70. Tú, siempre fuiste tú.

La semana pasada tuve la fortuna de experimentar situaciones realmente espectaculares. Seguramente la suma de todos los acontecimientos que me encontraba viviendo, dio como resultado dichas experiencias.

Entre los eclipses, que según la astrología traen consigo revelaciones que ya no pueden seguir ocultas, el cierre de mi práctica de los 40 días, mi regreso a clases de yoga kundalini, y una serie de meditaciones que me habían llevado a un completo estado hipnótico, pues mi alma por fin se dio el permiso de mostrarme verdades completamente mágicas.

Como te digo, todo esto me ha sucedido desde la semana pasada. Comenzó el detonante a mitad de mi sesión de mi queridísimo yoga Kundalini. Como es costumbre para mí, mi mente busca sacarme de mi estado meditativo a todo momento. Suele llevarme a momentos del pasado ó, a ocuparse de pendientes del futuro. Lo que sea para no estar realmente presente. Esto, déjame decirte si es que no estas habituado a meditar, es totalmente normal. El ejercicio real en la meditación, es regresar tu mente al presente una y otra y otra vez. Hay días que puedes mantenerte presente por largos ratos, otros, tan solo una fracción de segundos. Y sin juzgar, solo notas qué pasa en ese día.

Bueno, pues como te decía, a mitad de mi práctica, de pronto comenzaron a llegar a mi mente recuerdos del pasado. La verdad, en específico, recuerdos de momentos vividos con Cristi y momentos muy específicos que viví en mi tiempo en España (y que de alguna manera, yo relacionaba con Cristi también. )

Cuando me disponía a regresar mi mente al presente, me di cuenta que algo era distinto. No se trataba de un simple collage de recuerdos. De alguna manera, sentí que había viajado al pasado. No estaba recordando, ¡lo estaba viviendo nuevamente! Al mismo tiempo que estaba consciente de lo que hacía en mi clase de yoga, que podía ver mi tapete, mi cuerpo moverse con el ejercicio que nos encontrábamos realizando, podía escuchar la voz de mi maestra, también, podía ver el espacio en el que me encontraba en el pasado. Podía ver frente a mí,a Cristi, podía oler la comida que comíamos, podía sentir el calor que emanaba del calentador, podía escuchar el viento que rodeaba el edificio donde se encontraba su departamento.

Esto que te describo fue tan solo uno de los momentos a los que viajé. Pero sucedió lo mismo con cada uno de esos recuerdos que habitaban mi mente. Los podía estar experimentando nuevamente. Pero, con una particularidad completamente distinta al momento que los viví “por primera vez”, ahora, lo experimentaba consciente de que, al mismo tiempo, me encontraba viviendo otra situación en otro momento y en otro espacio.  Para ponerte un ejemplo visual. Era como un director de cámaras de televisión abierta. Tiene frente, varias pantallas en las que puede ver lo que cada cámara está grabando. Decide cuál es la que se transmite en vivo, decide en qué momento cambiar a otra toma. Unas son más lejanas, otras super cerca. Unas enfocan a un personaje, otras quizá enfocan objetos.

Lo mismo me sucedía. Era como tener este abanico frente a mí y podía elegir en cual enfocarme. Pero sabiendo, y sobre todo, sintiendo que todo sucedía al mismo instante. Ya antes había escuchado la teoría cuántica, pero nunca lo había experimentado.

Lo más sorprendente de todo, es que al mismo tiempo que podía estar viviendo nuevamente el momento, podía también ver cómo espectador. Digamos, podía estar dentro de mí, sintiendo todo, pero igual podía verlo como un tercero. Es decir, me veía a mí viviendo el momento. Algo loquísimo, pero que por alguna razón, me parecía completamente normal.

En términos cuánticos, el tiempo no se mide de la misma forma en la que solemos medirlo. Por lo tanto, efectivamente todo puede suceder al mismo tiempo. Pasado, presente, futuro, todo es en un mismo instante.

Eso no fue todo. Para mí, esta experiencia fue sumamente reveladora por una razón en específico. Recientemente te platicaba en otra entrada, cómo es que yo le atribuía ciertas cosas a Cristi. (si quieres refrescar tu memoria, puedes leer la entrada: “Esto no te pertenece”) Bueno, pues al regresar a estos momentos del pasado, me pude dar cuenta que esa sensación mágica, esas emociones emergentes de la nada, que yo sentí en esos momentos y que al no poder explicarlas, yo atribuía por completo a Cristi (al punto de llamarla mi alma gemela) no venían de ella, ¡venían de mí!

Como todo lo estaba experimentando al mismo tiempo, una sensación de completa calma y armonía, esa oleada inexplicable que sentí por ejemplo al desayunar junto a Cristi, tenía su explicación, no porque estar con ella me causara esa sensación inexplicable, sino mas bien, porque en ese mismo momento me encontraba en el “futuro” realizando una meditación profunda que me estaba causando esa sensación de calma. Aunque al mismo tiempo, esa sensación de armonía que sentía en la meditación, venía completamente relacionada a la paz que me daba estar desayunando con Cristi.

Por lo tanto, me di cuenta que el factor común era yo. Esas emociones inexplicables del pasado, eran completamente explicables. Mi yo del “futuro” estaba experimentando algo en ese mismo momento. Y lo que hoy puede parecer inexplicable, tiene su origen en una experiencia que me encuentro viviendo en otro momento.

Sonreí en mi interior al darme cuenta que todo venía dado por mí. Así que me miré fijamente, en cada uno de esos momentos que estaban completamente relacionados y me agradecí con todo mi corazón y me susurre: “Tú, siempre fuiste tú”

Un comentario en “70. Tú, siempre fuiste tú.

Replica a Horacio Solorio Alcantar Cancelar la respuesta