Queridos lectores:
No podía terminar este 2021 sin escribir la última entrada del año. Como bien lo saben ya, cuando más cosas pasan, menos escribo. Que ironía ¿no? O quizá sea lo más normal. Mi cerebro tarda en procesar aquello que el corazón acepta en un instante.
Quiero cerrar este año compartiendo el inmenso aprendizaje de los últimos meses. Debo confesar que la terapia no fue fácil. Para que un proceso funcione, no importa el tipo de terapia que sea, se debe estar realmente entregado al proceso. Se debe estar consciente, que seguramente, dolerá incluso más que en un inicio.
Yo me volqué por completo en mis sesiones. Dediqué el tiempo a cada una de mis tareas. Y sin temor, estuve dispuesta a enfrentarme a la oscuridad. Tuve la fortuna de tener una maravillosa guía. Si algún consejo puedo dar a todo aquel que esté pensando en buscar ayuda, es que sigan su intuición. La energía no miente y uno puede sentir, si la persona frente a ti, es la indicada para tomarte de la mano y ayudarte en el camino.
A mi me funcionó una terapia no tradicional. Pero para cada situación y para cada persona es distinto. Ponte atento y sabrás cuál es para ti. Cuando uno está abierto a recibir ayuda, esta llega casi que por arte de magia. De la misma manera que llegó esta terapia, se presentó la inquietud de ir a un retiro espiritual.
Platicando con mi hermano, quien debo decir fue pieza fundamental en todo mi proceso de cambio, descubrí que cerca de la ciudad dónde reside (Valencia), se encuentra una pequeña comunidad que se dedica a realizar encuentros espirituales.
Faltaba poco tiempo para mi visita a España. La pequeña semillita estaba a pocos días de florecer, así que, pasaríamos algunas semanas en tierras españolas para recibir al nuevo miembro de la familia y apoyar, en lo que se pudiera, a los nuevos padres. Esto daba paso a poder asistir a uno de estos retiros de los que hablaba mi hermano. Sin pensarlo mucho, porque ¿si no es ahora, cuándo? Busqué alguno que se ajustara a las fechas en las que estaría de visita.
Solamente uno se daría en esas fechas. Un retiro que parecía ideal. Meditación, caminata en las montañas y ¡hasta un masaje incluido! Todo lo que estaba buscando, un momento de desconexión en la naturaleza. Así que no había mucho que pensar. Escribí para pedir información.
Pasaron los días y no obtuve respuesta. Entré de nuevo al sitio para corroborar los datos. Quizá había algún error. Para mi sorpresa, esta vez aparecía un nuevo anuncio. Un retiro de “biodanza”. Inmediatamente llamó mi atención. ¡Danza! Si algo tiene el poder de desconectarme es precisamente la danza. No tenía ni la menor idea de qué era eso de “biodanza” pero en la información hablaba de trabajar “los miedos” a través del movimiento corporal.
Escribí para pedir informes y para mi sorpresa, me contestaron inmediatamente. Realizamos una videollamada con la encargada del retiro y desde el saludo pude sentir una vibra familiar. Comenzó a contarme un poco más. De pronto mencionó algo que hizo parar por completo el tiempo. El retiro estaba basado en la mitología del minotauro, el laberinto y por supuesto ¡el hilo de Ariadna! ¿Pero qué? ¿Escuché bien? Pero si este retiro lleva prácticamente mi nombre. ¿qué otra señal necesitaría?
Naturalmente, mi cerebro al terminar la llamada, comenzó a cuestionar si era buena idea asistir. Excusas encuentras muchas. Pero, descubrí que si no tienes dudas, es porque no te está desafiando lo suficiente. Y si no te desafía, entonces ¿Qué tanto te hará crecer? Para mi sorpresa, a cada no que daba, el universo me facilitaba un sí. Todo a mi alrededor gritaba que debía asistir a este evento. Tres días en las montañas para trabajar aquello que todos debemos trabajar. Los miedos más profundos.
Un poco temerosa, cabe recalcar, decidí asistir. Comencé un nuevo proceso, paralelo a mi terapia. En realidad, no quiero contar mucho sobre este retiro, por si alguna vez alguno de ustedes decide asistir a uno. Es mejor no saber qué es lo que se vive ahí. Llegar con expectativa cero. Así como fue mi caso. Sin saber absolutamente nada, llegué a ese lugar. Tan solo con el deseo inmenso de trabajar profundamente en mí.
Debo confesar que iba bastante escéptica del resultado. ¿Qué tanto se puede lograr en tres días? No creía que pudiera ver algún cambio significativo. Muy alejada estaba de la realidad. Bueno a decir verdad no fueron tres días solamente. Llevaba ya un proceso de dos meses de trabajo intenso. Podría decir que este evento fue la culminación de todo ese esfuerzo puesto día con día. Pero sin temor a equivocarme, este retiro aceleró por completo la obtención de resultados.
Si alguna vez estas pensando en asistir a un taller, retiro, evento, o algo similar, te diría que te atrevas. Si te llama es por algo. El universo actúa de una manera bastante clara debo decir. Solo que nos empeñamos en complicar las cosas nosotros. Cuando es para ti, lo sabrás en el tiempo que te toque.
Por mi parte, quedo eternamente agradecida de coincidir con maravillosas personas en aquel lugar. Pude experimentar grandes emociones y por primera vez me abrí a dejar la mente de lado para dar paso al corazón. Por tres días, parecía que habían desconectado mi cerebro para conectarme a otra fuente. A la fuerza más grande de todas. El amor.
Viví cosas inexplicables. Cosas que no se entienden, sólo se viven y se sienten. Porque ¿cómo es posible sentir tanto amor por personas que acabas de conocer? Cuando se quieren resultados distintos, se debe estar dispuesto a hacer cosas distintas. Y así lo hice.
Regresé a Valencia totalmente recargada de tanta energía, que podría haber abastecido a toda la ciudad. Y vaya que lo necesitaba, ya que unos días más tarde, tenía programado un reencuentro con Cristi. Iría de visita a Valencia junto a, nada mas y nada menos que, ¡su novia!
El tan esperado día llegó. El momento de la verdad. ¿Las terapias habían funcionado? ¿El retiro marcaba la diferencia?
Las horas del día transcurrieron lentamente. Debo decir que me encontraba muy ansiosa de volver a verla y, sobre todo, de conocer a su chica. ¡Tanto la habíamos imaginado! y por fin era una realidad. ¿Cómo me sentiría al verlas? Mis nervios se reflejaron en el clima de ese día. Llovió sin cesar, haciendo más lento el paso del reloj.
Las nubes cesaron y el día se despidió para dar paso a la noche. Por fin un mensaje comunicaba que se encontraba a pocos minutos de llegar. De un salto me levanté. Me cambié de ropa para recibirlas como se merece recibir a tan esperada visita. Sentía que la había dejado de ver hace años. Mi corazón se aceleró.
Bajé lentamente los escalones del edificio. Me paré frente a la entrada principal. Miré al cielo y respiré profundamente. “Estoy lista”, pensé. Sintonicé con el amor que había sentido días atrás en aquel encuentro de almas. Me llené de la energía de cada abrazo que recibí y cada cruce de mirada de aquellas maravillosas personas.
-Estamos a tres minutos- un nuevo mensaje. Habían encontrado lugar, para estacionar su camioneta, cerca del edificio. ¡Cosa insólita!, ya que en los días pasados nunca vi lugar libre. Buena señal supongo.
Por fin, en la esquina de la calle, veo doblar dos figuras en dirección a mi. El faro de luz que iluminaba el camino, cegaba un poco mis ojos, por lo que no podía asegurar que eran ellas. Por fin una amigable mano me saludó. Mi corazón saltó de alegría. Regresé el saludo y comencé a caminar hacia ellas. Al igual que yo, Cristi avanzó cada vez más rápido. De pronto, nos encontramos casi corriendo para encontrarnos. Cristi dejó en el suelo una caja que llevaba en sus manos y nos saludamos con nuestro saludo especial. Con un grito de alegría, ambas saltamos a darnos un gran abrazo. Su chica sonrió al vernos actuar como pequeñas niñas cuando vuelven a la escuela después de las vacaciones.
La miré y vi en sus ojos una enorme felicidad de ver ese encuentro. La saludé realmente entusiasmada de conocerla. Pude sentir una vibra tan hermosa en ella, que no pude más que abrazarla y sonreír.
Sentí mucho amor en el ambiente. El perfecto reencuentro de almas. En ese instante supe que el ciclo se había cerrado. Sonreí sabiendo que aquella sombra que me acompañó por tanto tiempo había desaparecido. En aquella noche oscura, mi corazón brillaba más que nunca. Todo había cambiado, porque yo había cambiado.
El resto de su estancia fue maravilloso. Caminamos por todo Valencia. Disfrutamos de deliciosa comida, por supuesto la paella no podía faltar. Tuvimos profundas conversaciones, combinadas de risas y ¿por qué no?, de silencios en el que solo la presencia era necesaria.
Nos despedimos con un abrazo amistoso, esta vez con una sensación distinta. El tiempo había sido suficiente. Las experiencias necesarias y las palabras adecuadas. Esta vez cruzar su mirada un segundo era una eternidad, pues la eternidad es un segundo.
Después de tanto tiempo dedicado a salir de ese laberinto, por fin encontraba la salida. Pero no era la que me esperaba. No se trataba de encontrar el camino que me sacara de esos pasillos sin fin. La única forma de salir de ahí, era destruir esos muros que yo misma había construido. Esos muros que parecían elevarse hasta el cielo, de pronto perdieron altura. Ya no bloqueaban mi vista. El laberinto, estaba tan solo en mi imaginación. Había dado vueltas en círculo una y otra vez, perdida en el caos de mis pensamientos, cuando tan solo hacia falta respirar y permitirme sentir para ver lo que los ojos no podían.
Con el paisaje despejado, me senté un rato a contemplar aquello que había dejado de ver hace tanto tiempo. Me senté a re-conocerme. A sentir. A realmente sentir sin etiqueta. A sentir la vida. A sentir aquella energía que lo mueve todo en este mundo. Sin nombre. Sin una emoción determinada. Solo, sentir. Y me di cuenta que para sentir, primero se necesita estar.
Escribiendo estas palabras, me doy cuenta que hace 365 días, parada frente a Cristi, le compartí mi intensión para el año que comenzaba. Deseaba encontrar en el 2021, presencia y fluidez. Presencia en el sentido de estar presente, para así, permitirme fluir con el universo.
Pues bien, hoy en este último día del año, puedo decir con una gran sonrisa en mi rostro, que puede encontrar aquello que buscaba.
Resumo este año como uno de grandes aprendizajes, de múltiples oportunidades que me permitieron una enorme transformación. Enormes olas me forjaron y hermosos delfines me ayudaron a flotar en ese mar agitado. Hoy por fin he tocado tierra firme. Y con esta inmensidad de posibilidades, le sonrío a este nuevo año. Cargada de la energía más grande de todas, doy aquellos pasos que no me atrevía a dar desde hace tantos años.
Queridos lectores, agradezco su compañía en esta aventura. Desde la apertura de aquella caja de pandora, hasta la salida de este laberinto. Espero que mis palabras formen parte de ese hilo, que los ayude a ustedes, a salir de sus propios laberintos.
Les deseo un gran 2022, con amor, Ariadna.
Gracias Ari eres ejemplo para quienes tenemos la fortuna de estar cubiertos por tu gran amor
Feliz 2022 que esté colmado de bendiciones
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