47.El vacío

Hola de nuevo mis queridos lectores. Después de un largo periodo de ausencia, vuelvo a este espacio para compartir mi sentir.

Durante este tiempo, incursioné en el mundo del podcast. Pasé de la palabra escrita, a la hablada. Razón por la cual, había tenido algo abandonado el blog. Pero estoy de regreso, porque como bien sabes, la escritura es lo que más me gusta.  

Vuelvo a este espacio, justo en un momento de toma de decisiones. Con pinta en proyectos futuros, decidí mudarme de ciudad.  Claro que eso implica muchas despedidas y cierre de ciclos.

Comencé por el trabajo. A pesar de que la decisión de cambiar de ciudad, significa que ese proyecto que he soñado tanto está avanzando, no deja de ser un salto de fe. Dejar lo seguro, lo conocido, por algo completamente nuevo e incierto. Por lo tanto, el nerviosismo de si estoy tomando la buena decisión al renunciar, llega a ser abrumador.

Pasado ese momento, comienza el primer cierre de ciclo. Agradecer al espacio y personas que me recibieron durante estos dos años, tiempo en el que incursioné en el mundo académico. Ser profesora fue una gran experiencia. Creo que los profesores, somos los que nos llevamos las mejores lecciones. Por lo menos así fue para mí. Grandes lecciones de vida.  Gran crecimiento personal.

No quiere decir que jamás vuelva a dar clase. Sin embargo, existe un ciclo que termina. Y como todo final, puede llegar a ser doloroso.

Yo no tenía prisa por irme. El proyecto que se inicia, justo se encuentra en la primera etapa. Por lo tanto, mi participación es un poco limitada, ya que lo fuerte para mí, será en una etapa más avanzada. Comencé a preguntarme si había tomado una buena decisión. Quizá había sido muy anticipada. Nuevamente los demonios del nerviosismo comenzaron a atacar. Entonces aparece la pregunta del millón ¿Cuándo me voy? ¿Cuál es el mejor momento para tomar mis maletas y partir?

Moverse a un nuevo lugar, implica muchos gastos y mi inquietud radicaba en que, en un primer tiempo, no tendría un ingreso. Por lo tanto, dependería de mis ahorros, los cuales no eran muchos.  

Pepilla Grilla

-Genial, llegarás a una nueva ciudad, tendrás que buscar un trabajo intermedio en lo que esto arranca. Te hubieras quedado dando clase.

Pepilla, ¿Acaso crees que no he pensado en eso? Lo que es verdad, es que cuando se toma una decisión, muchas cosas se mueven. Cuando tomé la decisión de renunciar, fue cuando en verdad el proyecto en la nueva ciudad comenzó a avanzar.  

Así que, con eso en mente, me di cuenta que era momento de empezar a despedirme de mis grupos, de cerrar el ciclo completamente en la ciudad. En definitiva, el grupo que más me costó decir adiós, fue el de yoga Kundalini. Si has escuchado mi podcast, sabrás que este tipo de yoga, ha sido para mi un gran maestro. He aprendido tantas cosas aplicables al día a día. Pero la parte más linda, fue encontrarme con grandes personas en ese espacio. Formé parte de una tribu con la cual sentí un gran apoyo, un gran sostén para los momentos de dificultad en este viaje de desarrollo personal.

Una parte de mi quería seguir tomando clase hasta el último momento. La otra parte, sabía que seguir pagando un paquete de clases más, significaba seguir atándome a esta ciudad y por lo tanto, seguir postergando mi partida.

Pepilla Grilla

-Dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre.

Definitivamente, lo comprobé en el momento de renunciar a mi trabajo. Pero saberlo, no quita la dificultad de cerrar esa puerta. Sobre todo, cuando es una que te ha dado tan gratos momentos.

De igual forma que dar clase, el yoga seguirá siendo parte de mi vida. Sin embargo, las despedidas suelen ser muy difíciles para mí. Cerrar un ciclo se llega a sentir como que te desprendes de algo. Y ese algo deja un cierto vacío en tu interior.

Pepilla Grilla

-Claro, pero para que algo nuevo entre, se debe hacer espacio.

Totalmente, pero esa sensación de vacío es realmente aterradora. ¿Y si no se vuelve a llenar?  Esa pregunta que taladra, el incómodo “qué tal si…” que te paraliza. El miedo que te plantea terribles escenarios en tu cabeza. De ahí que tomar decisiones no sea nada fácil.

Como bien sabes, suelo ser bastante melancólica cuando se trata de soltar. Este nuevo cierre, por supuesto me hizo recordar mi historia con Cristi. Mi frustración al soltar y en definitiva, el tremendo vacío que me hizo sentir y que lamentablemente, no se ha vuelto a llenar del todo. Nuevamente me encontraba con esa terrible sensación. Pero como bien me ha enseñado el yoga kundalini, hay que encontrar la comodidad en la incomodidad.

Esta vez decidí que sería distinto. Porque esta vez tengo más aprendizajes conmigo, más lecciones aprobadas, mayor crecimiento personal y un mayor nivel de consciencia. Me di cuenta que todo lo que he vivido me ha preparado para este punto.  Abracé mi miedo, no le di la espalda a mi sentir, todo lo contrario. Me permití vivir todas mis emociones. Si algo he aprendido en este tiempo, es precisamente a dejarme sentir y compartir. Pero estar más preparado, no significa que ya no te afecte, simplemente, dejas de luchar con tus emociones, con tus pensamientos, con las situaciones y es ahí cuando en verdad te permites fluir.

Me encanta encontrar las señales que sutilmente nos da el universo. O quizá solo es mi mente de guionista tratando de encontrar el más mínimo detalle, para convertirlo en historia. No importa cual sea el caso, lo que me pasó me pareció sumamente particular.

Al regresar de la despedida de mi grupo de yoga, decidí recostarme en mi habitación. Solo dejé que mis emociones se sintieran. Pasó el tiempo y comenzó a oscurecer. Así que decidí prender la cascada de luces que tengo colgando en la pared.  Al momento de encenderla, prendió unos instantes por última vez. Acto seguido, se apagó para no volver a prender. Lo tomé como una señal. Un ciclo había terminado definitivamente. Mis clases de yoga fueron mi lugar seguro.  Un espacio cálido que me permitió vivir muchas emociones. De igual manera que lo es mi cuarto y en especial, esa cascada de luces que daba a mi habitación un ambiente acogedor.  

Por supuesto que las lágrimas salieron automáticamente, una cierta tristeza y melancolía me abordaron. Pero al mismo tiempo, tuve la sensación de estar completamente conectada con algo más grande. Todo parecía sincronizado, quizá por primera vez, realmente estaba haciendo caso a mi intuición y con ello me encontraba en perfecta sintonía con el universo. Esto me reconfortó.

Quizá hoy toca apagar la luz para poder ver las estrellas.

El universo tiene formas muy particulares de hablar. Y como por arte de magia, en el momento de mi decisión a decir adiós, al cerrar esa puerta, otra se me abrió. Pero de eso hablaremos en otra ocasión.

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