cuando se fué. Estaba segura que me daría un regalo especial, y casi podía apostar que sería una baraja de tarot de ángeles , ya que era algo muy significativo para mi y ella tenía muchas, de las cuales, solo había escogido unas cuantas para llevarse. Pues, eso no pasó. “Quizá las guardó para mi cumpleaños, que ya está cerca” pensé. Eso tampoco llegó.
Me quedé esperando la videollamada que había pedido para mi cumpleaños. Varias veces lo mencioné. Que no quedara duda de lo que quería recibir. ¿Tan difícil era? ¿No podía apartar 15 minutos de su día para marcar? El teléfono lamentablemente no sonó.
Tampoco es que lo hubiera olvidado. Me había enviado un video cantándome las mañanitas. El cual agradecí muchísimo y lo vi millones de veces. Por momentos me sentí avergonzada ¿Será que estoy siendo una mal agradecida? ¿Será que estoy pidiendo demasiado? Pero había una voz que gritaba dentro. Me preguntaba por qué algo tan sencillo no podía ser concedido. ¡Es una simple llamada!
Comencé a cuestionarme si era yo quien sostenía la amistad. Llevaba ya varios días sin escribirle tanto, quería comprobarlo. No dijo nada. Y ella, tambien disminuyó su comunicación. “No le hago falta, quizá ni lo notó”. Pensé. Cuando estuve en España y que dejamos de hablar, no me extrañó. De hecho, había estado mejor. ¿Por qué esta vez sería diferente?
Pepilla Grilla
-¿Estas victimizándote?
Pepilla pero tu lo sabes bien. Hubo ocasiones en las que tenía casi que rogar por obtener aquello que había prometido darme. Esas veces me hizo sentír no suficientemente importante. Pfff, ¡Cuántas veces me sentí dejada de lado! Pero el problema no era el cómo se sentía relamente ella hacía mi. El problema estaba, en que yo siguiera en un lugar, en el que no me sentía valorada. ¿Por qué estoy rogando amor?
Pepilla Grilla
¿Es amor lo que buscas , ó, no será mas bien atención?
Quizá te estes preguntando, lo mismo que ella. En qué momento una llamada feliz, en la que con sincera emoción me compartía naturalmente su plenitud, se había convertido en una llamada de reclamos. -No puedo creer lo que escucho. Me acabas de romper el corazón- Dijo.
En un intento muy torpe por hacerle comprender el dolor que yo sentía, el humo del incendio que habían provocado mis palabras, terminó por opacar y ahogar su felicidad. Todo lo volqué hacia a mi. Veía una gran diferencia en nuestro sentir. Ella era mi prioridad y yo me sentía una simple amiga más en su vida. Nada especial.
Sin embargo, escuché la sinceridad en su voz al decirme lo mucho que le dolía saber todo eso. Me aclaró cada una de las cosas que le reclamé. De pronto, me di cuenta lo pegada que estaba a la pared. Mis ojos veían un abismal agujero. Si tan solo hubiera dado unos pasos atrás, me habría dado cuenta que se trataba tan solo de una grieta. Reclamaba que la pared no estaba aún terminada, cuando ya había incluso una obra de arte pintada en ella. Y si hubiera volteado atrás, me habría dado cuenta que Cristi sostenía los pinceles que la habían dibujado.
Cristi ya no tenía palabras por decir. Sin entender lo que pasaba, me pidió tiempo para aclarar sus pensamientos y sobre todo, sus emociones y fue así como terminó la llamada.
Me quedé en silencio tratando de atar cabos de lo que acababa de hacer. Todo era confuso. ¿Qué fue lo que dije? No estaba muy segura de qué palabras había pronunciado mi boca. Como si de una posesión demoniaca se tratara. Y no está tan alejada de la realidad esa idea. La voces del ego fueron las que se escucharon.
Tuve tiempo de reflexionar, de analizar qué es lo que había pasado. ¿Por qué había tomado esa decisión tan abruptamente? ¿Por qué había reclamado cosas que parecían no tener sentido en ese momento?
Me detuve a repasar cada cosa de la llamada tratando de encontrár el origen, el detonante de aquella parte tan tóxica. No les mentí cuando dije que necesaría de una entrada especial para hablar de ella. De hecho, estoy ocupando dos e incluso podría necesitar de unas cuantas más si les contara a detalle.
Sin duda, la comparación fue la chispa que encendió la llama. Como si se tratara de una competencia, me aferraba a llevar la delantera. Pero, ¿Cómo se comparan dos almas tan distintas? Simplemente no se puede. Pero eso al ego no le importa. Se empeña en buscar cada detalle, tratando de apuntar cada acción como si fuera una cuestión de vida o muerte.
Me di cuenta que mis palabras habían salido con un solo fin. Atacar.
Pepilla Grilla
-Si tanto la amas, ¿Cómo es posible que te duela su felicidad?
Oh Pepilla. Tu pregunta resuena en cada parte de mi ser. Y así, la más oscura de mis sombras se paró frente a mi. Me observó a los ojos y susurró. “No me duele su felicidad. Me duele que no sea conmigo.”
¿Pero qué es esta parte de mi que no conocía? Me di cuenta que en realidad, no solo las voces del ego habían emitido su opinión en aquella llamada. En algún punto, se había colado la voz de la intuición, que junta a la razón, habían tomado la decisión de tomar distancia.
Esta relación no me hacía bien. Había desarrollado una enorme dependencia. Si yo la necesitaba para poder respirar, por ende ella también debía necesitarme. Pero, cuando notaba que en realidad no era mutuo, mi ego saltaba en frustración. ¿Cómo es posible que yo la necesite y ella no a mi? Esto, sólo me hacia sufrir constantemente.
Todo mi interior estaba lleno de polos opuestos, jalando cada uno en su dirección todo el tiempo. Por un lado la razón luchando contra la emoción. Por otro lado la intuición enfrentandose a la acción; y mi cuerpo, lanzaba golpes sin cesar tratando de ganarle a los pensamientos.
Los días que siguieron fueron un verdadero infierno. Me atormentaba el arrepentimiento de haberle robado un momento de felicidad. Por otro lado, me carcomía el enojo. Me paralizaba la ansiedad de no saber lo que pasaría. ¿De verdad yo estaba dispuesta a terminar con esto? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Qué pensaba de todo esto? ¿Acaso me respondería después de esta reacción tan tóxica?
Dicen por ahí que es mejor hablar las cosas con la cabeza fría. Ahora entiendo lo que dicen. Después de apagar el incendio que emanaba de lo más profundo de mi ser, me di cuenta que estaba esperando una respuesta, que en realidad, no le correspondía a ella contestar.
Creía haber superado esta historia. Pensé que había dado punto final a este capítulo hace mucho tiempo. No me di cuenta, que en realidad, solo era el inicio de la travesía. Es aquí donde comenzaba la hazaña más importante. Esto había sido el detonante. Los obstáculos apenas empezaban. Y el primero de ellos, radicaba una vez más, en bajar de un barco que no era mío. ¿Cuántas veces se tiene que naufragar?
Esta vez no hubo despedida. Nos limitamos a enviar, cada una, mensajes aclaratorios sobre toda la situación. No se dejó nada sin decir. Sin embargo, bajar del barco se sintió como dar un paso hacia el precipicio. Soltarse del salvavidas y enfrentarse aquel mar embravecido, sólo significaba una cosa. Venían tiempos de tragar mucha agua. Y serían los tragos más amargos.
En esas aguas embravecidas no nadas sola hay salvavidas a tu lado que te ayudan afiánzate a ellos y serán más fácil y seguro llegar al soleado y brillante destino que el universo tiene para ti
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