46.Una carta a mi cuerpo

He aquí una nueva entrada, en la que te cuento algo muy personal.

Hace unas semanas, comencé un taller de sexualidad sagrada. En este, cada semana tenemos ciertas actividades a realizar para ir conociendo nuestra propia sexualidad. Dentro de esas actividades, había una en particular que simplemente me resistía a hacer y esa era, escribir una carta a tu cuerpo.

Al principio cuando leí la asignación, me pareció fabuloso. Me emocionaba la idea. Pero cuando me sentaba a escribir, ponía algún pretexto y lo dejaba para después.

Al principio pensé, que como le quería dar su tiempo y espacio adecuado, me esperaba al momento perfecto para realizarla. No quería hacerlo rápido y por cumplir. Pero luego caí en la cuenta que en realidad, me encontraba en resistencia y no sabía por qué. ¿Qué es lo que me impedía hacer esa actividad? ¿Miedo? Flojera estoy segura que no era.

Pensé que sería fácil pues he trabajado tanto en mí últimamente, que no daba crédito a lo mucho que me estaba costando.

Después de dos semanas de darle la vuelta a la tarea, por fin me di el tiempo de tomar papel y pluma, prender la cascada de luces acogedoras que tengo en mi cuarto, acomodarme recargada en el respaldo de la cama y comencé a escribir.

Inmediatamente al escribir las palabras “Querido cuerpo”, noté cómo se me hacía un nudo en la garganta. Lo ojos se humedecieron y la respiración se intensificó. Había llegado el momento de hablar abiertamente con él. La verdad, llevaba semanas sin querer escucharlo. En un estado de total agotamiento, mi cuerpo estaba gritándome algo y yo simplemente lo ignoraba.

Pero ahí estaba, en medio de la noche, escribiendo una carta tratando de averiguar lo que me quería decir, pero sobre todo, tratando de encontrar las palabras adecuadas para expresarle mi sentir.

Le pedí perdón por las veces que me he avergonzado de él. Por las veces que lo he mirado con total juicio y lo he maldecido. Perdón por las veces que dejé que lo hirieran con una mirada y por creer aquello que esos ojos gritaban. Por aceptar las críticas de otra boca que no era la suya.

Con total humildad, le pedí perdón por dejar que lo lastimaran. Por no haber sido su voz y pedir aquello que deseaba.

Le he enjuiciado tan duramente, aún cuando cada día me permite sostenerme, me permite ver, oler, escuchar y hablar. Me permite sentir placer. Me permite tener la coordinación adecuada para cada una de mis actividades. La fuerza para caminar, correr y bailar.

Me da las señales necesarias para estar en completa salud. Y con lo poco que le doy, saca todo lo necesario para funcionar de la mejor manera.

Le agradecí con todas mis fuerzas, que me permita habitarlo en esta vida. Soy tan afortunada de tenerlo y con toda franqueza y vergüenza, confieso que lo he tomado por sentado. Incluso peor, le he reprochado tantas veces por no lograr correr mas rápido, saltar más alto. Por ser tan diferente a esa figura que aparece en la revista.

¿Por qué tan chaparrita? ¿Por qué tan morena? Y la peor ¿por qué tan velluda?

Confieso que me he mirado al espejo con asco. Que me he golpeado en total desesperación cuando las cosas no salen como lo había planeado. Que he deseado habitar otro vehículo que no es este.

Tanto me ha dado y tan poco le he agradecido. Hoy más que nunca, trabajo fuertemente en destruir esos juicios y poder verlo con orgullo, tratarlo con ternura, amarlo incondicionalmente.

Gracias querido cuerpo, por ser tan resistente a todos los ataques que te he dado con mi pensar y mi sentir. Gracias por estar. Gracias por ser.

4 comentarios sobre “46.Una carta a mi cuerpo

Replica a Amalia Andrade Cancelar la respuesta