51.El portal

A los pocos días de haber llegado a “Tierra corazón” festejamos el cumpleaños de mi amiga, Venus. El día comenzó con un rico desayuno reconfortante. Unos deliciosos hotcakes, acompañados de un atole típico de Chiapas. Las pláticas profundas no podían faltar. Venus nos explicaba algunas cosas de numerología. Descubría que mi número destino o de vida, es el 3, y de Mextli (otra chica que se nos unió días después de nuestra llegada) el 3 era el día de cumpleaños. Venus se percató que, por alguna extraña razón, un grupo de personas que llegaría ese día, habían cambiado de planes. Por lo que ese día, en lugar de ser un grupo de 6, habíamos solo 3 mujeres celebrando su cumpleaños. Así que, de algún modo nos conectaba una energía similar relacionada a ese número.

Después de llenar el estómago, comenzamos a caminar por la montaña, visitando lugares específicos. Comenzamos por el que llaman, “El santuario del poder”. Cada una en silencio, conectó con el lugar. Yo me encontraba muy mental. ¿Qué se supone debo hacer? ¿Debería sentir algo? Yo veía a las otras dos tan conectadas. Con ojos cerrados, una con las manos y pies puestos en la tierra, conectando desde ahí. La otra, moviendo sus manos al aire, como dirigiendo la orquesta de la montaña. De pronto, Venus comienza a cantar una bella melodía. Yo me sentí por un momento fuera de la conexión y una especie de embaucadora o fraude.

Me habían asignado el rol de guardiana principal del lugar, pero yo las veía a ellas tan conectadas, que pensaba que quizá se habían equivocado de persona. Llegó el momento de cambiar de lugar, mi amiga dirigía la expedición puesto que ella era la festejada.

Antes de partir, lo único que hice fue ponerme de rodillas e inclinar mi cabeza al suelo. Recordé las posiciones en yoga y su significado. Así que lo único que dije fue, -doblego mi cabeza al corazón-.

Seguimos nuestro camino y llegamos a un punto donde la abuela, dueña y guardiana de “Tierra corazón”, había tenido una gran visión. Un centro energético fuerte. Un portal. En el lugar, se había construido una plataforma en círculo, de piedra. Entramos en ella, formando dentro del circulo, un triángulo, cada una de nosotras siendo un pico.

Comenzamos a cantar una canción de las “guerreras caídas”, originaria de las tribus apaches. Por alguna razón, cada que medito me lleva a una imagen de fuego y apaches. Me he visto vestida en su ropa típica, cargando un arco y flecha, montada en un caballo salvaje. ¿Será una visión de una vida pasada? No lo se, lo único que estaba segura, es que esa canción retumbó dentro de mi estómago con una fuerza cual erupción volcánica.

Mi amiga dejó su celular grabando la escena. Más tarde, cuando terminamos el recorrido y vimos el video, nos dimos cuenta que algo sucedía con la imagen. Parecía que le habían puesto una especie de filtro. Cada que cantábamos, la imagen destellaba una luz blanca, que hacía que las orillas se distorsionaran. Como si alguna fuerza o un portal a una dimensión comenzara abrirse.

Recordamos las palabras de la abuela, y nos dimos cuenta de que quizá, en verdad habíamos abierto un portal. Pero tratamos de ponerle demasiado cerebro al asunto y continuamos con nuestra caminata.

El último punto de ese recorrido matutino, fue en un riachuelo. Ahí, me platicaba la abuela en mi visita anterior, que era la casa de las hadas. -Todas las hadas viven cerca del agua-, me dijo. En aquella ocasión, me había confesado ver, que en otra vida yo había sido un hada. La verdad es que no podría ni afirmar ni negarlo.

Nos sentamos cerca del agua y Venus, como buena mensajera, saca una bajara de tarot de su bolso. Cada una tomó una carta. Y ¡oh sorpresa!, la mía sale con el mensaje “Polvos de hadas para la manifestación”. Hablaba sobre como desde otras vidas, he conectado con esos seres, y que quizá, yo había sido una. Me quedé helada, pues coincidía con lo que antes me habían dicho. Bueno, a decir verdad, este tipo de cosas me hacen creer cada vez más en estas posibilidades.

Venus guió a cada una en una meditación. En ella, tuve una visión. Un hada se acercaba a mí y me pedía estar atenta a los mensajes que me darían, puesto que mi misión, era traducir sus mensajes y compartirlos en un lenguaje que fuera entendible. Que tenía la capacidad de comprender grandes lecciones y entonces así, ya digeridas, poder enseñarlas.

Justo después de mi visión, por supuesto, siguió mi mente analizándolo todo. ¿Será que lo estoy inventando? De ser así, debo decir que entonces mi ego está muy alzado para decir estas cosas. Si era verdad, y las hadas realmente me hablaban por medio de la meditación, lo que me decían parecía bastante retador. En cualquiera de esas dos opciones, mi reacción era de total rechazo. Fuera el ego o fueran las hadas, eso era un compromiso muy fuerte y no estaba segura de querer aceptar dicha misión.

Durante todo ese tiempo, un flaco y muy alto árbol, no paró de moverse. No entendía cómo es que se movía. No había nada de aire. Ningún otro árbol se movía. Es más, ese árbol estaba cubierto por otros aún más grandes. Recordé entonces la vez anterior que había estado ahí. Mi más grande lección, fue precisamente, con un arbolito. (Si no has escuchado aún el episodio de mi podcast titulado: “¿Te dejas sostener?”, te invito a que lo hagas para que conozcas esa anécdota con el arbolito). Quizá era una señal, o quizá trataba de encontrar algo que confirmara lo que sentía y vivía en esos momentos. 

En fin, regresamos de nuestro recorrido y nos pusimos a cocinar. La neblina se apoderó del lugar. Fue extraño. En los días anteriores la neblina solo duraba poco tiempo. Pero este día, se estacionó el resto de la tarde. Nunca había visto una neblina tan ligera y espesa al mismo tiempo.

Mientras comíamos, nos percatamos del gran silencio que había. Nunca había estado en un lugar con tanta calma. Nos quedamos un tiempo calladas para disfrutar de ese silencio taladrador.

Comencé a preguntarme si en verdad habíamos abierto un portal, quizá nos encontrábamos en una dimensión paralela y la neblina y el silencio tan solo eran la señal de que habíamos cambiado realidad.

Más tarde prendimos una fogata para terminar el festejo. Cantamos alrededor de ella y a un momento comenzó a apagarse. Parecía que solo las brazas se quedarían. Decidimos bailar alrededor de ella antes de que se extinguiera por completo, cerrando así nuestro día ritual. Venus nos invitó a recordar memorias de vidas pasadas. Al decir esto, de pronto el fuego se avivó. Parecía que le habían vertido combustible. La flama se alzó de forma impresionante. Nos quedamos totalmente atónitas sobre lo sucedido. -¿Será que somos brujas?- dijo. Quizá la memoria de alguna vida, -talvez nos quemaron por nuestros “poderes” o conocimientos-. Todas reímos, no por lo gracioso del comentario, sino porque en lo más profundo de nuestro ser, temíamos que esa afirmación fuera verdad.

Fui a dormir con eso en la cabeza. Muchas cosas extrañas habían sucedido. Quizá la mente hace malas jugadas y te hace ver cosas donde en realidad no las hay. Posiblemente el silencio y la desconexión se llevarían mi cordura. O tal vez, justo cuando te desconectas del mundo rutinario, es cuando puedes ver cosas que dejas pasar en la rapidez de la civilización. Si es que habíamos abierto un portal, me preguntaba si tenía las herramientas necesarias para sobrevivir a ese mundo desconocido.

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