87. Cerrando ciclos

Momento de cierres. Todo alrededor parece indicarlo.  Como bien sabes, soy muy creyente de lo espiritual y holístico. En numerología, el 9 acompaña justamente los cierres de ciclos. Seguramente has escuchado, que nos encontramos en un año 9. (la suma de 2025=9).  También, cumplí 36 años que, sumado, son 9. Estamos en el mes 9 del año.  Vaya, incluso esta entrada se postea el día 9.

Por otro lado, acabamos de tener una luna llena con eclipse. Ya de por sí las lunas llenas marcan el cierre de ciclo lunar. Que, como sabemos, la luna en las mujeres tiene un gran efecto. Los eclipses por otra parte, también son símbolo de cierre. De esa sombra que permite hacer reflexión y justamente eliminar lo que ya no resuena.

Pues coincidencia o no, en este momento en mi vida, hay varias situaciones que se están terminando.  Esta semana me despido de mi puesto en la pista de hielo. Aunque aprendí mucho y el patinaje forma parte importante en mi vida, me di cuenta hace unos meses que era momento de moverme a otros espacios, otros proyectos. La verdad, el trabajo fijo, comenzó a ser la excusa perfecta para no aventurarme en mis propios proyectos. El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, me hacía aferrarme a ese trabajo. A veces, hay que cortar con esa red de seguridad, que más que salvarnos, nos mantiene alejados de la expansión.

En esa misma línea, decidí dar cierre a un proyecto que inició hace ya 10 años. Un documental, que fue mi mayor escuela en todo lo relacionado al cine. Aunque no logré llevarlo a la exhibición deseada, debo decir que me acompañó y enseñó por mucho tiempo. Es verdad que ya hace varios años, que no ocupa el 100 % de mi tiempo. Lo fuerte del trabajo sucedió al momento de la grabación y por supuesto, durante la edición del mismo. Sin embargo, hay que saber en qué momento soltar esos proyectos. Mi visión ya es bastante alejada de con la que inicié.

Hay proyectos, personas o situaciones que cuesta soltar.  A veces, nos engañamos diciendo que en realidad no le dedicas tiempo, y por lo tanto, no importa que permanezcan. La realidad, es que muchas veces es necesario reconocer que ya te supera. Que uno ya no tiene las ganas o motivación y por ende, lo más sano y humilde a hacer, es pasar la estafeta a quien lo llevará a buen puerto. También es bueno reconocer, cuando ya no te está sumando en nada. ¿A quién o a qué le dedicas energía, por poca que esta sea?

Liberar espacio. Lo hacemos todo el tiempo. Cada que visitamos el baño, liberamos espacio para poder comer la siguiente comida. Cuando limpiamos nuestros closets. Cuando borramos la papelera de la computadora o eliminamos aplicaciones, archivos y fotografías de nuestro celular, para poder tener espacio para otras nuevas.

Aunque aparentemente no estorban, están ahí, ocupando espacio. Muchas veces ni nos acordamos que lo tenemos. Pero, aunque seamos inconsciente de ello, energéticamente no damos ese espacio para lo nuevo.

Lo hemos escuchado muchas veces. Vaciar para llenar. Pero, ¿Realmente somos conscientes de qué tan llenos estamos?

Los proyectos que quiero emprender, en realidad no son nada nuevos. Han estado presentes en mi vida ya desde hace tiempo. Pero no han florecido. Ahora me he dado el tiempo de reflexionar y me doy cuenta que en realidad me encontraba llena. Llena de energía residual. Sí, todo eso que queda sin limpiar. Tras una relación que no dio un cierre claro (desde una amistad, una pareja o incluso un negocio que no se concretó), un proyecto que no concluyó; incluso un duelo, que aunque claro en su final, quizá no nos permitimos vivir completamente. Toda esa energía se va quedando almacenada y tarde o temprano, estorba.

Así que, aprovechando la energía y todas las señales que me guían a cerrar ciclos, me doy a la tarea de cerrar lo que ya no quiero que continúe. Liberarme, para ahora sí, tener espacio para lo nuevo.

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